Día 5 | Mateo 3
En nuestro capítulo del día de hoy leemos sobre la predicación de Juan el Bautista: arrepentimiento para perdón de pecados, porque el reino de los cielos se había acercado. También aprendemos sobre el bautismo de Jesús. Mientras sigues meditando en este pasaje, recuerda que estos acontecimientos son parte del avance del plan redentor que el Señor soberano seguía entretejiendo.
La predicación de Juan el Bautista
En este capítulo encontramos una promesa cumplida del Antiguo Testamento. Mateo 3:3 nos explica que esa voz que clama en el desierto, la cual fue anunciada en Isaías 40:3-5, es Juan. Él es quien, según Lucas 1:17, vendría a «preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto».
Juan tenía un mensaje claro que le había sido dado por Dios para predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado». ¿Te has preguntado a qué se refiere «el reino de los …
En nuestro capítulo del día de hoy leemos sobre la predicación de Juan el Bautista: arrepentimiento para perdón de pecados, porque el reino de los cielos se había acercado. También aprendemos sobre el bautismo de Jesús. Mientras sigues meditando en este pasaje, recuerda que estos acontecimientos son parte del avance del plan redentor que el Señor soberano seguía entretejiendo.
La predicación de Juan el Bautista
En este capítulo encontramos una promesa cumplida del Antiguo Testamento. Mateo 3:3 nos explica que esa voz que clama en el desierto, la cual fue anunciada en Isaías 40:3-5, es Juan. Él es quien, según Lucas 1:17, vendría a «preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto».
Juan tenía un mensaje claro que le había sido dado por Dios para predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado». ¿Te has preguntado a qué se refiere «el reino de los cielos se ha acercado»? El reino estaba cerca, porque el Rey había llegado.
Leí en un artículo que «la gente aún no estaba preparada para el reino porque no había comprendido su necesidad de la justicia que el Rey les proporcionaría. Por esa falta de entendimiento y la llegada del Rey, el mensaje de Juan y Jesús era de vital importancia, la gente realmente necesitaba arrepentirse»1. La pregunta es, ¿lo harían? El reinado de Cristo venía a ser un reino en acción y, ante la llegada del Mesías, el pueblo debía responder en rendición total ante Él pero, ¿estaban dispuestos a hacerlo?
Juan predicaba con tal autoridad este mensaje que el pueblo que escuchaba estaba a la expectativa, preguntándose si acaso él era el Cristo que esperaban. Recordemos que antes de que naciera Jesús, habían pasado aproximadamente 400 años en los cuales no hubo palabra profética, sin embargo, estaban a la expectativa de la venida del Mesías que había sido prometido y se preguntaban si ese Mesías era Juan. Ante este pensamiento, Juan les aclara que él no era el Mesías, recalcó que venía Uno que era más poderoso que él.
Entre las características de la predicación de Juan, podemos ver que él:
-
Predicaba el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados.
- Llamaba a sus seguidores a hacer frutos dignos de arrepentimiento.
Es interesante notar que entre sus seguidores estaban publicanos y soldados; personas que eran menospreciadas por los judíos.
Muchos acudían a Juan confesando sus pecados y eran bautizados por él en el río Jordán. Sin embargo, cuando vinieron los fariseos y los saduceos, Juan reconocía su hipocresía y los llamaba a tener «frutos dignos de arrepentimiento». ¿Por qué los llamaba a esto? El pastor John MacArthur dice:
«Los fariseos eran una pequeña secta judía legalista conocida por su adherencia rígida a los más mínimos detalles del ceremonial contenidos en la ley…Los encuentros de Jesús con los
fariseos fueron generalmente conflictivos. Él los desaprobó por usar la tradición humana para anular la Escritura».
