Día 91 | Lucas 21
El capítulo 21 de Lucas es muy vasto. Jesús enseña en el templo como un Rey que reclama Su casa y ofrece uno de los discursos proféticos más importantes del Nuevo Testamento (paralelo a Mateo 24-25 y Marcos 13).
Lucas registra su enseñanza con un tono particular. A diferencia de Mateo, que enfatiza detalles escatológicos, o Marcos, que subraya la urgencia del juicio, Lucas pastorea el alma. Quiere formar discípulos que puedan permanecer fieles cuando todo se sacude.
Como señalan Carson y Moo, «el objetivo no es “informar un calendario del fin”, sino transformar al discípulo para vivir vigilante, sobrio y confiado en el Señor que regresa».
Al inicio del capítulo, Jesús observa no tanto cuánto damos, sino cómo lo hacemos. Mientras muchos ofrecen desde su abundancia, una viuda entrega todo lo que tiene. Su ofrenda anticipa una verdad que resonará durante todo el capítulo: la verdadera …
El capítulo 21 de Lucas es muy vasto. Jesús enseña en el templo como un Rey que reclama Su casa y ofrece uno de los discursos proféticos más importantes del Nuevo Testamento (paralelo a Mateo 24-25 y Marcos 13).
Lucas registra su enseñanza con un tono particular. A diferencia de Mateo, que enfatiza detalles escatológicos, o Marcos, que subraya la urgencia del juicio, Lucas pastorea el alma. Quiere formar discípulos que puedan permanecer fieles cuando todo se sacude.
Como señalan Carson y Moo, «el objetivo no es “informar un calendario del fin”, sino transformar al discípulo para vivir vigilante, sobrio y confiado en el Señor que regresa».
Al inicio del capítulo, Jesús observa no tanto cuánto damos, sino cómo lo hacemos. Mientras muchos ofrecen desde su abundancia, una viuda entrega todo lo que tiene. Su ofrenda anticipa una verdad que resonará durante todo el capítulo: la verdadera devoción no se mide por lo visible, sino por la entrega del corazón.
El capítulo empieza exaltando lo pequeño con gran fe; contrasta la esperanza puesta en edificios grandes con aquellos humildes que tenían plena fe en Dios.
Mientras los discípulos admiran la belleza y grandeza del templo, Jesús profetiza su ruina en el versículo 6: «No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada». Este punto se cumplió históricamente en el año 70 d.C., cuando Roma destruyó Jerusalén (unos 40 años después de que Jesús lo dijo).
Esto es bien interesante porque hay un anuncio «tras bambalinas»: esta es la antesala del fin del antiguo sistema sacrificial, el comienzo de un nuevo y mejor pacto y el surgimiento de un nuevo templo, o sea, Cristo mismo (Jn. 2:19-21). Además, esta época es en la que el evangelio se extendería más allá de Israel, inaugurando así «el tiempo de los gentiles».
Hermana, hoy quiero animarte, todo lo que parece inconmovible puede caer… excepto Él.
Seguimos con tintes proféticos, y Jesús vuelve y revalida la destrucción del templo, y Sus discípulos preguntaron: «¿Cuándo sucedería eso?». Me parece importante mencionar que ellos interpretaron las palabras de Jesús sobre la caída de Jerusalén y la segunda venida de Cristo o el fin del mundo como un solo evento; si bien había una relación entre el juicio a la nación y el juicio final, no se trataba del mismo evento.
De forma muy general, Jesús responde las inquietudes de Sus discípulos y corrige su inferencia mal entendida, mostrándoles que «no todo lo que parece ser una señal del fin del mundo es realmente una señal en tal sentido».1
Recordemos lo que leímos en Mateo 24:30, que dice que la «señal del Hijo del Hombre» aparecerá en el cielo, y algo que me parece impactante es que esta señal aterrorizará a aquellos que no le conocen, pero nos dará esperanza a los que hemos confiado en Él.
Jesús concluye con la imagen de una generación distraída por los placeres, las cargas y los afanes; la parábola de la higuera nos deja ver la idea básica de que, como creyentes, tenemos la responsabilidad de saber lo que está pasando. Estas señales (así como cuando un árbol florece en verano) serán un indicador de la segunda venida del Señor, y lo que debemos tomar en cuenta aquí es que Dios cumple Sus promesas.
No sabemos cuándo regresará el Señor, pero nos toca ser fieles, estar velando y, sobre todo, estar listas para ese glorioso día.
Robert Murray, pastor escocés, preguntaba a las personas: «¿Piensa usted que Jesús vendrá hoy?». La respuesta habitual era «no». Luego este pastor decía: «Entonces mejor que se preparen, porque Él vendrá a la hora que no pensáis».
Lucas 21 no tiene sentido sin Cristo, ya que Él es el templo que no será destruido, Él es la Palabra que no pasará, es el Hijo del Hombre que regresará y la Piedra que permanece cuando todo cae. Este capítulo no fue escrito para que hagas cálculos sobre el fin, sino para ampliar tu fe cuando las potencias se sacuden, cuando tus «seguridades» caigan y cuando el mundo esté lleno de inestabilidad.
Para meditar:
- ¿Tu corazón está distraído solo en lo que puedes ver?
- ¿Crees que tus pruebas son escenarios para mostrar la suficiencia de Cristo?
- Medita en esta alabanza que nos recuerda grandes atributos de nuestro gran Dios
- Comentario al Nuevo Testamento por William Hendriksen. Exposición del evangelio según San Lucas 2002
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación