En Jesucristo vemos como se extiende desde los cielos esa mano de Dios, reflejando su carácter tenaz, fiel, puro, santo, inmutable de Dios, de su Palabra, de sus promesas, y traspasa nuestros pecados, dudas, temores, pruebas o tentaciones. O sea, no hay nada que lo pueda detener, llevándonos y estableciendo nuestros pies, nuestra vida en la roca de su Palabra.