Día 39 | Salmos 23 y 24
Salmo 23
El Salmo 23 no es solo uno de los pasajes más conocidos de la Biblia; es también uno de los más profundamente personales. Es el testimonio íntimo de David, un hombre que conocía tanto los valles oscuros como las verdes praderas. Escrito posiblemente en sus años de madurez, quizás durante la rebelión de Absalón, este salmo revela la confianza inquebrantable de David en el carácter y el cuidado de Dios.
Aunque es ampliamente recitado incluso fuera del ámbito cristiano, en funerales, arte y cultura popular, es importante recordar que estas promesas no aplican a todos por igual. El salmista habla desde una relación de pacto con Dios. Este salmo es para las ovejas del Buen Pastor, aquellas que han sido redimidas por Cristo, escuchan Su voz y le siguen.
Este poema, tan familiar y amado, forma parte de una trilogía profundamente cristológica:
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Salmo 23
El Salmo 23 no es solo uno de los pasajes más conocidos de la Biblia; es también uno de los más profundamente personales. Es el testimonio íntimo de David, un hombre que conocía tanto los valles oscuros como las verdes praderas. Escrito posiblemente en sus años de madurez, quizás durante la rebelión de Absalón, este salmo revela la confianza inquebrantable de David en el carácter y el cuidado de Dios.
Aunque es ampliamente recitado incluso fuera del ámbito cristiano, en funerales, arte y cultura popular, es importante recordar que estas promesas no aplican a todos por igual. El salmista habla desde una relación de pacto con Dios. Este salmo es para las ovejas del Buen Pastor, aquellas que han sido redimidas por Cristo, escuchan Su voz y le siguen.
Este poema, tan familiar y amado, forma parte de una trilogía profundamente cristológica:
- Salmo 22: El Salvador – Cristo como el Buen Pastor que entrega Su vida por las ovejas.
- Salmo 23: El Pastor – Cristo como el Gran Pastor que guía y cuida a Sus ovejas (Hebreos 13:20).
- Salmo 24: El Soberano – Cristo como el Príncipe de gloria, el Jefe de pastores que regresará.
David conocía la fragilidad de las ovejas, eran indefensas, dependientes y propensas a extraviarse, y se reconocía a sí mismo como una de ellas. Por eso, con profundo gozo y seguridad, podía afirmar: «El Señor es mi Pastor».
Este no es un salmo sobre la muerte, aunque incluya el valle de sombra. Es un salmo sobre la vida con Dios, sobre el caminar diario con un Pastor fiel que no solo guía, sino que está íntimamente involucrado en cada estación de nuestra existencia. Como explica Nancy DeMoss:
«El Salmo 23 cubre cada etapa de la vida, desde la conversión hasta la muerte, y más allá. Nos muestra que en todas las cosas, el Pastor está allí. Si Él no es tu Pastor, este salmo no es para ti. Pero si lo es, ¡qué consuelo tan profundo ofrece!».
Claves del Salmo 23
- Relación personal e inquebrantable – «El Señor es mi Pastor…». No basta con saberlo intelectualmente. ¿Es tuyo? ¿Lo sigues? Jesús dijo: «Mis ovejas oyen mi voz, Yo las conozco, y me siguen» (Jn. 10:27).
- Cuidado integral – Pastos verdes, aguas de reposo, restauración del alma, dirección justa. Él provee lo que necesitamos, no lo que anhelamos por capricho.
- Compañía constante en el valle – El versículo 4 es central: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo». Su presencia es el consuelo, no la ausencia del dolor.
- Esperanza eterna – «Y en la casa del Señor moraré por largos días». El viaje con el Pastor no termina en el valle. Su bondad y misericordia nos persiguen cada día hasta llevarnos a casa.
Somos bienaventuradas por tener a este Pastor
En esta vida, puedo decir que el bien y la misericordia me siguen todos los días de mi vida, aunque parte de mi vida tenga que pasar por el valle de sombra de muerte que el salmista menciona en el versículo 4. Porque todas las cosas cooperan para bien para aquellos que aman a Dios y son llamados conforme a Su propósito.
