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P: Frente a tanta oscuridad, ¿pueden los cristianos marcar una diferencia?

Terrorismo.
Abuso infantil.
Cáncer.
Violencia doméstica.
Guerra.
Genocidio.

Muchas veces ni siquiera tenemos que salir a buscar estas historias. Aparecen una tras otra en nuestras pantallas: una guerra, una desaparición, una nueva denuncia de abuso, otra tragedia. Frente a tantas noticias, podemos sentirnos abrumadas, insensibles o culpables por continuar con nuestra vida cuando otras personas están sufriendo.

La lista de cosas terribles que pasan en nuestro mundo parece no terminar. Vivimos en un mundo quebrantado por el pecado. Satanás, a quien la Biblia llama «el príncipe de la potestad del aire» (Ef. 2:2), obra en oposición a Dios; pero también nuestros propios corazones caídos y los sistemas humanos contribuyen al dolor y la injusticia que vemos a nuestro alrededor.

Cuando vemos tanta oscuridad a nuestro alrededor, es fácil sentir que no hay mucho que podamos hacer. Podemos caer en el desánimo y preguntarnos si el pueblo de Dios realmente puede marcar alguna diferencia frente a problemas tan grandes.

Pero antes de concluir que no podemos hacer nada, necesitamos preguntarnos: ¿qué dice la Palabra de Dios?

La esperanza definitiva

Por más poderoso que algo o alguien parezca, Dios sigue teniendo la última palabra. Ninguna nación, gobierno, institución o gobernante se encuentra fuera de la autoridad de Dios. Aunque por un tiempo Él permita que el mal avance y no siempre comprendamos Sus propósitos, nunca ha perdido el control. Él limita el mal, juzga con perfecta justicia y ha determinado el día en que acabará definitivamente con el pecado, el sufrimiento y la muerte.

Él ha prometido que las tinieblas no prevalecerán:

«Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: “El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos.Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”». -Apocalipsis 21:1-4

Esa es nuestra esperanza definitiva. El dolor, la injusticia y la muerte que vemos hoy no tendrán la última palabra.

Una misión en medio de la oscuridad

Después de Su resurrección, antes de ascender al Padre, Jesús llamó a todos los cristianos a llevar Su luz en medio de la oscuridad:

«Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado». -Mateo 28:18–20

Jesús no nos dejó una lista de cosas que hacer simplemente para mantenernos ocupadas. Él envió a Su Iglesia a ser parte de Su misión: alcanzar a los perdidos y enseñar Su Palabra.

Dios no ha abandonado el mundo que creó. Tampoco es indiferente al dolor y a las injusticias que viven tantas personas. Él ha enviado a Su Iglesia como embajadora de la verdad en un mundo que la necesita desesperadamente.

Mientras esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva, tenemos una misión clara:

  • Vivir como hijos de luz (Ef. 5:8).
  • Ser embajadoras de Cristo (2 Co. 5:20).
  • Hacer frente al odio amándonos unos a otros (Jn. 13:34–35).
  • Dar testimonio de Cristo y anunciar el arrepentimiento y el perdón (Lc. 24:46–48).
  • Hacer discípulos (Mt. 28:19).
  • Enseñar la Palabra (Mt. 28:20).
  • Consolar a quienes sufren (2 Cor. 1:3-4).
  • Dar a los pobres (Prov. 19:17).

Somos llamadas a vivir de una manera diferente, con vidas apartadas para Dios.

«Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. 

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos». -Mateo. 5:13–16

Pero ¿qué diferencia puede hacer realmente una sola vida entregada a Jesús? La historia de Graciela nos da una respuesta.

Graciela fue una de las seis mil mujeres que asistieron a la conferencia Mujer Verdadera en México a principios de 2020. Ella todavía no seguía a Jesús, pero algunas mujeres cristianas de su comunidad la habían invitado a asistir.

La conferencia terminó justo cuando el coronavirus comenzaba a propagarse por el mundo, y Graciela no pudo regresar a casa durante varias semanas. Durante ese tiempo, algunos cristianos en México la recibieron y comenzaron a discipularla diariamente.

Mientras el mundo cerraba sus puertas, el corazón de Graciela comenzaba a abrirse. Finalmente, rindió su vida a Jesús.

Cuando regresó a Colombia, los cristianos de su comunidad la rodearon y continuaron enseñándole lo que significa vivir como Cristo.

A los pocos meses, Graciela contrajo coronavirus. Meses después, Graciela enfermó de COVID-19 y finalmente murió. Pero la enfermedad no pudo arrebatarle la esperanza que había encontrado en Cristo. Ella ya no era la misma mujer. Dios la había transformado. Pasó sus últimos días hablando de lo que Él había hecho en su vida y orando por sus familiares y amigos que todavía no conocían a Jesús.

Entonces, ¿qué diferencia pueden hacer los cristianos? En la historia de Graciela, la diferencia fue eterna.

Fue Dios quien transformó su corazón, pero decidió usar las palabras, las invitaciones y el ejemplo de otros cristianos para atraerla hacia Él.

Ahora piensa en tu propia historia:

  • ¿Qué impacto tuvo el ejemplo de otros cristianos mientras llegabas a la fe?
  • ¿Quiénes te han animado a seguir a Cristo en momentos difíciles?
  • ¿Cómo te han ayudado otros cristianos a vivir tu fe?
  • ¿Dónde has visto a la iglesia marcar una diferencia real en tu comunidad?

La Iglesia sí está marcando una diferencia. El pecado y el sufrimiento continuarán presentes hasta el regreso de Cristo, pero el evangelio también seguirá avanzando y Dios continuará llamando a personas de toda nación para formar parte de Su pueblo. Pero mientras esperamos, tenemos una enorme responsabilidad y un gran privilegio: ser portadoras de esperanza en un mundo que necesita desesperadamente a Jesús.

No somos la esperanza del mundo; Jesús lo es. Tampoco podemos reparar por nuestra cuenta todo lo que el pecado ha quebrantado. Pero Cristo resucitó, reina y ha decidido obrar por medio de Su Iglesia. Cada vez que anunciamos el evangelio, acompañamos al que sufre, confrontamos el mal, damos con generosidad o hacemos discípulos, damos testimonio de un Reino que ya ha llegado y que un día será visible en toda su plenitud.

BUSCA RESPUESTAS EN LA PALABRA DE DIOS

  • Lamentaciones 3:21–23
  • Isaías 65:17–19
  • 2 Pedro 3:10–13

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