Día 38 | Salmos 21 y 22
Salmo 21
En el Salmo 20, el pueblo clama por su rey antes de la batalla. En el Salmo 21, alaban juntos a Dios porque Él ha respondido. Es un canto de gratitud por la victoria, un recordatorio poderoso de que Dios escucha las oraciones de Su pueblo y obra con poder.
David reconoce que el Señor le ha dado todo lo que pidió: «Oh Señor, en Tu fortaleza se alegrará el rey, ¡y cuánto se regocijará en Tu salvación! Tú le has dado el deseo de su corazón, y no le has negado la petición de sus labios». Esta es la clase de gozo que brota de una vida que ora con fe, espera con esperanza y responde con alabanza.
Dios no solo escucha, sino que bendice abundantemente: «Le sales al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino colocas en su …
Salmo 21
En el Salmo 20, el pueblo clama por su rey antes de la batalla. En el Salmo 21, alaban juntos a Dios porque Él ha respondido. Es un canto de gratitud por la victoria, un recordatorio poderoso de que Dios escucha las oraciones de Su pueblo y obra con poder.
David reconoce que el Señor le ha dado todo lo que pidió: «Oh Señor, en Tu fortaleza se alegrará el rey, ¡y cuánto se regocijará en Tu salvación! Tú le has dado el deseo de su corazón, y no le has negado la petición de sus labios». Esta es la clase de gozo que brota de una vida que ora con fe, espera con esperanza y responde con alabanza.
Dios no solo escucha, sino que bendice abundantemente: «Le sales al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino colocas en su cabeza», dice el versículo 3. La victoria no es fruto del mérito humano, sino del favor divino. Aquí David reconoce que su reinado, su honor y su victoria provienen únicamente del Señor.
MacArthur señala que este salmo refleja una estructura claramente real y profética: mientras celebra los logros del rey David, también apunta hacia el Rey por excelencia, el Mesías, cuya victoria sería definitiva y eterna.
Cuando oramos con fe, reconociendo que Dios escucha y responde, entonces —como David— podemos decir de todo corazón: Oh, Señor, Tú me has dado el deseo de mi corazón, y no has negado la petición de mis labios... Cantaré y alabaré Tu poder (paráfrasis de los vv. 2 y 13).
El Salmo 21 también nos recuerda que la victoria no es un fin en sí mismo, sino una oportunidad para adorar al Dios que la concede. ¿Eres tan diligente para alabar como lo eres para pedir? ¿Te tomas el tiempo de regresar y dar gloria a Dios?
Salmo 22
El salmo 22 es uno de los salmos proféticamente más ricos en relación con Cristo. A pesar de surgir de una profunda aflicción personal de David —posiblemente durante la persecución de Saúl o el conflicto con Absalón—, el lenguaje y las imágenes que emplea van mucho más allá de su experiencia inmediata. Es por eso que se le reconoce como un salmo profético con claras referencias mesiánicas, o como lo describe MacArthur, un salmo de profecías mesiánicas.
El Salmo 22 es conocido como un salmo mesiánico. Existen un poco más de 30 referencias a este salmo en el Nuevo Testamento, y en este en particular porque trata sobre el sufrimiento del Mesías, quien venía a sufrir por el pecado. Los Salmos 22 y 69 describen con mayor detalle ese sufrimiento: padecería burlas, sería traspasado y su ropa sería sorteada. Aunque Cristo sufrió la angustia de ser abandonado por Dios, también fue exaltado.
David en aflicción… Cristo en la cruz
David comienza con un grito desgarrador: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», una expresión honesta de angustia y sentimiento de abandono. Estas palabras serían pronunciadas también por Cristo en la cruz (Mateo 27:46), en el momento más oscuro de Su sufrimiento redentor.
El salmo describe la experiencia del sufriente con una precisión que no se ve en ningún otro texto del AT. Estas son algunas de las profecías mesiánicas cumplidas en Jesús:
- Cristo sería desamparado en su agonía (ver Mateo 27:46).
- Sería objeto de escarnio y ridículo (ver Mateo 27:39–43).
- Sus manos y pies serían perforados (ver Juan 20:25–27).
- Echarían suertes sobre su ropa (ver Juan 19:23–24).
Aunque en primera instancia David habla de sí mismo, el Espíritu Santo lo inspiró para hablar del Mesías sufriente. Su lenguaje poético se vuelve profético.
De la cruz a la gloria: la estructura del salmo
El salmo tiene una clara división:
- Versículos 1–21a: Clamor de dolor, abandono y sufrimiento.
- Versículos 21b–31: Transición hacia la alabanza, victoria y exaltación.
En esta segunda mitad, David, y Cristo por cumplimiento, declara que Dios ha escuchado su oración. De hecho, este salmo es el primero de una trilogía maravillosa:
- Salmo 22: El Salvador sufriente.
- Salmo 23: El Pastor que guía.
- Salmo 24: El Rey de gloria.
Valorar lo que significó ese sufrimiento de Cristo en la cruz que nos describe el Salmo 22 nos ayuda a ver y saborear mejor el Salmo 23, a conocer a ese Buen Pastor que dio Su vida por Sus ovejas.
Este salmo nos lleva a meditar profundamente:
- ¿Reconocemos lo que Cristo sufrió por nosotros?
- ¿Reflejan nuestras vidas que servimos a un Dios que es Salvador, Pastor y Soberano?
David cierra con una visión gloriosa:
«La posteridad le servirá, esto se dirá del Señor hasta la generación venidera. Vendrán y anunciarán Su justicia; a un pueblo por nacer, anunciarán que Él ha hecho esto».
Sí, Él lo ha hecho. ¡Consumado es!
Para meditar
- ¿Has considerado con gratitud lo que costó tu salvación?
- ¿Cómo te ayuda este salmo a confiar en Dios cuando sientes que Él guarda silencio?
- ¿Reconoces que el sufrimiento de Cristo es también tu refugio, tu consuelo y tu ejemplo?
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