Por qué las reglas no son suficientes para guardarte en pureza

Recientemente escuché de una chica que estaba luchando por guardarse en pureza. Ella estaba iniciando una relación a distancia con un muchacho. Después de su primer fin de semana de visita, ella escribió:

La tentación física es tan real. Incluso lo más pequeño puede encender un fuego en mi corazón…Es una guerra con la que no me había dado cuenta que batallaría. Me hubiera gustado estar más preparada para guardar nuestros corazones en los momentos en que estaban corriendo velozmente.

Puedo relacionarme con ella

Antes de que Trevor y yo nos casáramos, también estuvimos a distancia. Jamás voy a olvidar mi primera visita para pasar tiempo con él durante Navidad. A diferencia de esta chica, yo sí había anticipado que iba a ser físicamente difícil. Así que me puse un par de reglas desde antes de abordar el avión

1.    No recostarnos en posición horizontal.

2.    No besos en los labios.  

Y mientras que técnicamente no rompí ninguna de esas dos reglas en esa primera visita, me encontré a mí misma coqueteando en los mismos bordes de esos límites, como un colibrí volando cerca del dulce néctar. Guardé “la letra de la ley” mientras ignoraba “el espíritu de la ley”. Guardé mis reglas literales pero no la intención detrás de las reglas: pureza, para poder ver y deleitarme en Dios (Mat. 5:8).

Muy pronto se hizo extremadamente obvio: Las reglas no van a funcionar para guardarme pura. Por ejemplo, si yo me hubiera puesto un límite, “No voy a estar en la recamara con él con la puerta cerrada”, mi carne seguramente habría rebatido, “Está bien, entonces voy al garaje”.

El pastor y teólogo Gerald Hiestand describe esto muy bien cuando dice, “A cada límite objetivo se le puede sacar la vuelta con la creatividad inspirada por el pecado”.

Colosenses 2:20–23 también explica que los límites y reglas no son suficientes para guardarnos de hacer el mal. En nosotras mismas, no somos capaces de llegar a la raíz del problema—estas no se ocupan de librarnos del golpe mortal de nuestras pasiones impías y deseos.

Entonces, ¿qué se debe hacer?

Primero, como 1 Corintios 6:18 dice, “Huid de la fornicación”. ¡Ponte tus tenis de correr y salta  a toda velocidad como loca! No solo corras de la inmoralidad sexual. Corre hacia Cristo.

●     Huye de la de inmoralidad sexual y corre hacia Cristo, en quien cada tesoro está escondido.

●     Pide a Dios que te envíe Su espíritu para ayudarte a reconocer y a despreciar tu pecado.

●      Sé agresiva con tu pecado. No solo lo destierres; ¡córtale la cabeza!

No estoy diciendo que no hay lugar para las reglas en las relaciones. Pero si pones reglas, no dependas solo en ellas para guardarte pura. No eres lo suficientemente fuerte como para luchar con tus pasiones impías en tu propia fuerza. Corre a Cristo. Solo Él es suficientemente fuerte.

¿Qué hay de ti? ¿Has puesto algunas reglas o límites para cuando comiences a relacionarte con un chico? ¿Si es así, qué vas a hacer cuando tu carne no coopere con tus buenas intenciones? Únete a la conversación en la sección de comentarios.

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Sobre el autor

Paula Hendricks Marsteller

Paula Hendricks Marsteller

Paula se graduó del Instituto Bíblico Moody en 2005 con una licenciatura en Comunicación Impresa. Dos semanas más tarde, ella comenzó a trabajar en Revive Our Hearts, donde actualmente se desempeña como Directora de Redacción y Editorial. Su primer libro, "Confessions of a Boy-Crazy Girl", fue programado para ser lanzado en septiembre del 2013. Cuando no está blogueando, la encontrarás su andar con gente que satisface su insaciable deseo de hacer preguntas.

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