Este dato nos enseña que los fariseos confiaban en sus tradiciones y leyes, vivían como si sus actos religiosos los hicieran justos delante de Dios. Creían que si eran del linaje físico de Abraham, tenían garantizada su salvación. No comprendieron que cuando Juan les exhortaba a tener «frutos dignos de arrepentimiento», los estaba llamando a tener una vida coherente con la ley mosaica que decían creer.
Recordemos que el arrepentimiento implica una rendición de nuestra vida, entendimiento de que hemos pecado y que no podemos confiar en nosotras mismas ni en nuestras obras, sino solo en la misericordia de Dios para obtener salvación y gozo.
El bautismo de Jesús
¿Te has preguntado por qué Jesús fue bautizado? Este acontecimiento fue inicialmente tan extraño aun para Juan el Bautista, que trató de impedirlo, pues cuando Jesús vino a él para ser bautizado, la reacción de Juan fue: «Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí?». La respuesta de Jesús a esta pregunta deja satisfecho a Juan, y entonces él cede a bautizarlo, pues Él dijo: «Permítelo ahora; porque es conveniente que así cumplamos toda justicia».
¿A qué se refería Jesús con estas palabras? El pastor John Piper dice:
Es evidente que Jesús vio Su vida como el cumplimiento de toda justicia. El hecho de participar en un bautismo de arrepentimiento, a pesar de que no tenía pecados de los cuales arrepentirse, demuestra que la justicia que quería cumplir era la que se requería de todo hombre pecador, no de sí mismo.2
El bautismo que Juan hizo a Jesús cobra una dimensión particular si tenemos en cuenta que Juan pertenecía a la tribu de Leví y era descendiente directo de Aarón. Lucas especifica que ambos padres de Juan pertenecían a la línea sacerdotal aarónica (Lc. 1:5). Uno de los deberes de los sacerdotes en el Antiguo Testamento era presentar los sacrificios ante el Señor. El bautismo de Jesús por Juan el Bautista podría considerarse una presentación sacerdotal del Sacrificio Supremo. Las palabras de Juan al día siguiente del bautismo tienen un marcado carácter sacerdotal: «Ahí está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:29). 3
¡Qué increíbles conexiones! Al presentarse en el bautismo, Jesús no solo mostró que se identificaba con los pecadores, sino que también nos anticipó Su obra como el Siervo sufriente que encontramos descrito en Isaías 53, aquel Cordero de Dios que cargaría en Él el pecado de todos nosotros.
Uno de los nombres de Cristo que encontramos en este capítulo es Hijo de Dios. Jesús es «el unigénito Hijo del Padre». No solo en el versículo 17 es encontrado este título, sino que es usado 42 veces en el Nuevo Testamento, lo que afirma la deidad de Cristo. Jesucristo no es solo el Hijo de Dios, sino que Él también es Dios el Hijo. Él no es un ser creado. Él ha sido uno con Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo por toda la eternidad. Como el Hijo de Dios, Jesús porta toda la naturaleza divina. Él nos ha revelado la plenitud de la gloria de Dios.
Para meditar:
- ¿Es Jesús rey de tu vida?
- Si Jesús es el Rey que viene con fuego y Espíritu, ¿estás viviendo como ciudadana de Su reino? ¿Cómo luce tu sumisión diaria a Su autoridad?
- Cuando reconoces que has pecado delante de Dios, ¿son tus frutos «dignos de arrepentimiento»?
- ¿Reconoces que no puedes vivir la vida cristiana en tus fuerzas, sino solo en el poder del Espíritu Santo en ti? Sé animada a descansar en la obra de Cristo a tu favor hoy.
Recursos adicionales:
- «¿Por qué fue bautizado Jesús?», por John Piper.
- «El bautismo de Jesús», un ensayo escrito por Vern S. Poythress.
Referencias
- ¿Por qué Juan el Bautista proclamó: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 3:2)? | GotQuestions.org/Espanol
- ¿Por qué fue bautizado Jesús?
- ¿Por qué se bautizó Jesús? ¿Por qué fue importante el bautismo de Jesús? | GotQuestions.org/Espanol
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