Día 9 | Mateo 7
El día de hoy concluimos el Sermón del Monte con Mateo, capítulo 7, y abrimos el capítulo leyendo sobre el juicio hipócrita hacia los demás.
No juzgues hipócritamente
«No juzguen para que no sean juzgados… saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad». -Mateo 7:1a y 5a
Es mucho más fácil percatarse de los errores de otros antes que de los propios, ¿lo has notado? El Señor ha usado mucho a mi hija de 4 años para mostrarme esto. Me doy cuenta de que hay cosas que ella hace y yo corrijo constantemente, y al final noto que las hace porque las ha visto en mí y las ha aprendido. Soy pronta en querer quitar la viga en el ojo ajeno sin antes considerar mi pecado.
Los versículos 1 al 6 son una invitación a la autoevaluación espiritual, pues la vida de …
El día de hoy concluimos el Sermón del Monte con Mateo, capítulo 7, y abrimos el capítulo leyendo sobre el juicio hipócrita hacia los demás.
No juzgues hipócritamente
«No juzguen para que no sean juzgados… saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad». -Mateo 7:1a y 5a
Es mucho más fácil percatarse de los errores de otros antes que de los propios, ¿lo has notado? El Señor ha usado mucho a mi hija de 4 años para mostrarme esto. Me doy cuenta de que hay cosas que ella hace y yo corrijo constantemente, y al final noto que las hace porque las ha visto en mí y las ha aprendido. Soy pronta en querer quitar la viga en el ojo ajeno sin antes considerar mi pecado.
Los versículos 1 al 6 son una invitación a la autoevaluación espiritual, pues la vida de cada seguidor de Jesús debe estar caracterizada por la humildad para ser enseñada por otros, y la integridad en todo lo que hacemos para que seamos como un «obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15). El Señor nos ayude a tener un corazón enseñable para poder reconocer nuestro pecado antes de apuntar el pecado de nuestro prójimo.
Para cerrar esta sección, tenemos el v. 6: «No den lo santo a los perros, ni echen sus perlas delante de los cerdos…». Una vez habiéndonos examinado, habiendo quitado la viga de nuestro ojo y teniendo la oportunidad de ver con más claridad, tenemos la invitación a ser sabias al discernir dónde, cuándo, cómo y con quién compartimos un consejo. Porque, ojo, Jesús no está prohibiendo el discernimiento, sino el juicio que ignora el propio pecado y apunta al de los demás.
La oración perseverante
«Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá». -Mateo 7:7
Esta porción puede ser mal utilizada por los que predican el «evangelio de la prosperidad», sin embargo, es bueno tener el panorama completo de la Biblia para tener un concepto correcto de este pasaje.
Este texto refuerza en nuestros corazones la bondad y cercanía de Dios como Padre, y a su vez se complementa con Mateo 6:9–13 que leímos ayer, en donde encontramos la oración del Padre Nuestro. Dentro de esta oración encontramos las palabras «Hágase tu voluntad…», porque cuando presentamos nuestras peticiones al Señor, es bueno hacerlo con un corazón rendido a Su voluntad, con un corazón que entiende que nuestras vidas no se tratan de nosotras mismas, sino de la gloria de Dios; que no se trata de tener todo lo que queremos, sino lo que más necesitamos.
Jesús pone el ejemplo de un padre terrenal que es malo, pero que da buenas cosas a sus hijos. Y si eres mamá, sabes que no das a tus hijos todo lo que piden porque algunas de esas cosas no son apropiadas para ellos. De igual manera, nuestro buen Padre celestial sabe lo que es mejor para los Suyos. Dice el versículo 11: «Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?».
La regla de oro
«Por eso, todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas». –Mateo 7:12
Este versículo es muy conocido como la regla de oro. Jesús sabe que tenemos una tendencia al egoísmo y al amor propio, por lo tanto, nos enseña con este versículo la importancia de quitar nuestros ojos de nosotras mismas y ¡hacer algo! Nos invita a hacer con otros lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotras.
La regla de oro de Jesús nos da un estándar por el cual las personas naturalmente egoístas pueden medir sus acciones: tratar activamente a los demás de la manera en que a ellos mismos les gustaría ser tratados.
Dos sendas, dos puertas, dos árboles, dos casas. ¿Por cuál andarás? ¿Con cuál te identificarás?
En los versículos 13 al 27 podemos observar cómo Jesús está concluyendo su enseñanza del Sermón del Monte. Para hacerlo, Él usa algunos ejemplos.
Primero, menciona dos sendas: una ancha y una angosta; y dos puertas: una amplia y una angosta. Debido a nuestra naturaleza caída, es fácil seguir los deseos de nuestra carne y las pasiones pecaminosas, por eso muchos van por la senda espaciosa y caminan a través de la puerta amplia. Sin embargo, hay otro camino, uno más angosto que es menos transitado, menos concurrido e incluso menos deseado, y Jesús nos invita a andar por ese camino. Él es el camino, la verdad y la vida. Esta senda angosta nos lleva a la vida, y pocos son los que andan por ella, ¿estás andando en ella? ¿Estás andando en Él?
Después, al hablar de los falsos profetas, hace la comparación de dos árboles: un árbol que da buen fruto y el otro que da mal fruto. Es interesante que conecta esto con aquellos que entrando en el Reino dirán: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?». Estos profetas son aquellos árboles que, a nuestros ojos terrenales, cuando los vemos llevando a cabo estas cosas, pudiéramos pensar que son un «árbol que da buen fruto». Sin embargo, como leemos en el v. 18: «Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos». Nosotras podemos pensar algo de nosotras mismas y de otros, pero al final, el Señor conoce cada corazón, la raíz de cada árbol. ¿Qué clase de árbol eres?
Y para cerrar con una última ilustración, Jesús comienza a hablar de dos casas, afirmando que todo aquel que ha escuchado esta enseñanza completa y pone en práctica lo aprendido, será como una casa con buen fundamento, y no importando que pueda acontecer, la casa seguirá firme porque ha sido edificada sobre la roca. A diferencia del insensato que escucha y no pone nada en práctica; al edificar sobre la arena, cualquier marea que venga, la azotará. ¿Estás poniendo en práctica aquello que el Señor te está enseñando? ¿Estás edificando sobre la roca, que es Cristo, o sobre arena?
La Palabra nos dice que cuando Jesús terminó de hablar, «las multitudes se admiraban de Su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad…». Amada, Mateo se asegura de dejarnos escrita la reacción de los que escuchaban: ellos se admiraban, porque ciertamente la Palabra del Señor tiene autoridad. Que al terminar de leer este capítulo, tu corazón sea animado a admirar la autoridad que las palabras de Jesús tienen sobre tu vida.
Para meditar:
- Últimamente, ¿has sido más pronta para notar el pecado de tu prójimo más que tu pecado? Pide al Señor que te muestre la viga en tu ojo para entonces poder ver con claridad, y pide sabiduría para poder dar consejo oportuno cuando es necesario.
- Señor, concédenos andar en Tu verdad, que Tu Espíritu guíe nuestro camino y así edifiquemos nuestra casa en la roca firme e inconmovible que es Cristo. Danos sabiduría para no ser sabias en nuestra propia opinión, sino temer a Dios y apartarnos del mal, pues sabemos que esto es medicina a nuestro cuerpo y refrigerio a nuestros huesos. ¡Amén!
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación