Examina tu fe

Recientemente durante un viaje que realicé tuve que contar mi testimonio de conversión y mi mente iba automáticamente a mi infancia, a pesar de no haber nacido en un hogar completamente cristiano escuché de Dios desde muy pequeña.  

Durante un retiro al que asistí al preguntar quién quería recibir  a Cristo levanté mi mano e hice “la oración del pecador” y  llegué a mi adolescencia haciendo lo que se supone hace un cristiano, asistía a la iglesia regularmente, tenía varias Biblias en mi casa, me sabía los himnos y los cantaba con entusiasmo, oraba por las noches sobretodo cuando tenía alguna necesidad, me bauticé y me creía una buena persona, estaba consciente de ciertos pecados en mi vida pero como no había matado a nadie, ni robado un banco… de seguro no podía ser tan mala...o por lo menos eso pensaba; me sentía cómoda en esa posición.

Con el paso de los años empecé a tomar malas decisiones y apartarme pero aún allí no sentía gran peso por mi pecado, siempre lo justificaba y lo racionalizaba, ante mis ojos nunca era tan malo como el de las otras personas y así viví por algún tiempo…

Gracias a Su misericordia años después el Señor me encontró y me alcanzó, estando ya casada y con dos hijos pequeños, Él usó esta etapa de mi vida para atraerme y mostrarme de una manera clara mi naturaleza pecaminosa y mi necesidad imperante de Su salvación.

Pero déjame regresar al principio...fue hasta hace unos días, durante este viaje, que comprendí que no fui una seguidora  de Cristo en mi adolescencia.  Mientras  le contaba parte de mi historia a alguien y las malas decisiones que tome, esta persona me preguntó: ¿pero tú leías tu Biblia? ¿le buscabas intencionalmente?  Y la verdad es que no, la leía en la iglesia pero no sentía un anhelo por leerla, yo no tenía una relación personal con Jesucristo y mi vida a pesar de tener un comportamiento culturalmente cristiano no podía producir frutos agradables a Él.

Todo era externo, yo no había nacido de nuevo.  Hacía todo lo que un cristiano hace...pero me faltaba Cristo. Yo no trataba de parecer cristiana para engañar a los demás, pero no me daba cuenta que la engañada en realidad era yo misma. Pasé gran parte de mi vida en un lugar peligroso, donde no hay espacio para el arrepentimiento.

Cuando tú vives alejada de Dios, sabiendo que le hay y sin detenerte a pensar en Él,  tu ignorancia e indiferencia te pone en peligro, pero no hay una posición más terrible que creer que le perteneces y construir para ti misma una idea de seguridad en todos estos rituales que te hacen estar tranquila, pero que a la misma vez te alejan e impiden acercarte genuinamente a Él y entregarle tu vida por completo.

Si estás leyendo esto hoy, detente por un momento y evalúa en qué posición te encuentras, por favor no des por sentado que conoces a Cristo y le sigues solo porque tus padres son cristianos o porque asistes a tu iglesia local y participas en las reuniones de jóvenes o tal vez porque sigues muchas páginas cristianas en Facebook o Instagram y eso te hace leer versículos bíblicos y artículos relacionados a la vida cristiana diariamente.  Eso no te hace su hija y no es que haya algo de malo en estas cosas,  pero puedes estarte perdiendo de lo realmente importante y distrayendo en cosas que no te llevan en sí mismas a una verdadera relación con Cristo.

La Biblia nos llama a examinar nuestro propio corazón, fíjate cómo Pablo lo dice aquí:

Examínense para saber si su fe es genuina. Pruébense a sí mismos. Sin duda saben que Jesucristo está entre ustedes; de no ser así, ustedes han reprobado el examen de la fe genuina. (‭2 Corintios‬ ‭13‬:‭5‬)

Así que toma un momento y pídele al Señor que te muestre tu condición, que te permita con la ayuda de Su Espíritu saber si solo estás cumpliendo con esta serie de actividades.

Ahora soy miembro de mi iglesia local, canto himnos con entusiasmo, oro con frecuencia, hago básicamente las mismas cosas que antes, pero mi motivación es diferente.  No las hago porque soy muy buena y es lo que se espera de mí, sino que ahora reconozco mi naturaleza pecadora  y la gracia que me ha sido otorgada, y aprovecho todos estos medios para conocer a Aquel que por puro amor murió por mí y cambió mi eternidad.  Todos estos recursos están allí para ti, pero tu necesidad más grande ya fue cubierta por Cristo, no necesitas hacerlos para ganarte su aprobación, al contrario porque Él te ama y te llama Su hija te ha provisto de herramientas para acercarte a Él.   

