Día 75 | Lucas 9
Jesús comisiona a Sus discípulos
Llegó el momento de reunir a los doce y enviarlos al proclamar el reino de Dios. Pueden sonar un poco extraños algunos detalles que Jesús les da en Sus instrucciones, pero una que me llama la atención es: «No tomen nada para el camino». ¡¿Cómo?! En nuestra mente, como mujer prevenida y acostumbrada a meter en la bolsa hasta lo que menos se imaginan los demás «por si acaso», no cabe la posibilidad de no llevar nada. Pero el Señor Jesús, como nos conoce a perfección, siempre encontraba la manera de llevar más allá Sus palabras que tienen un significado espiritual. Y eso lo podemos aprender hoy también.
¿Quién es un enviado para predicar el evangelio?
- Una persona que sabe que Dios es quien lo capacita y manda a hablar a otros, en cualquier oportunidad, de la esperanza en Cristo; pero …
Jesús comisiona a Sus discípulos
Llegó el momento de reunir a los doce y enviarlos al proclamar el reino de Dios. Pueden sonar un poco extraños algunos detalles que Jesús les da en Sus instrucciones, pero una que me llama la atención es: «No tomen nada para el camino». ¡¿Cómo?! En nuestra mente, como mujer prevenida y acostumbrada a meter en la bolsa hasta lo que menos se imaginan los demás «por si acaso», no cabe la posibilidad de no llevar nada. Pero el Señor Jesús, como nos conoce a perfección, siempre encontraba la manera de llevar más allá Sus palabras que tienen un significado espiritual. Y eso lo podemos aprender hoy también.
¿Quién es un enviado para predicar el evangelio?
- Una persona que sabe que Dios es quien lo capacita y manda a hablar a otros, en cualquier oportunidad, de la esperanza en Cristo; pero no por méritos propios, ni por la elocuencia, sino porque el evangelio lo ha cautivado de tal forma que no puede callarlo, y sabe que es el Espíritu Santo quien guía siempre sus palabras y quien convence de pecado para arrepentimiento.
- Una persona que no busca enriquecerse a costa de predicar el evangelio. No se aferra a los bienes materiales terrenales ni pone en ellos su confianza para la estabilidad que necesita.
¿Estamos dispuestos a salir de nuestra zona de comodidad para apuntar a otros a Cristo? Encuentra ánimo en Isaías 52:7, que dice:
«¡Qué hermosos son sobre los montes
Los pies del que trae buenas nuevas,
Del que anuncia la paz,
Del que trae las buenas nuevas de gozo,
Del que anuncia la salvación,
Y dice a Sión: «Tu Dios reina»!».
¿Quién es Cristo?
Luego de enviar a los 12 en misión, podemos ver en este capítulo diferentes relatos acerca de la identidad de Jesús para las personas que escuchaban y estaban cerca de Él.
Para Herodes…
El gobernador de Galilea había enviado decapitar a Juan, y con eso pensaba que el mensaje del Reino, un reino que él no reconocía, había terminado. Y al enterarse de que los doce pasaban por todas las aldeas anunciando el evangelio, él estaba perplejo y preocupado, pues escuchaba las hipótesis: ¿Elías, un profeta o el mismo Juan a quien había ejecutado? Él quería buscar a Jesús y verlo, pero no de manera sincera; para Herodes representaba una amenaza ante su vida y gobierno; Jesús no era su Rey.
Para la multitud…
Cuando los apóstoles regresaron, tuvieron un tiempo con Jesús para darle cuentas de lo que había sucedido; pero al moverse de lugar, la gente se enteró y fue y buscó a Jesús. Cuando comenzó a caer la tarde y al no haber comido nada, el Señor tiene compasión de ellos y a través de un milagro los alimenta. ¿Y qué decía la multitud de Él? «Verdaderamente Este es el Profeta que había de venir al mundo», dice Juan 6:14. La multitud veía a Cristo como un Mesías terrenal y político que podía suplir todas sus necesidades y los liberara de la opresión romana. Para la multitud, Jesús no era su Rey.
Para Pedro…
Cuando Jesús les preguntó a Sus quién era Él, Pedro no dudó en ser el primero en responder, diciendo: «El Cristo de Dios»; el Mesías prometido desde el Antiguo Testamento. Esta seguridad de quién era Cristo fue algo que Dios les reveló; la fe de Pedro y de los discípulos no estaba tan firme como ellos creían, tanto es así que cuando Cristo fue arrestado, todos huyeron y Pedro lo negó 3 veces. Pero luego de la obra hecha en sus corazones, tanto para los discípulos como para Pedro, Jesús se volvió su Rey y Señor hasta dar su vida por causa del evangelio.
¿Y para ti? ¿Quién es Jesús? «Esa pregunta acerca de la identidad de Jesús», dice MacArthur, «es la más importante que alguien ha hecho y contestado alguna vez. La respuesta que cada ser humano le da determinará el destino eterno al que se dirige: el cielo o el infierno».
