¿Son saludables tus amistades femeninas?

Aquí hay tres sugerencias prácticas para mantener tus amistades con las chicas, saludables, puras y cristocéntricas.

Sarah conoció a Meredith en un estudio bíblico en el campus de la universidad. Se unieron por su mutua pasión por Cristo y compartían el deseo de vivir vidas separadas para Él. Hicieron «click» inmediatamente; su amistad creció rápidamente en un período de varios meses.

Ellas asistían a la iglesia y a los estudios bíblicos juntas, pasaban mucho de su tiempo libre juntas, e incluso se mudaron a la misma casa y compartían la renta porque realmente disfrutaban de acompañarse mutuamente. Sarah sentía una conexión personal profunda con Meredith cada vez que hablaban. Ella comenzó a abrirse a su amiga acerca de pasadas heridas, luchas presentes y sueños futuros. Ellas tenían muchas pláticas hasta altas horas de la noche en las que reían, lloraban y oraban juntas. Meredith fue siempre cálida, cuidadosa y empática; una de las mejores amigas que Sarah alguna vez había tenido.

Gradual y sutilmente, Meredith comenzó a dominar el tiempo de Sarah. Sarah comenzó a alejarse de muchos de sus otros amigos sin siquiera darse cuenta de lo que estaba haciendo. Ella dejó de relacionarse con sus familiares como solía hacerlo, y su tiempo devocional con Cristo comenzó a disminuir. En cambio, pasaba casi todo sus momentos libres con Meredith: hablando, orando y solo «viviendo» juntas. Meredith era a quien Sarah le había confiado todo y sabía cada detalle de su vida. Otros comenzaron a notar lo afectuosas que físicamente eran una con la otra.

En su mayor parte, la amistad de Sarah con Meredith parecía inofensiva. Pero algo no estaba bien. Sarah estaba creciendo espiritualmente, emocionalmente e incluso físicamente atada a su amiga de una manera que no era saludable. Meredith se estaba convirtiendo en el centro de la vida de Sarah, y Sarah no se daba cuenta de lo que estaba pasando. Ella no podía entender por qué su relación personal con Jesucristo parecía estar disminuyendo, aunque ella y Meredith pasaban tanto tiempo discutiendo acerca de cosas espirituales.

Cuando la amistad se convierte en un ídolo

Aunque Sarah y Meredith eran chicas cristianas e invertían incontables horas hablando acerca de verdades espirituales, en realidad su amistad no estaba centrada en Jesucristo. Sarah había dado a Meredith una posición en su vida que ella no estaba destinada a tener. A medida que Sarah comenzó a despertar, le pidió a Dios que la perdonara por ceder a una amistad que la había alejado de Cristo, había disminuido sus relaciones familiares, la había embotado espiritualmente, e incluso sutilmente había comprometió su pureza física y emocional. Ella les pidió perdón a sus amigos y a sus familiares por alejarlos.

En el momento en que Meredith se dio cuenta de que había perdido el control sobre Sarah, ella muy pronto encontró una nueva «mejor amiga» con quien pudo repetir el mismo ciclo. Por la gracia de Dios, Sarah fue capaz de hacer un inicio fresco en su vida y continúa agradeciendo a Dios por rescatarla de una amistad no saludable, antes de que un mayor daño fuera hecho.

Ponte en guardia

Muchas de nosotras tendemos a pensar que las relaciones con el sexo opuesto son la única área donde nosotras deberíamos proteger y vigilar nuestra pureza. Y aunque nos apartemos para el Señor, las mujeres jóvenes no deberían ignorar las maquinaciones del enemigo (2 Cor. 2:11). Si él no puede atraernos y comprometernos en un área, a menudo nos atacará en otra.

Mientras que tener amigas de igual forma de pensar puede ser una asombrosa bendición para nuestras vidas, debemos tener límites de estándares altos en nuestras amistades con otras mujeres. Como en cualquier otra área, en la amistad, nuestra meta debería ser honrar a Jesucristo y traer gloria a Su nombre, no solo perseguir nuestra propia felicidad y seguridad, y ciertamente no seguir el patrón envuelto y torcido de la cultura.

Aquí hay tres sugerencias prácticas para mantener tus amistades femeninas, saludables, puras y cristocéntricas.

  1. Evita la dependencia emocional

Cuando encuentras a una amiga con la que tú realmente conectas, ahí hay una fuerte tentación de llamarla o textearle múltiples veces al día, decirle cada detalle acerca de tu vida y apresurarte a abrirle tu corazón cuando pasas por algo difícil o emocionante. Las chicas son prontas a pasar horas de cada semana «procesando» sus emociones, pensamientos, sentimientos y sueños las unas con las otras. Aunque es una bendición tener una hermana que piense igual que tú, con la que puedas abrirte, si permites demasiada apertura muy a menudo, pronto se convertirá en un patrón de dependencia emocional no saludable.

Las relaciones humanas nunca deben tomar el lugar de la verdadera intimidad con Jesucristo. La presencia de Dios debe ser el primer lugar al que nosotras corremos cuando sentimos miedo, gozo, esperanza o angustia. Él es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Sal. 46:1). La Palabra de Dios lo compara a Él con un amigo más unido que un hermano (Prov. 18:24). Salmos 62:8, dice que tenemos que confiar en Él todo el tiempo, derramar nuestros corazones delante de Él. Muchas de nosotras somos mucho más inclinadas a derramar nuestros corazones delante de nuestras amigas que de nuestro fiel Señor.

