“Puedo dejarlo cuando yo quiera”

Uno de los resultados más tristes y alarmantes de la cultura sobre-sexualizada en la que tú estás pasando tu juventud es la cantidad exagerada de relaciones abusivas y conductas adictivas. Sharon, autora de “Mamá, ¿qué tiene de malo el sexo?”, usa su invaluable experiencia como consejera de chicas adolescentes para darnos herramientas que nos pueden ayudar a detectar relaciones y conductas dañinas. Quizá esto te pueda ayudar con una relación o actividad propia, o para ayudar a alguna amiga. Considera el contenido del capítulo diez de este libro, aquí resumido.

Marcia no puede terminar con su novio porque él sufre de depresión y amenaza con suicidarse si ella lo deja. Él la necesita.

Leah pasa horas del día posteando fotos propias y comunicándose con los hombres que la buscan por lo que ven en sus redes sociales.

Kayla consiente a las exigencias sexuales de su novio, aunque ella no quiere tener relaciones sexuales con él. No le puede decir que no porque él es todo para ella, más que su propia familia.

Estas tres muchachas están en relaciones adictivas. Dirían que están enamoradas quizá, pero confunden el ser necesitadas y deseadas con el amor. Intercambian su identidad: su cuerpo, alma y espíritu, por una relación (falsa en algunos casos). Han llegado a estar atrapadas con una sensación de impotencia no solo para vivir en la relación, sino para vivir sin ella.

Características de las relaciones o conductas adictivas

  • Habituales
  • Compulsivas
  • Reservadas
  • Aislantes

Una chica adolescente casi nunca salta a una relación o conducta adictiva. En cambio, toma decisiones que al principio cree que la llenan de amor, atención, poder y placer. Realmente está intercambiando su propia identidad por esa relación. Veamos estas cuatro características. En cada sección hay una breve explicación y preguntas para evaluar si pudieras estar en una situación así.

Los hábitos malsanos

Las relaciones adictivas se desarrollan cuando una conducta repetida se asocia con ciertos “beneficios” que trae. En el caso de Marcia, ella anhelaba la sensación de que la necesitaran, y dependía de su novio y su enfermedad para sentirse bien consigo misma. Ella solo tenía que ceder su tiempo, sus intereses, su libertad y su autonomía para sentirse especial y conectada con su novio.

  1. ¿Hay patrones repetidos en tus relaciones o actividades que te despojen de todo tu tiempo y energía?
  2. ¿Has abandonado otros intereses, relaciones o actividades por esta relación o conducta?
  3. ¿Tus amigos o familiares se quejan porque ya nunca pueden pasar tiempo contigo?
  4. ¿Tus amigos o familiares sugieren que alguien te manipula?
  5. ¿Podrías estar confundiendo la relación sexual y la intensidad con el amor?
  6. ¿Participas en actividad sexual con tu novio aunque no quieres?

La conducta compulsiva

La conducta compulsiva se alimenta al sentir que no tenemos opción. Kayla reveló la naturaleza compulsiva de su relación con su novio cuando dijo que consiente a sus exigencias sexuales, aunque no quiere. La combinación poderosa del placer y la pasión hacían que Kayla estuviera dispuesta a intercambiar sus verdaderos deseos y valores por la relación.

  1. ¿Alguna vez te sientes incómoda en tu relación o conducta y, sin embargo, te desesperas con solo pensar en abandonar la relación o detener la conducta?
  2. ¿Sientes que tu relación terminaría o se marchitaría sin la conducta sexual?
  3. ¿Alguna vez te prometiste a ti misma o a los demás qué dejarías la relación o la conducta, pero no has podido hacerlo?
  4. ¿Toda tu identidad se encuentra envuelta en esta relación o actividad?
  5. ¿Te aterroriza estar sola?
  6. ¿Tienes que hacer cosas que no quieres a fin de conservar la relación?
  7. ¿Tus amigos o familiares te han dicho alguna vez que esta relación no es buena para ti?

La adicción ocurre cuando “ingerimos” con regularidad una actividad que imita muy bien las cosas para las que fuimos creadas.

Guardar secretos

Las relaciones adictivas siempre requieren que guardemos secretos. En algún lugar, en lo profundo de su ser, una chica puede ser consciente de que está involucrada en una relación o conducta alarmante o malsana, pero cree que nadie más comprenderá, así que tiene que guardarlo en secreto. Por un lado, teme que, si reconoce lo que sucede en realidad, deberá abandonar la relación. Por otro lado, quiere aferrarse a la relación o conducta debido a las recompensas que trae. Vive cada vez más en un mundo privado, alejado de sus verdaderos deseos y de las demás personas porque no puede divulgar sus secretos.