En la carta a los Colosenses, Pablo nos da una idea de cómo luce una vida cuando es impactada por el Evangelio, mira cómo se dirige a ellos,

“Siempre oramos por ustedes y le damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque hemos oído de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todo el pueblo de Dios. Ambas cosas provienen de la firme esperanza puesta en lo que Dios les ha reservado en el cielo. Ustedes han tenido esa esperanza desde la primera vez que escucharon la verdad de la Buena Noticia. Esa misma Buena Noticia que llegó a ustedes ahora corre por todo el mundo. Da fruto en todas partes mediante el cambio de vida que produce, así como les cambió la vida a ustedes desde el día que oyeron y entendieron por primera vez la verdad de la maravillosa gracia de Dios.” ‭‭Colosenses‬ ‭1:3-6‬ ‭NTV‬‬

Es tan claro que la llegada del Evangelio a tu vida produce un cambio, pero no es resultado de tu esfuerzo en cumplir con la vida cristiana o con lo fiel que seas a seguir las tradiciones, sino ese cambio de vida se da desde el día que oyes y entiendes por primera vez la verdad de la maravillosa gracia de Dios.  

Si sientes que tu vida no da esos frutos de los que Su palabra habla, si como me pasó a mi te crees muy buena pero sigues tomando las mismas decisiones y no hay transformación en ti, es posible que aún no hayas creído las Buenas Nuevas de Salvación, si es así, ora al Señor para que El abra tus ojos al Evangelio, busca a tus padres o a alguna hermana madura en tu iglesia y pide consejo.  Yo escuché el Evangelio muchas veces, pero no entendía la gracia de Dios, fue hasta que, gracias a Su Espíritu, comprendí que no necesitaba haber matado a alguien para ser enemiga de Dios, que toda mi naturaleza está teñida por el pecado y lo que merezco es la muerte, que pude verdaderamente arrepentirme de mis pecados y recibir salvación.  Mira como continúa el texto...

“Ustedes se enteraron de la Buena Noticia por medio de Epafras, nuestro amado colaborador; él es un fiel servidor de Cristo y nos ayuda en nombre de ustedes. Nos contó del amor por los demás que el Espíritu Santo les ha dado. Así que, desde que supimos de ustedes, no dejamos de tenerlos presentes en nuestras oraciones. Le pedimos a Dios que les dé pleno conocimiento de su voluntad y que les conceda sabiduría y comprensión espiritual. Entonces la forma en que vivan siempre honrará y agradará al Señor, y sus vidas producirán toda clase de buenos frutos. Mientras tanto, irán creciendo a medida que aprendan a conocer a Dios más y más.”

‭‭Colosenses‬ ‭1:7-10‬ ‭NTV‬‬

El pertenecer a la familia de Cristo nos provee de hermanos, servidores fieles que pueden ayudarnos,  fíjate cómo Epafras fue la persona que les contó la Buena Noticia.  Allí es donde puedes encontrar una mentora que te guíe en tu estudio de las escrituras y te apoye en oración pidiéndole al Señor por sabiduría y comprensión espiritual para ti.  Tenemos una firme esperanza en Cristo, pero no puedes esperar frutos sin conocerle...

Esta es una de las ecuaciones  en que el orden de los factores si altera el producto, oyes las Buenas Nuevas y entiendes la maravillosa gracia del Señor, entonces la forma en la que vives cambia y empiezas a producir toda clase de buenos frutos y vas creciendo a medida que aprendes a conocer a Dios más y más.

Es mi oración que no te quedes en la misma posición en la que yo permanecí, tratando de dar todos esos frutos en mis propias fuerzas sin descansar en la obra de Cristo a mi favor sino que puedas entender Su gracia y ella a través de Su Palabra empiece a producir una verdadera transformación en ti.

Descarga este dibujo que puedes colorear mientras meditas en esta verdad.

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Sobre el autor

Mary Bonilla de Lorenzana

Mary Bonilla de Lorenzana

Reside en la ciudad de Guatemala, está casada con Roberto Lorenzana con quien tiene dos hijos, Roberto y Sofía. Grandemente agradecida con el Señor por permitirle el privilegio de ser esposa y mamá a tiempo completo. Le gusta mucho compartir tiempo en familia, cocinar, pintar y las manualidades.

Apasionada por aprender y equiparse para esta encomienda de ser madre y esposa, disfruta mucho leer libros relacionados a temas de matrimonio y de crianza cristianos. Actualmente está estudiando una concentración en Consejeria Bíblica. Su anhelo es nunca apartarse de La Verdad, atarla a su cuello, escribirla en la tabla de su corazón y darle la gloria al Señor con su vida.

Es miembro activa de la Iglesia Sembradores de Vida y junto a su esposo sirve en algunos ministerios dentro de la misma.

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