Si sientes que no puedes manejar pruebas o dificultades sin procesarlas con tu amiga, entonces es muy probable estés dependiendo emocionalmente de esa amistad, de una forma que no es sana. Pídele a Dios que te ayude a establecer nuevos patrones en esta área de tu vida. Derramar tu corazón ante Él primero, y principalmente, pon límites en cuanto a la cantidad de tiempo y la frecuencia con la que compartes con tus amigos.

Hay una dimensión de «llevar las cargas los unos a los otros» que es aplaudida en las Escrituras, pero yo creo que si damos una mirada más de cerca a las Escrituras podremos ver que ese concepto tiene mucho más que ver con ayudar prácticamente a otros en necesidad. No está siempre mal compartir heridas, miedos, esperanzas y sueños con tus amigas, pero asegúrate de que esto fluye de tu caminar personal con Jesucristo y no que sea un reemplazo de éste.

  1. Vigila el afecto físico

Muchas jóvenes cristianas se sienten totalmente libres de mostrar mucho afecto físico hacia otras chicas. Este tipo de contacto «de chica a chica» es totalmente aceptable en nuestra cultura, y muchas chicas lo justifican porque «no hay nada sexual en esto». Pero solo porque no haya nada sexual superficialmente en esto, no significa no haya nada sutilmente sensual en esto.

La pureza física en una relación «chico-chica» es mucho más que simplemente no cruzar una «línea» y el mismo principio aplica a la pureza física en una relación chica-chica. Si estudias los patrones de las Escrituras (como el libro de Cantares), notarás que toda forma de contacto sensual: caricias, abrazos, etc, son parte de una intimidad física que Dios diseñó entre un hombre y una mujer en una relación de pacto matrimonial. Como dice en Romanos 1:26, el contacto sensual entre mujeres no es natural y deshonra el patrón de Dios.

Es perfectamente apropiado dar un abrazo amistoso a otra chica o poner tu brazo alrededor de su hombro para confortarla cuando ella está llorando. La precaución debería ser tomada, sin embargo, en caricias o mimos extendidos, incluso si la motivación es pura.

Otra razón para vigilar esta área es porque el contacto sensual, incluso si no lo destinas a ser sensual, puede despertar deseos físicos en ambas, en ti y en otros que están observando tu comportamiento. Romanos 1:13 nos dice que seamos resueltos a no ser piedra de tropiezo para los demás en el camino. Una de las mejores formas de obedecer esta exhortación es estar vigilantes y ser irreprochables en todas las interacciones físicas con otros, tanto chicos como chicas.

  1. Pon límites alrededor del tiempo que inviertes con amigos

Siempre es divertido tener a alguien con quien «vivir la vida»: una compañera de ejercicio, una compañera de compras, una confidente del puesto de café, una amiga para chatear. Tener siempre una amiga a tu lado (o vía celular) puede hacerte sentir segura y confiada, mientras que hacer cosas sola puede hacerte sentir solitaria e insegura. Pero invertir todas las horas que estás despierta en una amiga, no es saludable. Cristo desea que tu seguridad y contentamiento surjan de tu relación con Él. Salmos 16:11 dice que en Su presencia hay plenitud de gozo. Si siempre estamos en presencia de nuestras amigas, nunca tendremos tiempo para estar a solas en la presencia de nuestro Rey. Terminaremos buscando seguridad y paz en la compañía de nuestras amigas en vez de encontrarla primero y principalmente en Jesucristo.

Además, invertir mucho tiempo en una amiga, si ella es una persona controladora y manipuladora, te hará propensa a ser dominada de una manera dañina; como Sarah quien le permitió a Meredith gobernar su tiempo, decisiones y relaciones. A menudo, las amigas que pasan mucho tiempo juntas llegan al punto en el cual no pueden funcionar como individuos o tomar decisiones fuera de la influencia o la opinión de la otra.

En oración, considera cuánto tiempo inviertes en tus amigas. Si encuentras que la mayor parte de tu tiempo libre es invertido con amigas y muy poco invertido en la presencia de tu Rey, entonces pídele a Dios que te ayude a reconstruir tus hábitos en esta área. Practica ir a lugares sola, ignora tu teléfono por una noche, apaga tu computadora y vuelve tu mirada a Cristo. Aprende cómo estar «por ti misma con Cristo», ¡y permite que él te muestre que en Su presencia hay plenitud de gozo! Y cuando pases tiempo con tus amigas, asegúrate de no basar tu felicidad o seguridad en ellas. Porque ciertamente, esas cosas solo las encontramos en el mejor Amigo que tendremos siempre.

Verdadera amistad

¿Quién mejor para enseñarnos cómo construir una fuerte y saludable amistad que el Único, quien creó la amistad? Cuando miramos la Palabra de Dios en vez de los patrones culturales, descubrimos la amistad ciertamente como fue destinada a ser: un reflejo del bello y edificante compañerismo que tenemos en nuestro Rey.

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