Lo que debes decir cuando te miras en el espejo

¿Tienes notitas pegadas en tu espejo? Quizá te identificas con alguna de estas: 

  • «Recuerda maquillarte ambos ojos».
  • «No consumas tantas calorías».
  • «Date prisa. ¡Ya vas tarde!».
  • «Siempre toma las escaleras».
  • «Eres bella por dentro y por fuera… pero mejor maquíllate por si acaso».
  • «Tu inteligencia brilla más cuando haces las cosas para ti misma y no para otros». 
  • «Las personas que no entienden tu valor no merecen tu atención».

Sin duda, tú, como mujer joven viviendo en este tiempo, te encuentras con muchos mensajes que el mundo dicta que «debes decirte cuando te miras en el espejo». 

¿Habías considerado que la Palabra de Dios también tiene mensajes para ti que debes decir en el espejo? De hecho, ¡está llena de verdades que debes predicarte todo el tiempo! Pero de manera específica, quiero invitarte a considerar lo que Pablo dice a los corintios al principio de su primera carta para ellos. Parece como si él quisiera que escribieran ciertas verdades en los post-it de su espejo. Si tienes un momento, lee el primer capítulo de la primera carta a los corintios y revisa conmigo lo que considero que Pablo quiere que te digas en el espejo…

1. Soy pobre, pero en Cristo he sido enriquecida en gracia. 

A lo largo de la carta a los corintios, hay indicaciones de que los hermanos de esta iglesia confiaban mucho en sus riquezas terrenales para darles posición y estabilidad. De hecho, entre otras cosas, menospreciaban a Pablo por su pobreza. Pero Pablo quiere que entiendan que en realidad son pobres en sí mismos. Esta es su condición natural. Y la única riqueza que realmente importa es la espiritual. 

Cuando te miras en el espejo, ¿permites que tu situación socioeconómica afecte tu sentido de identidad? Si es así, no has comprendido quién eres realmente en Cristo. Sí, eres rica si has puesto tu fe exclusivamente en Cristo y has sido hecha partícipe de Su muerte y resurrección. Eres de Cristo, y en Él tienes la riqueza de gracia en todas las áreas en las que la necesitas. Tienes dones espirituales, provisión espiritual y conocimiento espiritual. Pero para valorar esto como parte de tu identidad, necesitas descartar lo material como verdadera riqueza.

2. Soy necia, pero en Cristo tengo la verdadera sabiduría.

Al parecer, los corintios valoraban mucho cierto tipo de conocimiento, y ellos buscaban señales específicas de sabiduría. Pablo quería tumbar sus ideas de lo que significa ser sabio y tener conocimiento. 

Hay personas dotadas con habilidades increíbles para lucirse y sonar mega inteligentes. Tengo amigos queridos que pueden inventar un «rap» sin pensarlo dos veces. ¡Es un talento muy útil para reírse un rato entre amigos! Pero, ¿la verdadera sabiduría? Esa solo la da Dios por medio de Su Hijo.

Cuando te miras en el espejo, ¿mides tu utilidad o conocimiento en términos humanos de niveles académicos o habilidades verbales? Si tienes a Cristo, tienes la verdadera sabiduría. Conocer a Cristo es crecer en una sabiduría y un conocimiento que perdura para siempre; transforma quién eres desde dentro hacia fuera. 

3. Soy débil, pero en Cristo encuentro la verdadera fortaleza. 

Ya me puedo imaginar las expresiones en las caras de algunos de los miembros de la iglesia en Corinto cuando se leyó en voz alta por primera vez esa parte de 1 Corintios 1:27 que dice que lo débil de este mundo (o sea, ellos mismos, los corintios) escogió Dios para avergonzar a lo fuerte (los del mundo a quienes ellos querían impresionar). Estas palabras no fueron las que los corintios querían escuchar porque no cuadraba con su «identidad» que habían forjado. 

Cuando te miras en el espejo, ¿desprecias cualquier señal de debilidad? ¿Luchas en contra de esa debilidad e intentas esconderla de otras personas? Si te crees fuerte o anhelas ser conocida como fuerte, ¡estás entre los que Dios quiere avergonzar! ¿Con qué fin? Con el fin de que reconozcan su debilidad y corran hacia la única fuente de fuerza. Ten la valentía de mirarte en el espejo, reconocer tu debilidad, y pedirle a Dios que te use en tu debilidad para avergonzar a los «fuertes» y apuntarlos a Cristo. 

4. Soy vil, pero en Cristo he sido hecha santa.

Los cristianos de hoy somos igualitos a los corintios, queremos emanar imagen de buenos cristianos. Muchos fuimos criados siendo premiados por buena conducta y regañados por cosas que «no agradan a Dios». La buena conducta debe caracterizarnos, y las acciones pecaminosas deben ser abandonadas. Sí, pero sin el fundamento de las verdades del evangelio, lo que logramos es moralismo y legalismo. Deseamos más la imagen de santidad que la santidad misma. 

La verdad es que tú y yo somos viles. La verdad es que la santidad es principalmente una posición que tenemos en Cristo. Esas dos verdades del evangelio nos colocan en nuestro lugar correcto y cuando nos las decimos en el espejo, tienen un efecto transformador porque nos humillan y nos quitan de encima el peso de tener que convertirnos por nuestras fuerzas en algo que solo logramos en Cristo. 

En 1 Corintios 1, Pablo habla de locura y cómo Dios hace las cosas al revés de lo que nosotras esperamos. Pero ¿cuál es el fin de toda la «locura» de Dios al hacer las cosas «al revés»? «Que nadie se jacte en Su presencia», sino que «el que se gloría, que se gloríe en el Señor» (2 Co. 1:29 y 10:17). 

«¡Gloríate en el Señor!». No se me ocurre ninguna frase mejor para el siguiente post-it en tu espejo. 

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Sobre el autor

Susi Bixby

Susi Bixby

Tiene 21 años de casada con Mateo, y ama a sus tres regalos de Dios: Aaron, Ana y David. Deseando vivir el diseño de Dios para su vida, dedica la mayor parte de su energía a su familia. Es esposa de pastor en la Iglesia Bautista la Gracia en Juárez, Nuevo León, México y colabora en la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, México. Le encanta estudiar y compartir la Palabra de Dios porque es “viva y eficaz” para perfeccionar a cada creyente. Puedes escuchar su podcast de Crianza Reverente en www.crianzareverente.com y leer artículos suyos en www.palabraygracia.com

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