Día 6 | Mateo 4
Continuando con nuestro plan de lectura, hoy estaremos reflexionando en Mateo capítulo 4.
La tentación de Jesús
Mateo 4 inicia así: «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo».
Justo después de Su bautismo, después de que leemos cómo el Espíritu Santo vino sobre Jesús, nos encontramos con que este mismo Espíritu le lleva al desierto con un propósito: «para ser tentado por el diablo». Cabe resaltar que esta tentación no es accidental ni tampoco podemos decir que es satánica en su origen, antes bien, el Espíritu mismo es quien condujo a Jesús al desierto.
Tener este pasaje, amada, es un ánimo para la vida de cada creyente. Vemos que la tentación ocurre justo después de haberse afirmado la identidad de Jesús: el Hijo amado en quien Dios se complace, y a pesar de tener esta identidad, no está …
Continuando con nuestro plan de lectura, hoy estaremos reflexionando en Mateo capítulo 4.
La tentación de Jesús
Mateo 4 inicia así: «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo».
Justo después de Su bautismo, después de que leemos cómo el Espíritu Santo vino sobre Jesús, nos encontramos con que este mismo Espíritu le lleva al desierto con un propósito: «para ser tentado por el diablo». Cabe resaltar que esta tentación no es accidental ni tampoco podemos decir que es satánica en su origen, antes bien, el Espíritu mismo es quien condujo a Jesús al desierto.
Tener este pasaje, amada, es un ánimo para la vida de cada creyente. Vemos que la tentación ocurre justo después de haberse afirmado la identidad de Jesús: el Hijo amado en quien Dios se complace, y a pesar de tener esta identidad, no está excluido de la prueba, antes bien, esta viene después de que Su identidad fuera afirmada.
Muchas personas buscan a Jesús porque creen que ser seguidores de Cristo les librará de todos sus problemas aquí en la tierra, y al darse cuenta de que no es así, se alejan decepcionados. Sin embargo, todo aquel en quien el Espíritu de Dios ha reposado dándole una nueva identidad, puede descansar en que, a pesar del desierto, Él está presente: «En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo» (Juan 16:33b).
Viendo ahora con más detalle la tentación en sí, ¿notaste en qué momento Jesús es tentado? Sucedió justo antes de iniciar Su ministerio. Nos dice la Palabra que al pasar 40 días y 40 noches, Jesús tuvo hambre, y después de eso, fue tentado por Satanás con tres tentaciones. Ante estas, Jesús respondía a Satanás con la Palabra: «Escrito está». Veamos cada una de ellas.
Tentación 1 – Convertir las piedras en pan. Esta tentación suele relacionarse con los deseos de la carne. Jesús tiene hambre y Satanás lo tienta diciéndole: «Ordena que estas piedras se conviertan en pan». Jesús responde con la Escritura citando Deuteronomio 8:3.
Tentación 2 –Lanzarse desde el templo. Esta tentación suele relacionarse con la manipulación de la voluntad de Dios con una fe falsa. Es interesante notar que Satanás en esta ocasión también citó la Palabra usando el Salmo 91:11-12. Jesús contradice su tentación citando Deuteronomio 6:16.
Tentación 3 – Postrarse en adoración a Satanás. El diablo ya tenía el control de los reinos del mundo (Efesios 2:2) y ahora estaba ofreciendo a Jesús estos reinos a cambio de Su lealtad y adoración a él. Ante esto, Jesús le respondió con Deuteronomio 6:13.
¡Jesús venció la tentación con el poder de la Palabra de Dios! Y es interesante que lo hizo citando pasajes de Deuteronomio, esto hace una conexión con Israel en el desierto. Podemos entonces ver que, ante la infidelidad de Israel en el desierto donde fracasaron por desobedecer a Dios y caer ante las tentaciones del enemigo, ahora Cristo, el verdadero Israel, fue fiel a Su Padre. Él venció como el Hijo obediente no usando poder divino, sino como un hombre lleno del Espíritu de Dios, arraigado a Su Palabra.
Jesús inicia Su ministerio
Pasemos ahora a ver los inicios del ministerio de Jesús. Te animo a leer nuevamente Mateo 4:14-16. Ahora leamos juntas, Isaías 9:1-2:
Pero no habrá más melancolía para la que estaba en angustia. Como en tiempos pasados, Él trató con desprecio a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, pero después la hará gloriosa por el camino del mar al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos.
Y así como fue luz en ese momento en Galilea, también el día de hoy es luz para todo el que cree en Él como Hijo de Dios. Jesucristo es la luz que necesitamos en nuestras vidas. Nos debemos acercar a Él en reconocimiento de que Él mismo es luz, es guiador de Su pueblo, y todo aquel que en Él cree, no se pierde, sino que tendrá vida eterna (Juan 3:16). Más adelante, en los versículos 6 y 7 de Isaías 9, podemos ver cómo el profeta escribía sobre un Rey que gobernaría con justicia. Este Rey justo también había sido manifestado en Cristo.
¿Y notaste a qué ciudad llegó a predicar para iniciar Su ministerio? Galilea de los gentiles. Una región que era despreciada por los judíos viene a ser el punto de partida del ministerio de Jesús, lo cual nos da un anticipo de la inclusión futura que tendrían los gentiles. ¡Qué regalo poder ver al Señor en cada detalle!
Llamado de los primeros discípulos
Jesús llama a Simón Pedro y a Andrés, su hermano, y les dice: «Vengan en pos de Mí, y Yo los haré pescadores de hombres». ¿Su respuesta? «… dejando al instante las redes, lo siguieron». Y luego llama a Jacobo y a Juan, su hermano. Al llamarlos, ellos dejaron al instante la barca y a su padre, y lo siguieron. Entre las cosas que Mateo nos está destacando está la autoridad de la voz de Jesús sobre aquellos a quienes Él llama. Esto me hizo recordar el salmo 29, mira lo que dicen los versículos 4-5 y 7-9:
La voz del Señor es poderosa, la voz del Señor es majestuosa. La voz del Señor rompe los cedros; sí, el Señor hace pedazos los cedros del Líbano… La voz del Señor levanta llamas de fuego. La voz del Señor hace temblar el desierto; el Señor hace temblar el desierto de Cades. La voz del Señor hace parir a las ciervas y deja los bosques desnudos, y en Su templo todo dice: «¡Gloria!».
La autoridad de Dios es incomparable, Su voz es poderosa y para descanso de todos aquellos que han puesto su fe en Jesús, esta también tiene autoridad sobre ellos, y esto es bueno.
Otra cosa que se destaca de esta porción es cómo el llamado al discipulado implica dejarlo todo inmediatamente, hacer esto cuando entregamos nuestra vida a Cristo marca el inicio de una vida completamente nueva. Fue así para los discípulos, y es así para cada persona que pone su fe en Jesús.
Para meditar:
- ¿Has creído en Jesús como el Mesías prometido?
- ¿Qué te asombra hoy del carácter de Dios al ver las profecías cumplidas en Cristo?
- ¿Cuál es tu actitud ante los desiertos que Dios presenta en tu vida? ¿Meditas en la Palabra y te propones conocer a tu Padre de tal modo que cuando viene la tentación respondes con las armas que te ha dado el Señor a través de Su Palabra?
- Cuando te encuentras con la santidad de Dios, ¿cuál es tu reacción? Cuando Dios hace milagros en tu vida, ¿tienes una actitud de rendición y agradecimiento?
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