14 de mayo de 2026

Lee la Biblia, Día 134

Después de un período oscuro de tiranía bajo Atalía, Dios preservó Su línea fiel a través de Joás, quien fue escondido cuando era niño y más tarde coronado rey. Su historia es un poderoso recordatorio de que los propósitos de Dios no pueden ser frustrados por los planes humanos. Sin embargo, la vida de Joás también nos muestra que incluso quienes comienzan bien pueden desviarse cuando dejan de buscar la guía del Señor.

Leer

2 Crónicas 22-25

Reflexión

¿Cómo te lleva la historia de Joás a examinar en qué áreas podrías estar confiando en la sabiduría humana en lugar de en la dirección de Dios?

¿Cómo se vería, de manera práctica, seguir al Señor con todo el corazón en tus decisiones diarias?

Devocional

Hermanas, continuamos con los reyes del reino de Judá, y hoy leemos acerca de una usurpadora, ¿la identificaste? Sí, Atalía. 

Volvemos a encontrarnos con la realidad de que el pecado es el verdadero problema, el pecado que niega la autoridad, existencia y soberanía de nuestro Dios. Así que, te quiero compartir las enseñanzas que encuentro en estos capítulos.

  • Cuidemos el corazón de nuestra familia y hermanos al cuidarlos de las clases de amistades de las cuales ellos reciben consejos. Recordemos lo que dice 1 Corintios 15:33 «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres». Y Proverbios 13:20; «el que anda con sabios será sabio, mas el compañero de los necios sufrirá daño».
  • Llama mi atención cómo Atalía, madre de Ocozías, después de la muerte de su hijo, se levantó y exterminó a toda su descendencia, para poder coronarse como reina. Me pregunto qué tanto podemos desear ocupar lugares prominentes en nuestros trabajos o iglesias que estamos dispuestas a sacrificar el tiempo de nuestra relación con el Señor y con nuestros esposos e hijos a cambio de estas posiciones. ¿Qué hacía Atalía allí? 
  • Además, reflexionando sobre cómo Joás fue protegido y escondido por su tía en la casa de Dios seis años, mientras Atalía reinaba en el país, trae a mi mente cómo nosotras también debemos de ser intencionales en llevar a nuestros sobrinos a la iglesia para que reciban la enseñanza de Su Palabra y así proteger sus mentes y corazones del príncipe de este mundo.
  • Otro personaje en estos capítulos es el sacerdote Joiada, quien cobró ánimo y equipó con armas de guerra a los levitas y, a todos los capitanes del ejército, a cada hombre del pueblo con lanzas y escudos para que rodearan y protegieran al rey reconociendo el peligro que corría frente la reina Atalía. Hermanas, nosotras debemos estar conscientes del peligro que corren nuestros esposos como líderes de nuestros hogares frente a tantas amenazas en esta guerra espiritual, recordemos que nuestras armas no son carnales, son espirituales, poderosas en Dios. Así como los levitas rodearon con sus armas al rey, rodeemos a nuestros esposos orando la Palabra de Dios sobre sus vidas. 
  • Joás solo hizo lo recto ante los ojos del Señor mientras el sacerdote Joiada vivía, ¿lo notaste? Es como si la lealtad y fidelidad de Joiada funcionarán como el instrumento de Dios para Sus propósitos, y no hacia Dios y por Dios. De hecho, inmediatamente cuando Joiada murió, Joás le dio la espalda a Dios, adoró a falsos ídolos y mató al profeta de Zacarías, hijo de Joiada. 

Sobre esta actitud, reflexiono dos cosas:

  • Aunque nuestros hijos vayan a la iglesia y tengan una buena relación con sus pastores y líderes, como madres, procuremos discipulados de manera que tengan una verdadera relación personal con el Señor. Una relación no sustituye la otra.
  • Aunque nuestros hijos «nazcan y se críen en el templo» no quiere decir que automáticamente sean salvos, seamos intencionales en orar por sus almas recordando que la salvación es del Señor.
  • ¿Qué atributos de Dios identificas en estos capítulos?

«Oh Señor, que yo haga lo que es recto ante tus ojos, con todo mi corazón, hasta el final. Ayúdame a escucharte y a los sabios consejeros que envías a mi vida. Que solo a ti te adore y jamás me aparte de ti. Amén». 

(Nancy DeMoss Wolgemuth en CSB Notetaking Bible, Revive Our Hearts Edition, p. 439) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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