La verdad detrás de las excusas para no buscar a Dios

¡Qué bueno que estás aquí! Si te llamó la atención este artículo es muy probable que andes buscando la razón por la que siempre excusas tu falta de búsqueda de Dios. Quiero que sepas que no estás sola en esa lucha, hoy queremos animarte a mirar al lugar correcto para obtener la victoria que tanto andas buscando. Cristo es el centro de nuestra búsqueda, no los métodos ni las disciplinas, así que, ¡ya basta de excusas! Explora esta publicación que es la culminación de una conversación con Angélica Rivera que inició en el podcast hace unas semanas. –Betsy Gómez

«Así dice el Señor: no se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; más el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce». -Jeremías 9:23-24a 

En la mayoría de las ocasiones vamos corriendo detrás de muchas cosas, pero lo único que perdura y por lo cual vale la pena enfocarse está en Dios. Tenemos muchas actividades en el día a día: trabajo, tareas, proyectos, quehaceres… y olvidamos para quién debemos hacer todas estas cosas. 

«Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua». -Salmos 63:1 

¿Es así nuestra búsqueda de Dios? La verdad es que la mayoría de los cristianos hemos sentido pereza a la hora de practicar las disciplinas espirituales y esto no significa otra cosa más que no amamos a Dios ni lo anhelamos como Él espera. Debemos arrepentirnos. Aún así, Dios nos las ha dado como medios de gracia en este tiempo de peregrinaje espiritual para que le conozcamos y nuestras almas puedan deleitarse y ser saciadas en Él. Y el resultado de practicarlas, por la misericordia y bondad de Dios, es una vida plena que da mucho fruto.

¿Qué son las disciplinas espirituales? 

Dentro de estas disciplinas podemos mencionar la oración, la lectura y meditación de las Escrituras, la adoración, el ayuno y otras más. Estos medios de gracia son regalos del Señor para nuestro crecimiento espiritual y dependen del obrar del Espíritu Santo. Pero aunque dependen de la obra del Espíritu en nosotras, cada creyente es el responsable de ejercitarse para la piedad, haciendo uso de estos instrumentos de gracia.

Pablo le dice a Timoteo: «Disciplínate a ti mismo para la piedad» (1Tim. 4:7), y escribiendo a los Corintios les advierte: «No saben que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corran de tal modo que ganen.Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire,sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado» (1 Co. 9:24-27).

Se nos motiva a vivir la vida cristiana de una manera enfocada, disciplinada, quitando todo aquello que me pueda ser de estorbo, mirando siempre hacia la meta, cuidando mi caminar con Dios de tal manera que no solo llegue, sino que llegue bien; que no solo diga que soy cristiana, sino que viva la vida cristiana como Dios la planeó, dando mi todo. 

Sabemos que ya no tenemos que hacer obras para ser salvas, Cristo lo hizo todo; pero ahora, en agradecimiento por una salvación tan grande, lo único que debería anhelar hacer es vivir para aquel que me amó de tal manera que entregó Su vida por mí. Al final, mi premio mayor es Cristo, quiero atesorarlo a Él. 

Sin embargo, a la hora de poner en práctica estas disciplinas espirituales tenemos muchas excusas, entre ellas podemos mencionar las siguientes: 

No tengo tiempo para Dios. La verdad es que siempre tenemos tiempo para lo que realmente queremos. Decir que no tenemos tiempo revela que Dios no es nuestra prioridad. Si nos organizamos, encontraremos el tiempo. Así que analiza en qué usas tu tiempo, y decide quitar aquellas cosas que no son esenciales. 

«Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef. 5:15-16).

Es aburrido, no me da deseo de buscar a Dios. El problema no está en Dios, porque Dios no es aburrido. El problema es que no conocemos a Dios, si lo conociéramos no dejaríamos de buscarle, porque Él es el más interesante y extraordinario, del cual seguiremos aprendiendo aquí y en la eternidad. Y lo mejor es el corazón tierno, compasivo y cercano que encontramos en Él. 

«Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas» (Mt. 11:29).

No sé cómo orar, no sé cómo leer la Biblia. Nadie nace sabiendo cómo estudiar la Biblia y orar, pero mientras más practiquemos estas disciplinas, mejor lo haremos. Puedes comenzar intentando orar los salmos, porque allí encontramos las oraciones de hombres y mujeres que derramaban sus corazones delante de Dios. Orar es tratar de expresar de una manera sencilla a nuestro Dios lo que está en nuestro corazón. Si quieres aprender a orar, puedes acercarte a una hermana más madura en la fe y pedirle que te enseñe a orar y estudiar la Palabra.

Yo tengo todo bajo control, no necesito ahora mismo a Dios. Muchas veces no lo decimos, pero eso es lo que comunicamos cuando intentamos manejar nuestro día a día sin Dios. Creemos que tenemos todo controlado, que podemos manejar nuestras situaciones, que no necesitamos a Dios, pero la realidad es que le necesitamos más que a nada en este mundo. 

Así que, busca la manera de aprender cómo hacer un mejor uso de estas disciplinas porque serán de enorme bendición para tu alma y vive conforme a lo que dices creer. 

Vive conforme a lo que dices creer

Con mucha frecuencia me encuentro con jóvenes que, al estar tanto tiempo en la iglesia, saben todas las respuestas, conocen la forma de hablar y comportarse en ciertos círculos, pero no viven conforme a lo que dicen creer; y esa ley que conocen, pero no practican, se convierte en un lazo. 

La ley de Dios, cuando es atesorada y practicada, trae libertad y plenitud. Cuando Dios nos dio su ley, no lo hizo para restringirnos el placer; al contrario, para cuidarnos de las heridas del pecado y darnos una vida donde tengamos un verdadero gozo. Su ley es la ley de la libertad. 

Debemos hablar verdad a nuestra alma y predicarnos a diario el evangelio, de manera tal que al exponernos a la Palabra, ella nos transforme. Debemos tener vidas más reflexivas, vivir en una introspección continua, analizando nuestras vidas, motivaciones y acciones, para buscar vivir una vida que camine en integridad, siendo las mismos en cualquier lugar, sabiendo que siempre estamos ante la presencia de Dios, y a Él es a quien daremos cuenta. 

Creo que uno de los males de esta generación es la falta de profundidad y mucho de esto se debe a la falta de reflexión y meditación. El hecho de ser joven no te es excusa para vivir de una manera irresponsable. De hecho, la Biblia dice en 1 Timoteo 4:12: «No permitas que nadie menosprecie tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza».

Así que, atrévete a ser diferente en medio de una generación rebelde que ha decidido darle la espalda a Dios. No te afanes con las cosas de este mundo, en lugar de eso, busca a Dios con afán y sé ejemplo mostrando a otros lo que crees con tu vivir. 

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Sobre el autor

Angélica Rivera

Angélica Rivera

Angélica es diaconisa en la Iglesia Bautista Internacional, República Dominicana. Ella es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y tiene un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary a través del programa Seminary Wives Institute. Está casada con el … leer más …

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