Una esperanza que no desilusiona

Piensa en algo que trajo desilusión a tu vida este año. ¿Pudiste identificar algo? ¡¿Más de una cosa?! Estoy casi segura que pensaste en alguna de las cosas que te voy a mencionar, o bien te han sucedido en algún punto de la vida: tus amigos te dieron la espalda, personas inventaron chismes sobre ti, recibiste comentarios de tus padres o hermanos que te ofendieron, tus compañeros de la escuela no trabajaron equitativamente para los proyectos del año escolar, alguno de tus padres recibió un diagnóstico de salud no esperado, pasaste desapercibida frente a los hermanos de la iglesia cuando más los necesitabas, tu jefe te trató injustamente, te enfermaste y tenías tantas cosas que hacer, alguna persona amada murió… y la lista puede seguir.

Lamento mucho que hayas pasado por tantas desilusiones, pero, ¿sabes?, las desilusiones son eventos que pertenecen a este mundo caído, habitado por personas caídas con deseos egoístas y cuerpos carnales y pecaminosos. Inevitablemente las experimentaremos con frecuencia a lo largo de nuestra vida. Son parte de los sufrimientos a los que nos enfrentamos. De hecho, no debemos olvidar que nosotras también somos parte de la humanidad caída y hemos desilusionado a otras personas de muchas maneras. Así que, no hay excepción.

Pero hoy no quiero venir a alentar en tu corazón una tristeza o desánimo pensando en todas aquellas cosas que te sucedieron y te lastimaron, más bien quiero compartir esperanza a través de las verdades del evangelio. Sí, el evangelio es esa esperanza que necesitamos día con día. ¿Sabes por qué es de este modo?

Acompáñame a leer el siguiente pasaje de la Escritura:

«Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios». –Romanos 5:1-5

El apóstol Pablo nos dice que, ya que hemos sido perdonadas por el sacrificio de Cristo en la cruz, entonces ahora estamos reconciliadas con el Padre, estamos en paz con Él. Toda Su ira por nuestro pecado cayó en nuestro sustituto: Jesús. Por Su gracia es que tenemos la certeza de la fe que se nos ha otorgado para creer en Jesús como nuestro Salvador, y por esta razón es que podemos tener esperanza de participar de la gloria de Dios ¡dejando este mundo atrás! ¡Qué noticia tan esperanzadora! No es como todo lo que nos sucede en esta vida, esta esperanza es real e inconmovible, Dios lo ha prometido y lo cumplirá, un día estaremos con Él.

Tal vez te estés preguntando qué puedes hacer con las desilusiones del día a día, y todos los momentos difíciles y desesperanzadores mientras estamos de este lado del cielo. Bueno, Pablo también nos habla de ello.

«Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado, y el carácter probado, esperanza. Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado». –Romanos 5:3-5

El apóstol nos dice que estas experiencias difíciles nos sirven para desarrollar paciencia, ser más resistentes ante la adversidad. Después, podemos desarrollar un mejor carácter, un carácter que no se fortalece por enfrentar la adversidad, sino porque se va pareciendo más al de Cristo. Y al parecernos más a Cristo, entonces podemos experimentar el gozo de la esperanza. Cuando fijamos nuestra mirada ahí, en la esperanza gloriosa que nos aguarda de ir al Padre y disfrutar de Él por la eternidad, podemos entonces tener gozo porque en ella no hay desilusión. Esta esperanza está sellada con el amor abundante del Señor por nosotras y nos es recordada a través de Su Espíritu que habita en nosotras y nos guía a toda verdad (Juan 16:13).

Gloria a Dios porque, aunque todo en este mundo trae desilusión y va a fallar, Él nunca falla. ¡Sus promesas se cumplirán! ¡Él es fiel!

Las situaciones difíciles que vivimos y nos traen desilusión también son orquestadas por el Señor. Por eso podemos tener una actitud de agradecimiento para con Él, porque todo lo que permite es para nuestro bien, nada es en vano, antes bien, todo contribuye a parecemos más a Cristo. De igual manera, cada vez que nos vemos tentadas a desanimarnos, estas situaciones nos llevan a redireccionar nuestra mirada y clamar por ayuda a Aquel que nunca falla y que nos espera muy pronto para vivir eternamente con Él. Además, Su gracia es suficiente para ayudarnos a atravesar estas dificultades. Él ya llevó nuestras enfermedades y nuestros dolores, por lo tanto puedes estar segura de que nos puede entender (Isaías 53:4-5).

Así que, ahora que estamos por comenzar un nuevo año, te animo a mirar atrás con agradecimiento por todo lo que el Señor te permitió vivir para tu aprendizaje y el desarrollo de tu carácter. Te animo también a poner tus ojos en esa esperanza que no trae desilusión para lo que el Señor tiene por delante para ti. Sigue adelante segura de que Él te dará de Su gracia y Su Espíritu te recordará que, ya que somos coherederas con Cristo, un día gozaremos de cuerpos nuevos, de un mundo nuevo y de la gloria de Dios

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Sobre el autor

Mónica Valadez

Mónica Valadez

Mónica es docente de profesión y entusiasta de la administración y organización. Le encanta ejercitarse, hacer caminatas en la montaña y pasar tiempo con su familia, con quienes vive en Monterrey, México. 

Su anhelo más grande es conocer cada día … leer más …

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