¡Sé un Píxel!

¡Me encantan las fotos! Y estoy segura que a ti también. A donde sea que voltee (o haga clic), somos inundadas por historias que otros capturaron a través de fotos.

Detente un momento. Solo piensa en las muchas plataformas para compartir fotografías que existen hoy en día: Facebook, Instagram y Snapchat. Tomemos por ejemplo Instagram. La compañía reportó tener 600 millones de usuarios activos el año pasado. Más de la mitad de esos usuarios utilizan Instagram diariamente. ¡Esas son muchas fotos compartidas! ¿Qué si te dijera que hay más aparte de las fotos en tu línea del tiempo de lo que imaginas?

Imagina esto

Cada foto compartida está compuesta de miles a millones de pequeños, elementos únicamente formados llamados pixeles. Cada píxel, aunque diferente en color y diseño, colectivamente refleja una imagen de la fotografía original.

Tú y yo somos pixeles, amiga. Somos una pequeñísima parte de una historia más grande.

Dios creo a la humanidad para ser portadores de imágenes similar a los elementos que componen una foto.

Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Gen. 1:27)

Después de la Caída, el pecado entró en la imagen y oscureció nuestra habilidad para reflejar propiamente Su imagen. Aunque la imagen estaba distorsionada, Dios envió a Cristo Jesús como la resolución.

Por la obra completa de Jesús, los creyentes, como imitadores de Cristo, pueden portar correctamente el parecido del Original – como un píxel a una foto.

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. (Ef. 5:1–2)

¿Cuál es exactamente esta imagen a la que nosotras como creyentes debemos hacer semejanza? Colosenses 1:15 nos dice: “[Jesús] es la imagen del Dios invisible”.

Si Jesús es la imagen, nosotras, como creyentes, somos meros elementos reflejando a Dios. ¿La imagen de quien estas buscando reflejar? ¿Es la imagen de Dios o la del mundo?  

¿Ahora qué?

Dios nos redimió como portadores de una imagen, no para que fuéramos Dios, sino para que reflejáramos Su naturaleza. Como portadoras de esa imagen, podemos reflejar esta verdad en dos formas:

1. Reflejamos a cristo individualmente.

Vivimos en una sociedad obsesionada con la imagen. ¿Qué tan fácil puede ser usar nuestro tiempo intentando vernos como alguien o algo más?

Debes saber esto: Fuiste creada para reflejar Una imagen - Cristo Jesús (Rom. 6:11). Individualmente, ¡tú eres un elemento de esa imagen única! Eres un píxel crítico en la más grande imagen de Dios.

2. Reflejamos a Cristo colectivamente.

Dios quiere que reflejemos Su imagen no solo como individuos, sino también como parte de la Iglesia unificada.

Romanos 12:5-6 dice, “Así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros. Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos”.

Dios nos ha dado a ti y a mí dones como individuos (1 Pedro 4:10), de manera que podamos colectivamente con otros creyentes reflejarlo a Él plenamente en el mundo  (Juan 17:21).

¿Cómo puedes tú servir a Dios y a otros más plenamente de manera que puedas vivir este llamado divino como portadoras de una imagen?

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