Ten ánimo, no importa cuán oscuro sea ese valle por el que estás pasando, puedes decir con toda confianza que tu Buen Pastor está contigo y te está colmando de Su bien y Su misericordia. Está formando la imagen de Su Hijo en ti, trabajando con tu carácter, preparándote para la eternidad y obrando todas las cosas para la gloria de Su Nombre.
Y cuando llegue el momento de atravesar este valle final, entonces la última línea del salmo se sumará a lo anterior y será nuestra porción: en la casa del Señor moraré por largos días. Recibe aliento con esas palabras. El valle puede parecer eterno, una noche larga y oscura; pero a la mañana vendrá el grito de alegría. Aquí, el bien y la misericordia; por la eternidad, en la casa de mi Padre, mi Buen Pastor, disfrutando de delicias a Su diestra para siempre.
Salmo 24
Hoy en día la humanidad se está volviendo cada vez más necia, las personas quieren hacer lo que dictan sus emociones y acallan sus conciencias justificando que el pecado no es tan malo como parece. Vivir una vida desenfrenada solo trae destrucción. El Salmo 24 corona la trilogía mesiánica que inició con el sufrimiento del siervo en el Salmo 22 y la confianza en el Pastor en el Salmo 23. Aquí, el tono cambia: se alza una proclamación majestuosa. Dios es Rey. Dios es Soberano. Dios es Santo. Y solo los puros de corazón pueden presentarse ante Él.
Desde el principio, David establece la autoridad universal de Dios:
«Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y los que en él habitan».
Este es un Dios que no responde a las emociones humanas, ni se somete a la cultura cambiante. Él creó, Él sostiene y Él gobierna. Como señala MacArthur, este versículo introduce «el derecho de posesión y dominio de Dios sobre toda la creación». James Hamilton lo expresa así: «El Rey viene a reclamar lo que ya le pertenece».
Hoy en día, el ser humano intenta subirse al trono que solo a Dios le corresponde. Rechaza los estándares divinos y redefine el bien y el mal a su antojo. Pero el Salmo 24 detiene esa arrogancia con una pregunta solemne: «¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién podrá estar en Su lugar santo?».
Es la misma pregunta que aparece en el Salmo 15. David conecta el acceso a la presencia de Dios con la pureza moral, la integridad y el temor reverente. No se trata de legalismo, sino de reflejar la santidad de Dios en quienes afirman pertenecerle.
Haz la prueba: compara ambos salmos y haz una lista de los rasgos que definen a quien desea habitar con Dios. Verás que no basta con asistir a un lugar santo o decir que creemos. Se requiere un corazón limpio, manos puras y una vida que no se deja llevar por la falsedad.
La esperanza del justo no está en sí mismo
Delante de un Dios tres veces santo no puede haber ni una gota de pecado. Si dependiera de nuestra justicia, nadie podría ascender a Su monte. Pero el salmo nos da esperanza:
«Tal es la generación de los que lo buscan, de los que buscan Tu rostro, como Jacob».
¿Recuerdas a Jacob? Engañador, luchador, pecador. Pero Dios lo transformó, lo quebrantó y lo hizo adorador. Esa es nuestra esperanza: Jesucristo, el Rey de gloria, ha abierto el camino. Él es el justo que subió al monte del Señor por nosotros.
Cuando dice:
«Álcense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria»,
está anticipando la entrada triunfal del Mesías, y a la vez, proyectando hacia la segunda venida de Cristo. Él es el fuerte y valiente, el Rey glorioso, el Señor de los ejércitos, y viene a establecer Su reino con justicia.
No puedes entrar al Reino si no reconoces que estás fuera por tu pecado. Este salmo debe llevarnos a arrepentirnos, a buscar el rostro de Dios con sinceridad y a mirar a Cristo como el único que puede presentarnos ante el Padre como aceptables.
Preguntas para meditar
- ¿De qué maneras has visto la provisión del Buen Pastor en tu vida últimamente?
- ¿Puedes decir con certeza que el Señor es tu Pastor? ¿Escuchas Su voz y le sigues?
- ¿Has reconocido que el Señor es el dueño de tu vida y de todo lo que posees?
- ¿Tu andar refleja manos limpias y un corazón puro?
- ¿Estás preparada para el día en que el Rey de gloria regrese? ¿O vives como si ese día nunca llegara?
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