Día 43 | Marcos 3
En este capítulo, Marcos sigue respondiendo a la pregunta, ¿quién es Jesús? El autor nos describe cómo los demonios afirmaban «Tú eres el Hijo de Dios», y ante tal declaración, Jesús les advertía que no revelaran Su identidad. Vemos cómo la oposición a Jesús y Su ministerio seguían creciendo, y a su vez, las multitudes que creían en Jesús y le seguían, aumentaban. Para este punto, el autor está marcando una transición: la tensión con los líderes religiosos se intensifica, y Jesús empieza a formar el núcleo cercano con Su comunidad de discípulos.
Conflicto y autoridad de Jesús
El capítulo abre relatando un milagro más de Jesús. En este caso, Él estaba en la sinagoga en un día de reposo y también estaba en ese lugar un hombre con la mano seca. Los fariseos observaban a Jesús para ver si Él obraría un milagro en el día de …
En este capítulo, Marcos sigue respondiendo a la pregunta, ¿quién es Jesús? El autor nos describe cómo los demonios afirmaban «Tú eres el Hijo de Dios», y ante tal declaración, Jesús les advertía que no revelaran Su identidad. Vemos cómo la oposición a Jesús y Su ministerio seguían creciendo, y a su vez, las multitudes que creían en Jesús y le seguían, aumentaban. Para este punto, el autor está marcando una transición: la tensión con los líderes religiosos se intensifica, y Jesús empieza a formar el núcleo cercano con Su comunidad de discípulos.
Conflicto y autoridad de Jesús
El capítulo abre relatando un milagro más de Jesús. En este caso, Él estaba en la sinagoga en un día de reposo y también estaba en ese lugar un hombre con la mano seca. Los fariseos observaban a Jesús para ver si Él obraría un milagro en el día de reposo y tener así de qué acusarle.
Entonces, Jesús les hace una pregunta: «¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar?», ellos, ante tal pregunta, guardaron silencio. Como contexto, debes saber que los fariseos y muchos judíos habían añadido al día de reposo «reglas de hombres». Con el paso del tiempo, habían agregado sus propias cláusulas al mandamiento que se les dio en la ley de Moisés sobre guardar el día de reposo.
Como ellos callaron ante la pregunta de Jesús, Él procedió a responder Su propia pregunta, llevando a cabo el milagro en la sinagoga en el día de reposo. Y puedes observar el corazón de Jesús ante la dureza de los corazones de aquellos que estaban presentes, Él se enojó y se entristeció. Jesús revelaba que hacer el bien no puede estar limitado por legalismos humanos, ni por reglas de hombres.
«Pero cuando los fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar con los herodianos en contra de Jesús, para ver cómo lo podrían destruir». Ante la enseñanza de Jesús, los fariseos fueron completamente ciegos, y en lugar de reaccionar, se juntaron con los herodianos, un grupo político con el cual realmente no compaginaban, pero que, en este caso, les convenía tramar con ellos la destrucción de Jesús. La revelación ante los fariseos de quién era Él, trajo oposición.
Las multitudes que siguen a Jesús
Por otro lado, seguimos leyendo los versículos 1 al 12 y notamos un contraste. Estaban también las multitudes que seguían a Jesús desde diferentes ciudades, «una gran multitud, que al oír todo lo que Jesús hacía, vino a Él», dice el versículo 8. Entre ellos estaban aquellos endemoniados que, al ver a Jesús, caían delante de Él y decían: «Tú eres el Hijo de Dios», declarando así abiertamente la identidad de Jesús, pero Él les advertía que no hicieran tales declaraciones. ¿No es interesante? Aquellos escribas y fariseos que, por conocer las Escrituras, pudieron haber declarado de Jesús «Tú eres el Hijo de Dios», no lo hacían, pero aquellos del reino enemigo, del mundo de tinieblas, sí lo hacían.
Jesús elige a Sus 12 discípulos
Tenemos aquí el relato según Marcos de cuando Jesús elige a los 12 como una comunidad representativa del nuevo pueblo de Dios, en contraste con el liderazgo religioso de Israel que encontramos en los versículos 1 al 6 y 20 al 30. Esta elección también marca el inicio de una misión apostólica que continuará después de Su resurrección (Hch. 1:8).
El pecado imperdonable
Había unos escribas que descendieron de Jerusalén y seguramente habían escuchado cómo muchas personas habían sido liberadas de demonios por Jesús. Ante ello, afirmaban que Él «expulsaba los demonios por medio del príncipe de los demonios». Con esto, los escribas estaban atribuyendo la obra de Jesús al poder de Satanás.
Jesús, entonces, les respondió con una advertencia seria sobre blasfemar contra el Espíritu Santo, es decir, rechazar de manera deliberada, consciente y persistente la obra del Espíritu que da testimonio de Cristo. Este pecado imperdonable es el endurecimiento total del corazón ante la gracia, y nos advierte del peligro de la incredulidad obstinada.
La madre y los hermanos de Jesús
El capítulo cierra con la madre y los hermanos de Jesús viniendo a buscarlo a aquella casa en la que estaban reunidos. Ellos habían escuchado que en aquella casa una multitud tan grande se había juntado, al punto de que Jesús y Sus discípulos no podían comer. Sus propios familiares pensaban que «estaba fuera de sí», y trataron de detenerlo. Esto nos muestra cómo incluso los más cercanos a Jesús pueden malinterpretar Su misión.
Al final del capítulo, Jesús redefine quiénes son Su verdadera familia: «Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es Mi hermano, y hermana y madre». Ser parte del pueblo de Dios no se basa en vínculos sanguíneos, sino en la obediencia a la voluntad del Padre.
Para meditar:
- ¿Has reconocido la identidad de Jesús como el Hijo de Dios?
- ¿Qué diferencia hace esto en cómo vivirás tu día el día de hoy?
- ¿Vivirás este día creyendo que Dios es el Rey de tu vida o creyendo que eres tú la que gobierna tu día?
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