22 de abril de 2026

Lee la Biblia, Día 112

El reinado de Joás devuelve al trono de Judá a un descendiente de David, preservando la línea familiar del Mesías. Él encabeza la restauración y reparación del templo, pero al final se aparta del Dios que lo había puesto en el trono.

Leer

2 Reyes 12-14

Reflexión

¿De qué maneras puedes asegurarte de que tu confianza y tu esperanza estén arraigadas en Dios y no en líderes o instituciones humanas?

Devocional

Al leer 2 Reyes 12–14, vemos cómo Dios obra en medio de reyes imperfectos y corazones inconstantes, y aun así sigue llamando a Su pueblo a la fidelidad.

Joás hizo lo recto delante del Señor, pero no quitó los lugares altos, y el pueblo continuó con prácticas idólatras. Es bueno y agradable para Dios que caminemos en obediencia y sumisión, pero también velamos por lo que se permite y se alimenta en nuestro hogar. Examinemos con honestidad: ¿hay entretenimiento, hábitos o prácticas que están formando el corazón de nuestros hijos o de nuestra familia lejos del Señor?

También vemos un llamado a la mayordomía. Dios provee recursos para que los administremos conforme a Sus prioridades. Con las ofrendas que entraban al templo, Joás reparó la casa del Señor y dio seguimiento diligente a esa obra. Esto nos confronta: ¿estamos administrando bien lo que Dios nos ha confiado? ¿Lo hacemos según nuestras prioridades o según las de Él?

En la historia de Joacaz, él imploró el favor del Señor y Dios lo oyó y los liberó; sin embargo, «no se apartaron de los pecados con que la casa de Jeroboam hizo pecar a Israel». Hermanas, valoremos la disciplina del Señor: Él disciplina por amor, para que abandonemos el pecado y volvamos a Él. No pidamos alivio sin pedir también un corazón rendido. Dios odia el pecado y muestra Su ira santa al corregir, pero esa misma corrección es una expresión de Su misericordia, pues no quiere que el pecador perezca, sino que venga al arrepentimiento.

Me llama la atención que algunos de estos reyes comenzaron a gobernar siendo muy jóvenes. Esto nos recuerda que para Dios no existen limitaciones cuando Él llama: Él capacita y sostiene, pero nosotras debemos ser intencionales en instruirnos en Su Palabra y caminar en humilde obediencia.

Y, por último, aunque Jeroboam II «hizo lo malo a los ojos del Señor», Dios lo usó para salvar a Su pueblo. Esto es sobrio y necesario: Dios puede usarnos para cumplir Sus propósitos y, aun así, no estar complacido con nuestro corazón. Más que «ser usadas», busquemos agradar verdaderamente a Dios con toda nuestra mente y nuestro corazón.

«Aunque los eventos terrenales parecen aleatorios, sin sentido, desesperanzadores e incluso crueles, lo que ocurre en el Reino celestial está impregnado de tal sabiduría y bondad, con un plan y propósito, que sí supiéramos lo que Dios está haciendo, lo adoraríamos y alabaríamos».

(Nancy DeMoss Wolgemuth en, Aviva mi corazon, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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