En la lectura de hoy, Dios continúa mostrando Su poder, Su guía y Su cuidado por Su pueblo. A través de Eliseo, somos recordados de que Dios obra por medio de Sus siervos para llevar Sus planes a cumplimiento.
Leer
Reflexión
Al considerar la vida de Eliseo, ¿cómo te anima saber que Dios puede obrar cosas extraordinarias por medio de personas sencillas y obedientes?
Devocional
Hermana, acompáñame mientras meditamos juntas en algunos puntos especiales que tiene la porción de 2 Reyes, capítulos 7-8, para nosotras. ¿Te ha hablado Dios a través de estos pasajes?
Hoy vemos varias cosas:
- El oficial real del rey no creyó en la palabra de Dios dada por Eliseo de que, en medio de la escasez, Dios proveería pan. Su incredulidad le arrebató la bendición de Dios y lo condujo a la muerte. ¿Está tu incredulidad impidiendo que recibas las bendiciones del único, fiel y verdadero Dios?
- Dios mismo provocó que el ejército enemigo huyera y dejara abandonados sus campamentos y sus bienes para que estos sirvieran de provisión para Su pueblo. Dios es dueño y gobernador absoluto de todo cuanto existe. Él puede y orquesta de manera sobrenatural, todos los días, situaciones que cooperan para la gloria de Su nombre y para el bien de Sus escogidos. Piensa, reflexiona y verás claramente la mano de Dios en cada detalle de tu vida.
- Así como los leprosos compartieron con todo el pueblo la bendición de la provisión de Dios, así nosotras debemos compartir todo lo que hemos recibido para que los demás también sean testigos de lo grande, fiel, bueno y poderoso que es nuestro Dios.
- A pesar de los actos pecaminosos de los reyes de Judá, Dios decide no destruir a Judá por amor a Su siervo David y por ser fiel a su promesa de ser lámpara a Judá por medio de Sus hijos para siempre. ¡Grande y profundo es el amor y la fidelidad de nuestro Dios! ¡El cielo y la tierra pasarán, pero Su Palabra Él siempre la cumplirá! Hermanas, no existe ni una sola razón para dudar de nuestro Dios.
Hermana, al cerrar 2 Reyes 7–8, el Señor nos recuerda que Su Palabra es segura y Su mano es poderosa. La incredulidad del oficial real nos confronta: cuando dudamos de lo que Dios ha dicho, no es Él quien falla, sino nuestro corazón el que se resiste a confiar. Pero también vemos a un Dios que gobierna sobre todo, que provee de maneras inesperadas y que cuida a Su pueblo aun en medio de la oscuridad.
Aun en medio del pecado y la infidelidad de los reyes de Judá, Dios permanece fiel a Su promesa hecha a David. Su amor y Su fidelidad no dependen de la obediencia humana, sino de Su carácter inmutable. Él cumple Su Palabra. Siempre. No hay razón para dudar de Aquel que gobierna la historia y sostiene a Su pueblo.
«Periódicamente, el Señor puede pedir un sacrificio que hace que todos los sacrificios anteriores parezcan insignificantes».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en Rendición, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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