Día 7 | Mateo 5
Cerramos el capítulo 4 de Mateo leyendo que una gran multitud de personas comenzaban a seguir a Jesús; Su fama se había extendido por toda Siria, y ahora, gente de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán comenzaron a seguirle.
Jesús, entonces, al ver la gran multitud de personas, subió a un monte y, sentándose, comenzó a enseñarles. Si tu Biblia tiene las palabras de Jesús destacadas en rojo, notarás que todo el capítulo, a excepción del versículo 1, son palabras de Jesús. Esta es una enseñanza que viene directamente de Su boca, ¿no es maravilloso? ¡Sus palabras son maravillosas!
Así que, abrimos el capítulo del famoso Sermón del monte, iniciando con las bienaventuranzas, las cuales encontramos en Mateo 5:3–12. Estas bienaventuranzas son clave para entender el carácter del reino de Dios. Jesús describe que los verdaderos bienaventurados son los pobres, los que lloran, …
Cerramos el capítulo 4 de Mateo leyendo que una gran multitud de personas comenzaban a seguir a Jesús; Su fama se había extendido por toda Siria, y ahora, gente de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán comenzaron a seguirle.
Jesús, entonces, al ver la gran multitud de personas, subió a un monte y, sentándose, comenzó a enseñarles. Si tu Biblia tiene las palabras de Jesús destacadas en rojo, notarás que todo el capítulo, a excepción del versículo 1, son palabras de Jesús. Esta es una enseñanza que viene directamente de Su boca, ¿no es maravilloso? ¡Sus palabras son maravillosas!
Así que, abrimos el capítulo del famoso Sermón del monte, iniciando con las bienaventuranzas, las cuales encontramos en Mateo 5:3–12. Estas bienaventuranzas son clave para entender el carácter del reino de Dios. Jesús describe que los verdaderos bienaventurados son los pobres, los que lloran, los humildes, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los que procuran la paz, los que han sido perseguidos tal como lo fueron los profetas.
Cuando uno lee estas palabras y estas características, es imposible no notar lo radicales y contraculturales que son. Las bienaventuranzas presentan una visión del carácter y la bendición divina que va en dirección opuesta a los valores predominantes de nuestra sociedad. Hoy, en el mundo, se exalta la autosuficiencia y el éxito económico como sinónimos de valor personal, se evita el sufrimiento a toda costa, se persigue una felicidad superficial separada de Cristo y, en muchos casos, se normaliza el conflicto y la violencia.
Nos damos cuenta de que de muchas maneras nos quedamos cortos con el estándar de aquellos a quienes Jesús llama bienaventurados, y quien sí cumple con el estándar es Jesús mismo. Él es el modelo del bienaventurado.
Después de las bienaventuranzas, Jesús comienza a hablar de cómo el que le sigue es sal de la tierra y luz del mundo. Este pasaje es clave, pues Jesús está conectando la identidad del creyente con su misión, con su impacto visible en el mundo. Les dice: «Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo», y tanto la sal como la luz tienen una función muy específica y evidente, al grado de que si quitas estos elementos, algo se pierde completamente.
Jesús es el cumplimiento de la ley
«No piensen que he venido para poner fin a la ley o a los profetas;
no he venido para poner fin, sino para cumplir». -Mateo 5:17
Me encanta que Cristo menciona esta hermosa realidad. No sabemos lo que pensaba la multitud que lo escuchaba mientras hablaba, pero sabemos que el Señor conoce lo que hay en el corazón del hombre (Jn. 2:25). Quizá había alguna persona que se cuestionaba el porqué Jesús hablaba como hablaba. Y entonces aclaró que no había venido para poner fin a la ley y los profetas, antes bien, vino para cumplirla. Cristo obedeció la ley de Moisés plenamente, y reveló el verdadero sentido y espíritu de Sus preceptos.
El pueblo de Israel, por más que se esforzaba, no era capaz de cumplir con la ley que se les había dado; nosotras, igualmente, no podemos cumplir la Palabra de Dios en nuestras fuerzas ni externamente, obedecemos por amor a Dios (Jn. 14:15) y en el poder del Espíritu Santo.
