Día 72 | Lucas 8
Mujeres que siguen a Jesús
Mientras Jesús recorría ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, había mujeres que lo seguían y que le servían con sus propios recursos. ¿Eres tú una de esas mujeres?
La sociedad en la que vivimos necesita mujeres que caminen tras las huellas del Maestro. Las niñas y jóvenes que vienen detrás de nosotras necesitan ver el ejemplo de mujeres fieles a la Palabra de Dios. En las escuelas, en las redes sociales y en los medios de comunicación abundan modelos de mujeres fieles al mundo y a los deseos de la carne, y muchas que las siguen no alcanzan a comprender las consecuencias eternas que esto implica.
¿Estás usando tus recursos, tu tiempo y tus dones para servir al Reino? Caminemos con Dios. Conozcamos al Señor del cielo y de la tierra por medio de la …
Mujeres que siguen a Jesús
Mientras Jesús recorría ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, había mujeres que lo seguían y que le servían con sus propios recursos. ¿Eres tú una de esas mujeres?
La sociedad en la que vivimos necesita mujeres que caminen tras las huellas del Maestro. Las niñas y jóvenes que vienen detrás de nosotras necesitan ver el ejemplo de mujeres fieles a la Palabra de Dios. En las escuelas, en las redes sociales y en los medios de comunicación abundan modelos de mujeres fieles al mundo y a los deseos de la carne, y muchas que las siguen no alcanzan a comprender las consecuencias eternas que esto implica.
¿Estás usando tus recursos, tu tiempo y tus dones para servir al Reino? Caminemos con Dios. Conozcamos al Señor del cielo y de la tierra por medio de la meditación constante de Su Palabra para que podamos dar un testimonio sano y fiel de lo que significa ser verdaderas seguidoras de Cristo.
Jesús habla en parábolas
Jesús hablaba a las multitudes por medio de parábolas. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) dice: «Una parábola es la narración de un suceso fingido del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral».
¿Y por qué Jesús hablaba en parábolas a estas multitudes? Sus discípulos hicieron la misma pregunta, a lo que Él respondió que lo hacía porque era a ellos, a los discípulos, a quienes se les había concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; sin embargo, a esas multitudes no les fue dado conocer esos misterios. Por otra parte, Jesús les decía que las multitudes que escuchaban, viendo, no veían y oyendo, no entendían, lo que hacía que se cumpliera en ellos la profecía de Isaías 6:9 y 10.
Jesús cierra Su explicación de por qué hablaba en parábolas, llamando a Sus discípulos dichosos, pues sus ojos veían y sus oídos escuchaban. Les menciona que muchos profetas desearon ver lo que ellos veían y oír lo que ellos oían, pero no lo vieron ni oyeron.
Estas palabras me recuerdan las palabras que encontramos en 1 Pedro 1:10–12:
«Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a ustedes, diligentemente inquirieron y averiguaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a ustedes, en estas cosas que ahora les han sido anunciadas mediante los que les predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar».
Hermana, nuestro corazón necesita recordar que la historia que estamos viviendo individualmente no se centra en nosotras mismas, sino en el Señor. Pues, el Señor, en Su gracia, ha abierto nuestros ojos para ver y oídos para oír, para conocer el evangelio de Cristo. Por el poder del Espíritu Santo en tu vida es que se te ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos. ¡No pierdas el asombro ante la cotidianidad y rutina de la vida; antes bien, espera expectante el regreso de tu Señor por los Suyos!
Parábola del sembrador: ¿Qué terreno eres? ¿El evangelio que te ha transformado bendice a quienes te rodean?
En los versículos 4 al 8 encontramos la parábola del sembrador; seguido de esto, el autor nos muestra la explicación de la parábola que Jesús habló a la multitud. La semilla es la Palabra de Dios, y hay cuatro tipos diferentes de terreno donde la semilla cae:
- En el camino; que son los que han oído, pero después viene el diablo y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
- Sobre la roca; que son los que, cuando oyen, reciben la Palabra con gozo; pero no tienen raíz profunda; creen por algún tiempo, y en el momento de la tentación sucumben.
- Entre los espinos; que son los que han oído, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y su fruto no madura.
- En tierra buena; que son los que han oído la Palabra con corazón recto y bueno, y la retienen, y dan fruto con su perseverancia.
Me gustaría que ahora reflexionaras sobre las siguientes preguntas:
¿Qué tipo de terreno te caracteriza?
¿Qué señales muestran que estás dando fruto?
¿Conoces a alguien que no ha tenido un terreno fértil al recibir la Palabra de Dios?
Toma un momento para orar y pedir al Señor que haga de tu corazón un terreno fértil para recibir la Palabra y permanecer en ella cada día, y por aquellos que han cerrado su corazón para que la semilla pueda germinar.
Cuando Jesús termina de explicarles la parábola del sembrador, usa brevemente otra parábola para cerrar su explicación, la parábola de la lámpara que encontramos en los versículos 16 y 17. Amada, con esta enseñanza, Jesús nos llama a no esconder la luz que hemos recibido, sino a vivir de manera que refleje Su verdad. Esta parábola nos invita a brillar en donde Dios nos ha plantado como lámparas encendidas, compartiendo con quienes nos rodean la verdad que ya nos ha sido revelada. Si has sido iluminada por Cristo, puedes alumbrar a otros. No te quedes con lo aprendido, vive en la verdad que te ha transformado para bendecir a otros.
Otros milagros y señales
Lucas nos relata algunos milagros que Jesús realizó. Es asombroso que nosotras podamos recordar a través de ellos que Jesús tiene poder sobre los fenómenos naturales. ¿Cuántas de ustedes viven en lugares que son peligrosos a causa de los fenómenos que puedan presentarse? Pueden estar seguras de que nuestro Padre que está en los cielos tiene control sobre cada uno de ellos. Lucas también nos resalta el poder de Dios sobre los demonios, sobre la enfermedad crónica (la mujer del flujo de sangre) y sobre la muerte (la hija de Jairo). ¡Cuán maravilloso es nuestro Señor!
Qué hermoso que nuestro Salvador no solo calme tempestades, sino que también se detenga a tocar a una mujer apartada por su enfermedad. No solo libera a endemoniados, sino que restaura a los marginados y consuela a los que sufren. Así es nuestro Jesús: poderoso y cercano.
Para meditar:
- ¿Qué cambios concretos necesita hacer una mujer creyente para que su vida sea una lámpara encendida y no haya nada oculto? ¿Cómo puede crecer en perseverancia y fruto?
Te animo a considerar la siguiente oración:
Padre, mi vida está a tu servicio; he aprendido que mi vida no se trata de mí, sino de Ti. ¿Cómo puedo ser una mujer que vive para Tu gloria? ¿Las cosas en las que actualmente invierto mi tiempo te honran? Ayúdame, Padre bueno, a deleitarme en Ti y, por lo tanto, vivir para Ti.
«Ustedes me invocarán y vendrán a rogarme, y Yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón». –Jeremías 29:12–13
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