21 de abril de 2026

Lee la Biblia, Día 111

Dios no ha olvidado a aquellos que la malvada reina Jezabel persiguió y martirizó. Él levanta a Jehú para ejecutar justicia sobre la casa de Acab y vengar la sangre de Sus siervos fieles. Pero, aunque Jehú lleva a cabo con celo los juicios de Dios, no camina en comunión con Él.

Leer

2 Reyes 9-11

Reflexión

Al considerar que Dios no pasa por alto la injusticia, ¿cómo te sostiene esta verdad cuando atraviesas momentos de dolor o aparente impunidad?

Devocional

Hoy nos corresponde leer 2 Reyes 9–11. Al recorrer estos capítulos, vemos con claridad que Dios no olvida, no se retrasa y no falla: Él cumple Su Palabra en Su tiempo, no en el nuestro. Al considerar el cumplimiento del juicio pronunciado sobre Jezabel y la casa de Acab, podemos afirmar con Jehú: «Sepan entonces que no caerá a tierra ninguna de las palabras del Señor» (2 R. 10:10a).

Los pensamientos de Dios son más altos que los nuestros. Él es la fuente de toda sabiduría, y Su obrar es perfecto. Cuando llegó la hora señalada por Dios, Él puso en el corazón de Eliseo las instrucciones para ungir a Jehú, y fue orquestando cada detalle para cumplir lo que había dicho. De la misma manera, el Señor gobierna sobre la historia y también sobre nuestra vida: nada escapa de Sus manos, y en todo Él muestra Su gloria, Su bondad, Su justicia, Su gracia y Su santidad.

También vemos Su cuidado fiel en la preservación de Joás. Dios tenía un propósito con ese niño cuando fue escondido en la casa del Señor para librarlo de Atalía. Ella reinó seis años, pero llegado el tiempo determinado por el Dios del cielo y de la tierra, Joás fue proclamado rey a los siete años, y Atalía fue quitada. Mis hermanas, ningún propósito de Dios puede ser estorbado. Confía en Sus tiempos. Confía en Su fidelidad. Espera en Él.

Pero este pasaje también nos deja una advertencia: el Señor no solo se interesa por nuestros hechos, sino por nuestro corazón. Jehú fue el instrumento de Dios para ejecutar Su juicio, pero «Jehú no se cuidó de andar en la ley del Señor, Dios de Israel, con todo su corazón» (2 R. 10:31). Cultivemos nuestra relación con Dios, escuchemos Su voz en las Escrituras y busquemos conocer Su corazón. De nada sirve hacer las obras de Dios si no las hacemos con un corazón rendido al Dios de las obras.

«Aun con las fuerzas enemigas trabajando en nuestra contra, aun con la lluvia constante del conflicto cayendo sobre nosotras, no nos encontramos indefensas. Al contrario, podemos vivir la verdad de nuestras convicciones, la sabiduría que Dios nos ha dado». 

(Nancy DeMoss Wolgemuth en El cielo gobierna, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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