¿Cómo vencer la timidez?

Quizás has estado ahí, con una fuerte convicción de compartir el Evangelio con tus compañeros de estudio o trabajo pero te embarga la timidez, y es como si fuera un efecto paralizante que te llena de temor, de repente te sientes insegura y no puedes dar el paso.

Tal vez esto te sucede solo a veces o quizás te pasa todo el tiempo y es muy probable que hayas llegado al punto de creerte que es parte de tu personalidad. No lo habías notado pero la timidez define todo lo que eres, cómo te relacionas, la silla donde te sientas (siempre detrás). Ese sentido de inadecuación y vergüenza ha silenciado tu voz en las conversaciones y te ha mantenido al margen de las cosas que suceden a tu alrededor.

Muchos han llegado a pensar que la timidez es simplemente una forma de ser o un rasgo de la personalidad, muchos creen que una joven tímida es simplemente una persona callada, pero si vamos a la definición podemos observar que:

La timidez es la sensación de inseguridad o vergüenza en uno mismo que una persona siente ante situaciones sociales nuevas y que le impide o dificulta entablar conversaciones y relacionarse con los demás.

La timidez no proviene de Dios

Ni la inseguridad ni la vergüenza provienen de Dios, estas no son características de Su persona ni de Su carácter. De hecho en una ocasión un hombre mayor (Pablo) al exhortar a un joven (Timoteo) le explica Dios no le ha dado un espíritu de timidez o cobardía. Míralo en 2 Timoteo 1:7

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7

Y la palabra “cobardía” en ese texto podría ser sinónimo de timidez, miedo, vergüenza, temor, debilidad y fragilidad. ¿No es exactamente todo eso lo que te paraliza?

La timidez no es dada por Dios, es el resultado de poner nuestra mirada en nosotras mismas, nuestras debilidades e incapacidad. Nos ocurre cuando toda nuestra atención está sobre nosotros y tememos hacer el ridículo y fallar delante de la gente.

Esto quiere decir que la timidez se alimenta de nuestro orgullo y del temor a los hombres. Así que identificar el pecado detrás de la timidez nos puede ayudar a arrepentirnos, porque si quitamos el foco de nosotras mismas, la timidez no podrá hacernos sentir pequeñas e incapaces.

Y ya estando claras que Dios no nos ha dado un espíritu de timidez podemos ver lo que Él sí nos ha dado. Veamos la segunda parte del versículo:

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7

Dios te ha dado poder

En el momento en que nacimos de nuevo obtuvimos el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos. Ese poder no solo está a nuestro alcance sino que está dentro de nosotros en la persona del Espíritu Santo. Si solo miras tu propia capacidad encontrarás razones para hundirte en la timidez, pero si confías en el poder sobrenatural de Dios encontrarás la capacidad que necesitas para vencer toda vergüenza y compartir tu fe.

Dios te ha dado amor

¿Por qué Pablo enfatiza que Dios nos ha dado de su amor? Porque el perfecto amor echa fuera todo temor (1 Juan 4:18), no hay inseguridad ni vergüenza en un corazón que ha sido llenado del amor de Dios. No hay complejos porque en la cruz encontramos satisfechas todas nuestras necesidades. Su amor cubre todo mi pecado y me capacita para compartirlo con otros.

Dios te ha dado dominio propio

Cuando Pablo se refiere a dominio propio está hablando de autodisciplina, al control  que podemos tener de nosotros mismos. Antes el pecado nos gobernaba a su antojo pero la victoria de Cristo en la cruz es nuestra y nos otorga el poder de hacer morir las obras de la carne en nosotros. ¡Ahora podemos avanzar sin miedo!

La próxima vez que la timidez quiera controlarte recuerda que tienes a tu disposición en el banco de la fe los recursos que necesitas para vencerla y para ser testigo de Cristo.

Y para poner esta publicación a color quiero compartirte un testimonio de una mujer joven que ha vivido esto en carne propia, su nombre es Sarah Jerez:

He luchado casi toda mi vida con la timidez. Suena bonito ponerlo asi. “Soy tímida” es una buena excusa para todo y suena muy inocente y natural. Pensaba que simplemente era mi personalidad y me escondía detrás de eso. El no querer saludar, el no querer hablarle a la persona pasando por una dificultad, el no querer hablar o cantar en público - todo lo atribuía a mi timidez. Hasta que el Señor me confrontó con mi pecado. Lo llamo pecado porque la timidez en mi vida era solo un síntoma de condiciones pecaminosas de mi corazón  — incredulidad de las verdades y promesas de Dios, temor al hombre, orgullo y egocentrismo. La timidez fluye de un corazón enfocado en sí mismo, en vez de estar enfocado en Dios, Su verdad y en amar genuinamente a los demás.

Así que, a medida en que recuerdo quien soy en Cristo Jesús, el maravilloso Evangelio que me ha salvado, la gracia y amor en el cual estoy firmemente parada, y el propósito por la cual estoy en la tierra, la timidez se empieza a disipar y convertir en un poderoso caminar liberador de fe, amor y obediencia.

Medita en el amor de Cristo mientras escuchas a Sarah declarar estas verdades.

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Sobre el autor

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés, madre de Josué y Samuel, portadora de un ferviente anhelo por llevar el evangelio a las siguientes generaciones. Forma parte del ministerio para mujeres Aviva Nuestros Corazones, administrando los blogs Mujer Verdadera y Joven Verdadera. Además supervisa el área de Media. Actualmente está cursando un M.A. en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Escribe en Aviva Nuestros Corazones, en su blog personal y contribuye en Coalición por el Evangelio.

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