Josafat guió a Judá con un corazón que buscaba a Dios. Llamó al pueblo a volver al Señor y confió en Él para que peleara sus batallas. Sin embargo, incluso este rey fiel tropezó cuando se apoyó en la sabiduría humana, recordándonos nuestra necesidad diaria de depender del Señor con todo el corazón.
Leer
Reflexión
Pide al Señor que examine tu corazón y te muestre aquellas áreas en las que has estado confiando en tu propio entendimiento en lugar de confiar en Él.
Ora por un corazón que busque Su Palabra y Su dirección por encima de todo.
Devocional
Continuamos con el gobierno de Josafat. ¿Qué piensas de este rey hasta ahora? Veamos qué más nos enseña sobre el hombre y sobre Dios.
- Reflexionando sobre el versículo 4 del capítulo 19, me llama la atención que a veces seguimos la tradición de compartir con nuestros familiares de manera periódica en sus ambientes, donde predominan sus costumbres mundanales, pero estos momentos son grandes y preciosas oportunidades para predicarles el evangelio, para animarles a conocer a nuestro Dios y su Palabra.
- Aunque nosotras no somos jueces para ser colocadas sobre ciudades, sí realizamos dicha función en nuestros hogares y en nuestros trabajos cuando nuestros hijos, empleados o clientes vienen a nosotros en busca de solución a sus conflictos o reclamos. Es en estos momentos cuando debemos pedir sabiduría y discernimiento a Dios para reflejar correctamente Su justicia.
- Josafat nombró jueces en las ciudades fortificadas por toda la nación. Él fue claro al decirles que piensen siempre con cuidado antes de pronunciar un juicio.
- Prácticamente les dijo que recordarán de no juzgar para agradar a la gente sino para agradar al Señor: «Ahora pues, que el temor del Señor esté sobre ustedes. Tengan cuidado en lo que hacen, porque con el Señor nuestro Dios no hay injusticia ni acepción de personas ni soborno».
Actuemos con las instrucciones que nos da Dios a través de esta palabra de Josafat.
«Ustedes deben actuar siempre con el temor del Señor, con fidelidad y con un corazón íntegro» (NVI).
- Hermanas, no nos quedemos solamente aterradas con todas estas amenazas y noticias de enfermedades, de pandemias, de catástrofes de nuestros días; más bien transmitamos la urgencia de buscar juntos a Dios en oración y en ayuno, reconociendo nuestra impotencia y reconociendo Su soberanía, poder y providencia. Además, integremos en esta búsqueda a nuestros hijos, a nuestros esposos, a nuestra familia. Pongamos juntas nuestras miradas en Dios y traigamos a nuestra memoria, dando gracias por todo el cuidado, protección y provisión del Señor en todos los años de nuestras vidas.
Mira 2 Crónicas 20:3: «Josafat quedó aterrado con la noticia y le suplicó al Señor que lo guiara. También ordenó a todos en Judá que ayunaran.De modo que los habitantes de todas las ciudades de Judá fueron a Jerusalén para buscar la ayuda del Señor». También, Él […] oró diciendo: “Oh Señor, Dios de nuestros antepasados, solo tú eres el Dios que está en el cielo. Tú eres el gobernante de todos los reinos de la tierra. Tú eres fuerte y poderoso. ¡Nadie puede hacerte frente!”» (NTV).
Recordemos que la batalla es del Señor, tengamos paz en nuestros corazones reconociendo que Él es Dios.
«Confíen en el Señor su Dios, y estarán seguros». -2 Crónicas 20:20
- Llama mi atención cómo Joram, el hijo menor de Josafat, aún leyendo la carta enviada por el profeta Elías de parte de Dios, no se volvió a Él. Aunque no sintamos la convicción de pecado en el mismo momento que escuchamos o leemos su Palabra, no nos debemos de alejar, sino que debemos sincerarnos con Dios y suplicarle por un corazón de carne, sensible a Su voz, pues solo Él nos puede transformar, perdonar y limpiar de toda maldad.
¿Puedes resumir con tus palabras de qué tratan estos capítulos?
«La mejor estrategia para resistir la tentación es fijar nuestra mirada en Cristo y comprender que Él pagó el precio de nuestra liberación. Él logró obedecer la voluntad del Padre cuando fue tentado, y Él nos liberará. Cualquiera que sea la esclavitud que te atormente durante toda tu vida, cualquiera que sea la lucha que enfrentes, la esperanza de tu liberación está en Cristo».
(Nancy DeMoss Wolgemuth in The Lord’s Prayer: A 30-Day Devotional, p. 28) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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