Día 71 | Lucas 7
La autoridad de Jesús
Algo que quiero resaltar de nuestro capítulo de hoy en Lucas 7 es la autoridad de Jesús.
Jesús tiene autoridad sobre:
- Enfermedades
- La muerte
- El pecado
Vemos el poder y grandeza de Dios de muchas maneras, y por Sus maravillas es digno de ser alabado. Hoy Su nombre puede ser exaltado por aquellos que le invocan, pues le hemos visto y conocido; ahora ha sido revelado a nosotras y nos ha mostrado Su gracia. ¡Exaltemos ese hermoso nombre!
Una fe como la del centurión
Esta historia nos relata cómo un oficial del ejército romano (un centurión) oyó hablar de Jesús y creyó en Él. Dice el versículo 3:
«Al oír hablar de Jesús, el centurión envió a Él unos ancianos de los judíos,
pidiendo que viniera y salvara a su siervo».
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La autoridad de Jesús
Algo que quiero resaltar de nuestro capítulo de hoy en Lucas 7 es la autoridad de Jesús.
Jesús tiene autoridad sobre:
- Enfermedades
- La muerte
- El pecado
Vemos el poder y grandeza de Dios de muchas maneras, y por Sus maravillas es digno de ser alabado. Hoy Su nombre puede ser exaltado por aquellos que le invocan, pues le hemos visto y conocido; ahora ha sido revelado a nosotras y nos ha mostrado Su gracia. ¡Exaltemos ese hermoso nombre!
Una fe como la del centurión
Esta historia nos relata cómo un oficial del ejército romano (un centurión) oyó hablar de Jesús y creyó en Él. Dice el versículo 3:
«Al oír hablar de Jesús, el centurión envió a Él unos ancianos de los judíos,
pidiendo que viniera y salvara a su siervo».
- El centurión no conocía a Jesús, solo «oyó» hablar de Él.
- Lo que el centurión «oyó»
- Le resultó suficiente para creer que Jesús podía salvar a su siervo.
- Le hizo entender que no era digno de presentarse delante de Jesús.
- Fue suficiente para reconocer que Jesús era alguien que tenía autoridad. Él también era un hombre de autoridad, entonces entendía, pero no solo entendió, sino que creyó en Él.
- Al ver la fe que este centurión tenía y cómo él reconocía quién era, Jesús se maravilló y sanó al siervo del centurión.
El Señor nos ayude a tener una fe genuina, que con tan solo oír quién es Él, nazca en nosotras un deseo de no solo saber, sino de creer y desear conocerle. Muchas veces queremos ver pruebas de quién es Dios y queremos ver señales, pero, amada, Él ya se ha revelado en Su Palabra.
Señor, que tu Espíritu Santo obre en nuestras vidas para que podamos conocerte a través de Tu Palabra y creer en Ti. Amén.
Lucas continúa mostrándonos la compasión de Jesús hacia los afligidos. Tras mostrarnos una fe extraordinaria por parte de un extranjero, Lucas nos lleva ahora a contemplar la ternura del corazón de Jesús hacia una mujer que lo ha perdido todo.
El hijo de la viuda de Naín
Hay dos cosas que podemos resaltar de este acontecimiento:
- La compasión de Jesús
La historia nos habla de una mujer viuda, la cual había perdido a su único hijo. Esto significaba mucho para ella, no solo emocionalmente, sino también económica y socialmente; con la muerte de su esposo e hijo, literalmente había quedado desprovista. El pasaje no nos dice cómo se encontraba esta mujer, pero sí nos dice que «un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella»; la acompañaban en su dolor, podían condolerse con ella. La Palabra nos dice que cuando Jesús la vio, tuvo compasión de ella y le dijo: «No llores». Seguido de eso, resucitó a su hijo y se lo entregó.
¿Muestras tú el carácter de Aquel que te ha salvado siendo compasiva con otros? Es mi deseo que Dios nos dé el corazón de Jesús y que podamos tener compasión de quienes nos rodean, que podamos gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran, que tengamos el mismo sentir unos con otros (Ro. 12:15–16).
- Cristo no solo muestra Su poder sobre la enfermedad, también sobre la muerte
Al inicio del capítulo vimos el poder que Cristo tiene sobre la enfermedad al sanar al siervo del centurión; ahora Lucas nos relata el poder de Cristo sobre la muerte. Este milagro hizo que el temor se apoderara de muchos de los que lo vieron; a causa de ello glorificaban a Dios y la fama de Cristo comenzaba a divulgarse por toda Judea y sus alrededores.
Jesús perdona a una pecadora
Para cerrar nuestra porción de lectura de hoy, Lucas nos presenta un encuentro que confronta no solo la santidad de Cristo, sino también el verdadero amor y la gratitud de un corazón quebrantado. Encontramos en los versículos 36–50 la historia en la cual Cristo perdona a una mujer pecadora en la casa de un fariseo.
Se nos describe que Jesús estaba sentado a la mesa en casa de este fariseo y la mujer pecadora; sabiendo que Él estaba ahí, vino, y postrada a Sus pies, los regaba con sus lágrimas, los secaba con su cabello, los besaba y los ungía con perfume. ¿Te imaginas la escena? ¿Te imaginas cuántas lágrimas debió haber derramado esta mujer para regar los pies de Jesús?
Lucas no nos dice cuál era el pecado en específico de esta mujer, solo se nos dice que sus pecados eran muchos. Su aflicción a causa de su pecado era grande, y ella sabía quién era Jesús; por lo tanto, no dudó en presentarse delante de Él y postrarse a Sus pies.
Al final de este relato, después de Jesús haber conversado con Simón, Jesús se dirigió a la mujer pecadora y le dijo: «Tus pecados han sido perdonados… Tu fe te ha salvado, vete en paz». Esto nos deja saber qué había en el corazón de la mujer; ella buscaba ser perdonada, sabía que sus faltas eran muchas y, a su vez, sabía que Jesús podía quitar esa carga de pecado que la agobiaba; por lo tanto, tuvo fe en Él, y su fe no fue avergonzada, la hizo libre.
Amada, ¿cómo es tu actitud delante de Dios al entender la maldad, la perversidad de tu corazón? ¿Tomas a la ligera tu pecado? Todos los días estamos delante de la presencia de un Dios santo, poderoso, nuestro Creador. ¿Es esto significativo para ti?
Hermanas, que podamos, ante la gracia y santidad de Dios, contrastada con nuestro pecado, orar como lo hizo George Matheson:
«¡Oh! Hombre Divino, déjame mirarte cada vez más hasta que, en la visión de tu luminosidad, deteste la visión de mi impureza; hasta que, en el resplandor de esa gloria que el ojo humano no ha visto, caiga postrado, cegado, quebrantado, para resucitar como un hombre nuevo en Ti. Amén».
Para meditar:
- ¿Qué fue lo que más llamó tu atención de la lectura para el día de hoy?
- ¿De qué manera la fe del centurión reta tu manera de ver a Dios?
- ¿Cómo la actitud de la «mujer pecadora» delante de Jesús te lleva a reflexionar sobre la manera en que has tratado tu pecado últimamente a la luz de la santidad de Dios?
Recursos adicionales:
En Aviva Nuestros Corazones tenemos una serie titulada «¿Quién ama más?». En ella, Nancy profundiza en el testimonio de cada personaje descrito en Lucas 7:36–50; ella comparte enseñanzas, que estoy segura de que serán de bendición para ti. ¡Te animo a escucharla!
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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