Ustedes han oído… pero yo les digo
Una frase repetitiva que Jesús usó la encontramos desde el versículo 21 hasta el final del capítulo: «ustedes han oído...», seguido de eso, citaba el Antiguo Testamento, particularmente la Ley, y después decía «... pero Yo les digo». En esta porción podremos observar que Jesús se enfocaba en hablarles de la actitud, la intención que debían de tener en sus corazones al cumplir la ley; el corazón de la ley y no la ley en sí misma.
Jesús y el odio
Cristo les está recordando que la ley dice que irá a juicio todo aquel que cometa homicidio. Esto me hace pensar que me hubiera sentido orgullosa entre la multitud por haber sido alguna de las que no han cometido homicidio; de ser una buena persona que no procura la muerte de nadie. Sin embargo, Cristo enseña el corazón detrás de ese mandamiento: si en tu corazón te has enojado contra tu hermano, ya eres culpable de juicio eterno. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y ve primero con tu hermano a reconciliarte, y después presentas tu ofrenda.
Jesús y el adulterio
Ahora Jesús les habla del adulterio y afirma que la ley dice: «no cometerás adulterio», pero el corazón de la ley te dice que cuando miras a una mujer para codiciarla, ya adulteraste con ella en el corazón. ¿No es increíble? Jesús es radical en su enseñanza y nos dice que no es necesario cometer el acto físico de adulterio para adulterar, si en nuestro corazón deseamos a alguien más que a nuestro cónyuge, ya estamos pecando delante de Él.
Jesús y los juramentos
Esta porción de la Palabra es buena para nuestras almas. Nos recuerda que aunque la intención esté en «cumplir nuestra palabra», realmente no conocemos el futuro. Solo Dios es soberano, solo Él tiene contados nuestros días, nuestro mañana, nuestro futuro. Nuestra palabra es vana ante la Palabra decretada por el Señor. Jesús nos llama a que nuestro sí sea sí, y nuestro no, sea no, y dice: «…porque lo que es más de esto, procede del mal».
El amor hacia los enemigos
¿No te parece contracultural el llamado del Señor en estos versículos? En nuestros tiempos se promueve el amor propio, la salud emocional personal, el ver por uno mismo, amarse lo suficiente como para poner límites. Somos invitadas por el mensaje de la cultura moderna a reconocer la dignidad personal, a practicar la autocompasión, a poner límites saludables y a priorizar el cuidado integral.
Sin embargo, el mensaje que Jesús da a Sus seguidores es diferente:
- No resistas al malo, sé pacificador.
- Al que te pida, dale.
- Al que desee pedirte prestado, no le vuelvas la espalda.
- Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen.
¿Y para qué es todo esto, Señor? «Para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque Él hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos». Me encanta ese «Su» que encontramos de hecho en el idioma original: «Él hace salir Su sol». Hay una gracia común que el Señor extiende sobre todo ser creado en la tierra, y el Señor llama a Sus hijos a extender esa misma gracia que nos ha sido dada para con aquellos con quienes nos es más difícil hacerlo.
El capítulo 5 cierra con un llamado a la perfección moral la cual es, de hecho, imposible de cumplir para el ser humano natural. «Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto». ¿Cómo podríamos lograr cumplir todos estos «Yo les digo…» e ir más allá de actos superficiales a una intención del corazón, si por naturaleza somos pecadores?
Amada, esta perfección no es alcanzable por mérito humano, sino por la justicia de Cristo imputada en nosotros y por la obra del Espíritu Santo. ¿No es esto maravilloso? Recibimos la gracia dada a nosotros por Dios a través de Cristo, y nos deleitamos en ello. ¡Gloriosa gracia, cuán grande amor!
Para meditar:
- Considerando la importancia que la sal tiene en nuestros alimentos y la luz en nuestros hogares, ¿qué tan consciente eres de que el Señor te ha puesto como sal y luz en este mundo? ¿Están las personas a tu alrededor siendo bendecidas por el hecho de que tú eres sal o luz para sus vidas?
- El hombre es pecador por naturaleza, nuestro pecado no proviene de la nada; somos pecadores, por lo tanto, pecamos. Pero la esperanza del evangelio que Cristo te da es: ¡reconcíliate con Dios y mata el pecado que proviene desde lo más profundo de ti! Pide al Señor lo que pedía David: «Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno». –Salmos 139:23-24
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