El costo del discipulado
«Y a todos les decía: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de Mí, ese la salvará.Pues, ¿de qué le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se destruye o se pierde?”». -Lucas 9:23-25
Estos 3 versículos son de los más conocidos de la Biblia, pero tristemente de los menos vividos. El Señor Jesús se encargó de hacer muy claro lo que significaba seguirle a Él, y lo ejemplificó con lo que Él mismo haría: negarse a Sí mismo por amor al mundo perdido e ir hasta la cruz. Nosotras tenemos el mismo llamado, morir a nosotras mismas, nuestras metas, anhelos, sabiduría… y tenerlo por basura, como decía Pablo, a fin de ganar a Cristo. Pero ¿qué implican las palabras de Jesús? Quiero compartir contigo lo que el pastor MacArthur explica:
Abnegación, negarse a sí mismo. Ser seguidor de Jesucristo es repudiar el ego natural, depravado y pecaminoso del ser humano. Es renunciar a toda dependencia y confianza en uno mismo y a la obra personal de salvación.
Llevar la cruz, tomarla cada día. Para los seguidores de Jesús, una cruz representaba una sola cosa: horrible sufrimiento, dolor y muerte. En los términos más gráficos posibles, Jesús estaba pidiendo una disposición para soportar odio, hostilidad, rechazo, reproche, persecución, vergüenza e incluso la muerte más horrible; estaba pidiendo una disposición a decir no al yo y a la seguridad por causa de Él. Un pequeño sacrificio comparado con el regalo de la vida eterna.
Obediencia, siguiéndole. Jesús resaltó que la verdadera fe que salva se manifestará inevitablemente en obediencia. Como dice Juan 14:21: «El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por Mi Padre; y Yo lo amaré y me manifestaré a él».
¿Has calculado el costo de seguir a Jesús? ¿Has preferido seguir tras los deseos de este mundo?
Una persona que ama a Cristo y quiere honrarle vive en rendición constante, pues entiende que su Salvador lo llama a no mirar atrás y ponerlo a Él por encima de todos sus planes y deseos; pues el que mira atrás, no es apto para el reino de Dios. Como el misionero mártir, Jim Elliot, dijo: «No es un tonto el que da lo que no puede conservar para ganar lo que no puede perder».
La transfiguración
El relato de la transfiguración siempre me ha parecido inimaginable. Cristo tomó a tres de Sus discípulos y les permitió ver Su divinidad de una forma tan especial. La apariencia de Su rostro fue diferente, Su ropa resplandecía, Moisés y Elías hablaban de Él como quien había venido a cumplir toda la Ley, y finalmente, la voz de Dios afirmando en sus corazones: «Este es Mi Hijo, Mi Escogido; oigan a Él».
¿Puedes ver lo que esto significa, mi hermana? En palabras más sencillas, dice el comentario del pastor antes mencionado, que «Aquel que estaba en la condición de hombre, echó para atrás el velo de su carne con el fin de revelar una breve ojeada de Su gloria divina, la shekiná de Dios que se manifestó varias veces en el Antiguo Testamento. La radiante gloria de la naturaleza de Cristo se irradió a través de Su cuerpo hasta que Su vestido se volvió blanco y resplandeciente.
Eso era lo que Jesús quería que vieran Sus discípulos para con mucha misericordia y compasión afirmar su fe. Ellos ya habían visto muchos milagros, pero a Dios le plació revelar un poco más de la gloria de Su Hijo; ¡fue la gloria divina de Cristo la que los tres apóstoles vieron cuando despertaron! Y hoy, a través de Su Palabra, podemos gustar de ver de lejos esa gloria. ¡Wow! ¿No te gustaría hacer una pausa en este momento y adorar a Dios en oración?
¡Este glorioso Cristo regresará un día y manifestará esa misma gloria radiante en toda su plenitud! ¡Yo quiero que llegue ese día! ¡Ven, Señor Jesús!
Humildad, servicio y eternidad
Al día siguiente, Jesús sanó a un muchacho endemoniado y en seguida anunció nuevamente Su muerte. Es increíble leer cómo es que los discípulos, haciendo caso omiso al mensaje de Jesús, seguían enfocándose en sí mismos porque en ese momento comenzaron una discusión de quién de ellos sería el mayor. Una vez más, con un corazón compasivo, Él les explicó nuevamente que no se trataba de ellos, pues la verdadera grandeza no tiene nada que ver con el orgullo de una posición, sino con una vida caracterizada por la humildad; una vida de sacrificio y abnegación es la que tiene valor en el Reino.
Para meditar:
Después de leer este capítulo tan confrontador de Lucas, no queda otra pregunta para hacernos más que, ¿tengo mi corazón dividido porque me estoy aferrando al reino de este mundo? ¿O vivo en constante asombro, adoración a Cristo, quien me rescató de las tinieblas y desea que viva una vida de obediencia a Él?
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