  1. ¿Esta relación o actividad es tu fuente principal de compañía?
  2. ¿Usas esta relación o conducta de manera exclusiva para encontrar consuelo, emoción, escape, aprobación y autoestima?
  3. ¿Sientes que tienes que esconder tu relación o tu conducta de los demás? Si es así, ¿por qué?
  4. Si la internet es un componente principal de esta relación, ¿crees que tu correo electrónico o tus mensajes de charla son privados y que nadie más puede leerlos?
  5. ¿Sientes que tu familia y amigos no comprenden tu relación ni tu conducta?
  6. ¿Fantaseas acerca de que esta relación avance?

La elección de aislarse

Las relaciones adictivas nos aíslan en forma gradual de los amigos, los familiares y los intereses exteriores. Como una relación o conducta adictiva requiere una tremenda cantidad de energía y tiempo, queda muy poco para cualquier otra cosa. Las tres chicas que presentamos en este capítulo experimentaron las calificaciones en descenso, el retraimiento de otros intereses, y el aislamiento de su familia y amigos.

Las relaciones adictivas se transforman en pinturas con un solo color. Las chicas están dispuestas a cambiar todos los colores de su vida por ese único color. Sus vidas merman, su autoestima se vuelve dependiente de la relación o la conducta, y su futuro se hace inimaginable sin ella.

  1. ¿Has perdido relaciones cercanas desde que participas en esta relación o actividad?
  2. ¿Cuán a menudo sientes que debes elegir entre esta relación o conducta y otras relaciones o actividades?
  3. Si eliges otras relaciones, ¿temes que puedas perder esta relación?
  4. ¿Se han quejado tus amigos o tu familia porque ya no te ven?
  5. ¿Has perdido el interés en pasatiempos u objetivos desde que comenzaste esta relación o actividad?
  6. ¿Sientes que tu futuro dependa de esta relación o actividad?
  7. Cuando no estés con esta persona o no realizas esta actividad, ¿aun así pasas la mayor parte de tu tiempo pensando en la relación o actividad?
  8. ¿Tus calificaciones escolares o tu desempeño laboral han declinado desde que comenzaste la relación o la actividad?

Las relaciones adictivas surgen de nuestros intentos de satisfacer los deseos que Dios nos ha dado mientras aliviamos la angustia y la soledad que son inevitables en la vida. Las chicas que permanecen en relaciones o conductas adictivas están atrapadas en verdad. Han probado un poco de aquello para lo que fueron creadas, pero luego descubren que deben abandonar lo que son para seguir probando.

Hace falta reconocer y afirmar que tenemos deseos dados por Dios, y aprender a vivir en medio del dolor e insatisfacción en este mundo. Puede ser un proceso lento para cada chica, pero hay esperanza de salir de este hoyo. Brevemente mencionamos cuatro pasos:

  1. Separarse de la relación o actividad. Necesitarás ayuda para poder hacer esto. No podrás separarte de una relación o conducta adictiva por tu propia cuenta. Busca ayuda.
  2. Aceptar y afirmar las necesidades principales. Tienes un legítimo anhelo de dar y recibir amor. Necesitas ser recordada día tras día de quien eres en Cristo, y de que Jesús es el que puede darte el amor que tanto buscas.
  3. Enfocar en algo que otorgue vida. Aunque no es una solución completa en sí, es muy importante reemplazar conductas y relaciones malsanas con algunas saludables. Quizá necesites deshacerte de tus aparatos electrónicos por un tiempo, y buscar pasar tiempo con tu familia y amigas que te puedan ayudar.
  4. Vigilar y evaluar las elecciones en las relaciones. Quedarás vulnerable a caer otra vez en alguna relación o conducta adictiva, así que necesitas estar vigilando con la ayuda de personas que te aman.

¡Dios, el Dios de luz, quiere guiarte otra vez a Su luz!

*Parte de esta publicación ha sido adaptada con permiso de la autora del libro “Mamá, ¿qué tiene de malo el sexo?

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Sobre el autor

Susi Bixby

Susi Bixby

Susi tiene 20 años de casada con Mateo, y ama a sus tres regalos de Dios: Aaron, Ana y David. Deseando vivir el diseño de Dios para su vida, se esfuerza por dedicar la mejor parte de su energía a su hogar y su familia. Tiene el privilegio de ser esposa de pastor en la Iglesia Bautista la Gracia en Juárez, Nuevo León, México. También disfruta dar clases y consejería a las alumnas de la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, México. Le encanta estudiar y compartir la Palabra de Dios porque es “viva y eficaz” para perfeccionar a cada creyente. Publica artículos en www.palabraygracia.com.

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