Tres pasos para liberarte de la pornografía y lujuria

Por Jessica Harris

Del equipo JovenVerdadera.com: ¡Hola chicas! Hemos dedicado la mayoría de nuestras publicaciones este mes al amor y romance. Porque el romance y la sexualidad son ideas de Dios, el enemigo trabaja horas extras para torcerlos. Estamos escuchando más y más de mujeres jóvenes luchando con una curiosidad o una adicción hacia la pornografía. Hemos decidido abordar ese tema de frente al invitar a nuestra amiga Jessica Harris para que escriba como invitada sobre el tema para nosotras. Puedes leer la primera publicación en esta serie aquí.

Si eres una chica que lucha con la pornografía y lujuria, pudieras sentirte un poco perdida. No es algo comúnmente hablado entre las mujeres, y pudieras estar preguntándote si hay alguna salida. Si sí la hay, ¿entonces cómo la encuentras?

Pudieras estar esperando una, dos o tres conjuntos de direcciones. Da vuelta a la izquierda en este semáforo. Pasa la antigua biblioteca y luego da vuelta a la derecha. Algo fácil, conciso y que te garantice que vas a salir de allí. Yo luché con la pornografía por años e intenté todo lo que me pude imaginar para salir. Intente imprimir imágenes y prenderles fuego. Las guardaba en discos y luego quebraba los discos. Bueno eso no funciono, recurrí a lastimarme a mí misma.

Si puedo solo castigarme por esto, voy a parar, pensaba. Jamás sucedió. Intenté tantas formas físicas diferentes de luchar para liberarme de la pornografía, jamás dándome cuenta completamente de la verdad de que la batalla no es en realidad una física. Estaba buscando un plan de tres pasos para tratar los síntomas cuando en realidad lo que necesitaba era una revisión de corazón completo para abordar la causa.

La Palabra de Dios lo dice así:

Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne;  porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo, (2 Cor. 10:3–5).

En última instancia no hay una guía fácil de tres pasos para liberarte de algo tan invasivo como la lujuria. Se filtra en tu corazón y mente, contaminando como ves la vida, amor, personas y a Dios. Toma tiempo e intención el profundizar en tu vida y encontrar las diferentes maneras en las que has sido afectada por el pecado. Hay, sin embrago, algunas cosas que puedes hacer para ayudar ese proceso.

1. No lo hagas sola.

Sé que la idea de contarle a alguien con que has estado lidiando pudiera ser terrorífica, pero la confesión es en realidad una herramienta poderosa que Dios nos ha dado para luchar contra el pecado. En Santiago 5:16, se nos dice que confesemos nuestras faltas unos a otros y oremos unos por otros para que podamos ser sanados. Encuentra alguien en tu vida en quien confíes y con quien puedas ser honesta sobre tus luchas. Y recuerda que esta no es una conversación de una sola vez sino una relación continua construida sobre transparencia y oración. Los pecados, especialmente los sexuales, tienden a florecer en una atmósfera de vergüenza y orgullo. La confesión destruye esto y te da la oportunidad de poner tu máscara de lado, luchar y sanar.

2. No hagas que caer sea fácil.

En Mateo 18, se nos dan unas imágenes bastante extremas sobre cómo manejar la tentación.

“Y si tu mano o tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo y échalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego.” (vv. 8–9).

Ahora, no estoy diciendo que debas sacarte los ojos, pero debemos estar dispuestas a alejarnos de cosas que hacen para nosotras que sea fácil batallar. Si hay algo en tu vida que te habilita pecar, deshazte de ello. Haz que el pecado sea inconveniente, una decisión difícil, no una fácil.

Si no puedes usar tu teléfono sin ver pornografía, entonces necesitas tomar la difícil decisión de deshacerte de él. Para mí, tuve que deshacerme de mis audífonos ya que cada vez que usaba mi computadora con audífonos pensaba, pudiera ver justo ahora y nadie sabría. ¿Hay algo en tu vida que te permite decir eso? Necesitas deshacerte de eso.

3. No seas pasiva.

Es tentador para nosotras pensar que una vez que tenemos alguien a quien rendir cuentas y nos hemos deshecho de las cosas que lo hacen fácil, podemos solo relajarnos y avanzar sin esfuerzo por la vida y vamos a estar bien. Cuando las jóvenes se dan cuenta que ese no es el caso, frecuentemente se frustran. Piensan que si aman a Jesús lo suficiente, Él va a tomar el problema y llevárselo. Después de todo, ya estamos muertas al pecado, ¿correcto?

En Romanos 6, vemos que sí, somos muertas al pecado, pero también vemos frases como:  

  • "Por tanto, no reine el pecado " (v. 12).

  • "Ni presentéis " (v. 13).

  • “Os habéis hecho siervos de la justicia” (v. 18).

Las decisiones que tomamos respecto al pecado, aun como Cristianas, son aun nuestras decisiones. Aún estamos en una batalla. Aún tenemos que ser proactivas sobre llevar cada pensamiento cautivo y diariamente rendir nuestras vidas y deseos a Dios.

El camino no es uno fácil. Tener nuestras mentes y corazones renovados puede ser un proceso difícil, incluso doloroso. ¿Cómo te anima la verdad de Dios al luchar la tentación?

Si estás queriendo comenzar ese viaje, Romanos 6–8 es un gran lugar para comenzar. Yo los llamo a estos los “capítulos de la libertad”. Léelos diariamente por cuarenta días. Comprométete a memorizar secciones, y permite que la verdad motive tu caminar en libertad.

Tomaremos esta conversación mañana con una publicación más en esta serie. Mientras tanto, me encantaría escuchar de ti.

 

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