¿Por qué no es suficiente todo lo que hago?

«Debería practicar este nuevo hábito…Tal vez sería bueno que evite ciertas cosas…Voy a dejar de hacer esto o aquello porque no habla bien de mí…Quizás debería considerar hacer esto o lo otro…A lo mejor debería despertarme media hora más temprano para que mi tiempo de lectura sea más largo y provechoso…¿En qué estoy fallando que me impide lograr crecer espiritualmente?».

¿Cuántos de esos pensamientos han pasado por tu mente? Bueno, ¡por mi mente han pasado constantemente todas estas cosas y más! Tal vez estás cansada de intentarlo tanto y aun así sientes que no es suficiente. Hoy quiero que me acompañes en un breve paseo por Gálatas 5. Me encantaría compartir contigo lo que Dios me habló en este hermoso capítulo sobre la libertad que Cristo ganó para nosotras.

«Para libertad fue que Cristo nos hizo libres. Por tanto, permanezcan firmes, y no se sometan otra vez al yugo de esclavitud» (v. 1).

Este versículo es una excelente introducción para el resto de lo que Pablo nos dice en el capítulo. Cuando Jesús nos salva, no solo nos libra de nuestros pecados, también nos libera de tener que vivir la vida perfecta que jamás podremos lograr. Tristemente, el pecado que aún mora en nosotras, nos empuja a vivir nuestras vidas dependiendo de nuestras fuerzas y hábitos en un intento de agradar a Dios bajo nuestros propios esfuerzos.

Esto, querida joven, no es más que esclavitud. Es realmente muy noble pensar e implementar hábitos que nos acerquen más a Dios, sí, los hábitos espirituales son buenos y necesarios. Pero cuando empezamos a depender de ellos, poco a poco olvidamos para qué vino Cristo y por qué murió y resucitó.

En los versículos 2 al 7, Pablo les recuerda a los gálatas lo que significa depender de prácticas espirituales, que no son malas en sí mismas, pero que al final provienen de un corazón legalista que solo se enfoca en hacerlo tan bien como se pueda para agradar a Dios. Pablo dice en el versículo 6 al 9: «Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor. Ustedes corrían bien, ¿quién les impidió obedecer a la verdad? Esta persuasión no vino de Aquel que los llama. Un poco de levadura fermenta toda la masa».

No entraré en detalles sobre lo que es la circuncisión. Básicamente, lo que Pablo está diciendo aquí es que, en Cristo, lo que hagamos o dejemos de hacer no nos hace más aceptadas delante de Dios. Lo que más importa en todo este tema de vivir vidas que agraden a Dios es la fe que obra por el amor…pero, ¿qué significa eso realmente?

Déjame hacerte un par de preguntas: ¿Crees en lo que Cristo logró para ti? ¿Tu fe depende de lo que Él hizo por ti o depende de cuánto obedezcas, ores, leas la Biblia o practiques buenos hábitos? Amiga, la fe que obra por el amor es una fe viva que ha sido transformada por el amor de Jesús. Esto significa que ya no tenemos que obedecer para que Dios nos acepte, ¡sino que obedecemos porque ya, en Cristo, hemos sido amadas y aceptadas!

Cuando buscamos agradar a Dios por miedo a ser condenadas, por la presión de lo que otros piensan o por el deseo de parecer perfectas y que nunca se diga nada negativo de nosotras, todo esto es una clara muestra de que nuestra identidad está en lo que hacemos o dejamos de hacer, y no en Cristo ni en Su amor. Escribimos y nos imponemos una larga lista de «Haré esto» y «Dejaré de hacer esto»; nos volvemos legalistas y luego vivimos tristes, cargadas, frustradas porque queremos depender de nuestra propia justicia. Y no se trata solo de los hábitos visibles. Se trata de esos hábitos invisibles: lo que piensas, lo que haces en privado, lo que repites cuando estás sola. Ahí es donde realmente se forma tu corazón.

Y en este punto es donde muchas veces nos confundimos, porque pensamos que la solución al legalismo es dejar de esforzarnos tanto luego de entender que Dios no nos pide perfección. Pablo nos muestra algo mejor. Mira lo que dice el versículo 16: «Digo, pues, anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne…».

Amiga, la vida cristiana no se trata de tener los hábitos perfectos para lograr una vida perfecta. En Mateo 6:1, Jesús dijo: «Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos…». Hacer cosas espirituales o tener hábitos espirituales para que otros nos vean y digan cosas buenas de nosotras no es lo que Dios nos pide. Él quiere algo más profundo y provechoso: que andemos por el Espíritu. Y ese andar bajo el gobierno de Su Espíritu es lo que nos capacita para obedecerle por fe, creyendo en la perfección de Su sacrificio, y por amor, andando cada día en libertad al guardar Sus mandamientos, como nos dice el Salmo 119:45.

Joven verdadera, la pregunta que te hagas a ti misma no debe ser si estás fallando o no, sino:

  • ¿Qué está formando tu corazón… y hacia dónde te está llevando eso en realidad? ¿Te está acercando más a Dios —recordándote que Él es suficiente— o te está metiendo la idea en tu cabeza de que tienes que hacer más para que Él te ame?
  • Eso que haces cuando nadie te ve… ¿está formando una vida guiada por el Espíritu o una vida que solo sigue lo que siente en el momento?
  • Y seamos honestas: lo que consumes todos los días —lo que ves, lo que escuchas, lo que celebras— ¿está fortaleciendo tu fe… o la está apagando poco a poco?

Porque al final, lo que toleras, lo que alimentas y lo que normalizas… termina convirtiéndose en lo que deseas.

Porque no se trata de tener una lista más larga de cosas por hacer o dejar de hacer. Se trata de una vida que, poco a poco, está siendo transformada por el Espíritu de Dios.

Cuando caminamos en el Espíritu, nuestras vidas empiezan a reflejarlo. Poco a poco, Él produce en nosotras lo que nunca podríamos producir por nuestras propias fuerzas: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio (vv. 22–23). ¡Estos frutos no son el resultado de una vida perfecta, sino de una vida rendida!

Querida joven, En Cristo, ya no estás esclavizada a intentar ser perfecta. Has sido hecha libre para algo mejor: caminar en el Espíritu, depender de Su gracia y responder en amor. Y ese camino, aunque imperfecto, siempre te llevará a parecerte más a Él.

Ayúdanos a llegar a otras

Como ministerio nos esforzamos por hacer publicaciones de calidad que te ayuden a caminar con Cristo. Si hoy la autora te ha ayudado o motivado, ¿considerarías hacer una donación para apoyar nuestro blog de Joven Verdadera?

Donar $3

Sobre el autor

Lyan Rojas

Lyan Rojas nació en la República Dominicana. Disfruta de un buen libro con una taza de café, una buena conversación y compartir con amigos. Es licenciada en Psicología Educativa y trabajó como maestra durante 8 años. Actualmente está sirviendo como … leer más …

¡Hey chicas! Nos encanta escuchar de ustedes, pero nos sentimos limitadas por las formas en que podemos ayudarlas.

Si buscas consejo te animamos a hablar primero con tu pastor o una mujer piadosa en tu vida, ya que ellos sabrán más detalles de ti y te darán seguimiento y ayuda.Lo publicado en la sección de comentarios no necesariamente refleja el punto de vista de Aviva Nuestros Corazones.

Nos reservamos el derecho de remover opiniones que puedan no ser de ayuda o inapropiadas. Puede ser que editemos o removamos tu comentario si: * Requiere o contiene información personal como emails, direcciones, teléfonos. *Ataca a otras lectoras. * Utiliza lenguaje vulgar o profano.


Únete a la conversación