Día 36 | Mateo 26
Mateo 26 marca el inicio de la Pasión de Cristo. Jesús está a pocas horas de ser arrestado, juzgado injustamente y crucificado. Este capítulo nos lleva desde la preparación de la Pascua hasta la negación de Pedro, y en él vemos cómo el plan redentor de Dios, anunciado desde siglos antes, se va cumpliendo con precisión. Todo apunta al momento decisivo: el sacrificio del Hijo de Dios para redimir a los pecadores.
1. Un anuncio que hiela el alma.
Jesús, por tercera vez, anuncia que será entregado para ser crucificado. Si hubiéramos estado allí, escuchar esto de Su propia boca nos habría estremecido. La cruz era la forma más cruel de muerte en manos de los romanos. Mientras tanto, los líderes religiosos, hombres supuestamente consagrados a Dios, se reunían para conspirar cómo matarlo. ¿Cómo es posible? Porque no creían en Jesús, no reconocían al Mesías anunciado en las …
Mateo 26 marca el inicio de la Pasión de Cristo. Jesús está a pocas horas de ser arrestado, juzgado injustamente y crucificado. Este capítulo nos lleva desde la preparación de la Pascua hasta la negación de Pedro, y en él vemos cómo el plan redentor de Dios, anunciado desde siglos antes, se va cumpliendo con precisión. Todo apunta al momento decisivo: el sacrificio del Hijo de Dios para redimir a los pecadores.
1. Un anuncio que hiela el alma.
Jesús, por tercera vez, anuncia que será entregado para ser crucificado. Si hubiéramos estado allí, escuchar esto de Su propia boca nos habría estremecido. La cruz era la forma más cruel de muerte en manos de los romanos. Mientras tanto, los líderes religiosos, hombres supuestamente consagrados a Dios, se reunían para conspirar cómo matarlo. ¿Cómo es posible? Porque no creían en Jesús, no reconocían al Mesías anunciado en las Escrituras. Su religión era externa, vacía, endurecida.
Hoy también podemos caer en la religiosidad sin conocer verdaderamente al Salvador. Dios no busca rituales, sino relación. Nos llama al arrepentimiento y a la fe para restaurar la comunión perdida en el Edén, y esto solo es posible a través del puente que Cristo tendió con Su cruz.
2. La adoración sin reservas de una mujer.
En medio de tanta traición y rechazo, un rayo de luz brilla en Betania. Una mujer —que Juan identifica como María, la hermana de Lázaro— unge a Jesús con un perfume costoso. No le importó irrumpir en la cena ni las críticas. Su acto fue de total entrega, un reconocimiento del valor supremo de Cristo. Jesús mismo dijo: «Al derramar ella este perfume sobre Mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura», reconociendo su muerte como algo inminente.
Este fue un acto profético y de adoración sincera. ¿Estás tú dispuesta a derramar tu «perfume», lo más valioso que posees, como expresión de entrega total a tu Señor?
3. El contraste de la traición.
Judas, uno de los doce, conspira con los principales sacerdotes para entregar a Jesús por unas monedas. Aunque la soberanía de Dios estaba obrando —pues desde antes de la fundación del mundo había sido determinado que Cristo moriría—, Judas es plenamente responsable por su pecado. Mateo nos recuerda este misterio: Dios es soberano, pero el hombre sigue siendo responsable.
Como dice Romanos 9:20: «¿Quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios?».
4. El nuevo pacto en Su sangre.
En la celebración de la Pascua, Jesús instituyó la Cena del Señor. Tomó el pan y el vino, símbolos que representaban Su cuerpo entregado y Su sangre derramada por muchos para el perdón de pecados.
La Santa Cena es un acto de memoria, comunión y esperanza. Recordamos el sacrificio, participamos como cuerpo de Cristo y anticipamos Su regreso glorioso.
¿Anticipas el regreso de Cristo? ¿Lo anhelas con gozo?
5. La sumisión perfecta en Getsemaní.
Después de la cena, Jesús va con Sus discípulos al huerto de Getsemaní. Lleva consigo a Pedro, Jacobo y Juan, los mismos del monte de la transfiguración. Allí, en un momento de profunda agonía, Jesús ora al Padre. En su humanidad, pide que, si es posible, pase de Él esa copa amarga. Sin embargo, termina con esta declaración gloriosa de obediencia: «Pero no sea como yo quiero, sino como Tú quieras».
¡Qué ejemplo para nosotras! Si Jesús, siendo Dios, oró para fortalecerse en medio del sufrimiento, ¿cuánto más necesitamos nosotras la oración diaria? No pequemos de autosuficiencia. Acerquémonos confiadamente al trono de gracia, sabiendo que Cristo intercede por nosotras.
¿Tienes una «copa» difícil en tus manos? Preséntala a tu Padre con humildad, y pídele un corazón rendido para decir: «Hágase Tu voluntad y no la mía».
6. Dios no necesita que lo defendamos.
Cuando vinieron a arrestar a Jesús, Pedro sacó su espada. Pero Jesús lo detuvo: «¿O piensas que no puedo rogar a Mi Padre, y Él pondría a Mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles?».
¡Qué recordatorio! Dios no necesita defensa humana. Su Palabra es suficiente. Nuestra responsabilidad no es pelear por Dios, sino ser fieles en vivir y proclamar Su verdad. Él es nuestro Defensor, no al revés.
7. La debilidad humana y la gracia de Dios.
Pedro, quien juró que nunca abandonaría a Jesús, lo negó tres veces antes de que cantara el gallo. ¡Qué dolor tan profundo sintió al recordar las palabras de su Maestro!
Esto nos muestra cuán frágiles somos. En momentos de presión, todas somos capaces de negar a Cristo. Que esta realidad nos lleve a orar por fidelidad, humildad y dependencia diaria. Que Dios nos halle firmes, sin amar más nuestras vidas que a nuestro Salvador.
Mateo 26 nos lleva al umbral del sacrificio de Jesús. Nos confronta con Su obediencia, Su amor, Su entrega, y también con nuestra necesidad. Que al meditar en este capítulo, el Espíritu Santo ensanche nuestros corazones para amar más a nuestro Salvador, rendirnos con más profundidad a Su voluntad, y vivir cada día con la mirada puesta en Su cruz y en Su retorno.
«Porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados». – Mateo 26:28
Para meditar
- ¿Cómo te lleva la sumisión de Cristo a amarle más profundamente?
- ¿Qué estás reteniendo que deberías derramar a Sus pies en adoración?
- ¿Estás lista para decir: «Hágase Tu voluntad y no la mía»?
- ¿Estás anhelando y anticipando Su regreso glorioso?
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