Uzías comenzó su reinado buscando al Señor, y Dios lo bendijo con fortaleza y éxito. Pero con el tiempo, el orgullo lo llevó a la desobediencia. Su hijo Jotam caminó fielmente con Dios; sin embargo, el siguiente rey, Acaz, se volvió a los ídolos y a alianzas extranjeras, recordándonos que una herencia piadosa no garantiza un corazón entregado a Dios.
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Reflexión
¿Hay señales de que el orgullo esté comenzando a infiltrarse en tu corazón?
¿Qué pasos prácticos puedes dar para mantenerte humilde y dependiente del Señor, aun en tiempos de bendición?
Devocional
Hermanas, ya estamos casi en la recta final del segundo libro de Crónicas, diez capítulos más y terminamos. ¿Qué has aprendido hasta ahora? Déjame decirte que aún tenemos más historias sobre los reyes del reino de Judá, de las cuales quiero compartirte algunas enseñanzas.
- Al reflexionar sobre los años que Uzías y Jotam, su hijo, reinaron en Jerusalén y en las obras que hicieron durante este tiempo, viene a mi corazón cómo muchas de nosotras nos afanamos por saber o controlar la duración de nuestras vidas aquí en la tierra, olvidando que nuestros tiempos están en las manos de Dios, descuidando lo que Él sí nos ha entregado en nuestras manos para hacer.
Lo que sí sabemos es lo que Él nos ha revelado en Su Palabra, y es que hemos sido creadas en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
Enfoquémonos y ocupémonos en:
- Buscar constantemente a nuestro Dios.
- Edificar nuestros hogares sobre la roca que es Cristo.
- Ser verdaderamente una ayuda idónea para nuestros esposos.
- Preparar el corazón de nuestros hijos para la eternidad.
- Como dice el libro de Tito, enseñar a las más jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos.
No mal usemos el tiempo que Dios nos ha regalado tratando de controlar lo que solo Dios controla. ¿Dices amén?
- Al reflexionar sobre el final de Uzías, tenemos que recordar que no solo se trata de iniciar bien esta carrera de la fe, sino de perseverar y finalizar guardando dicha fe, como dice Pablo en 2 Timoteo 4:7: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe». El pecado nos envuelve fácilmente y obstaculiza nuestro progreso, así que, recordemos despojarnos de él todos los días.
- Dios usó a los hijos de Israel (reino del Norte) para disciplinar a Judá (tribu del Sur) a causa de los pecados de Acaz, pero me impacta profundamente cuando Dios les llama la atención a los hijos de Israel a través del profeta Obed sobre la ira con la que ellos actuaron ante sus hermanos.
- Lo cierto es que, aunque nuestros familiares, padres, hijos o hermanos practiquen una vida de pecado y Dios nos use como instrumentos de disciplina, Él nos llama a no actuar con ira, sino con amor y respeto.
- ¿Cómo estás tratando a tus familiares que no conocen al Señor o que continúan en sus prácticas pecaminosas? ¿Les estás mostrando el evangelio en tus actos y forma de hablar?
- Por último, aunque hayamos cometido y practicado muchos pecados u ofendido a Dios profundamente como lo hizo el rey Acaz, no tenemos por qué continuar en ese camino, pues Dios ha provisto a través de Jesucristo nuestra reconciliación con Él, y si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda nuestra maldad.
Recordemos que en Isaías 53:5 dice:
«Pero Él fue herido por nuestras transgresiones,
Molido por nuestras iniquidades.
El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él,
Y por Sus heridas hemos sido sanados».
El que vivas una vida de pecado no es excusa ni justificación para continuar en ella, pues Dios ha provisto para tu libertad. ¿La quieres?
«Nos necesitamos mutuamente. Necesitamos pasar tiempo con personas que tengan una relación viva con Dios si esperamos ser fuertes en nuestra propia fe y fortalecer la suya».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en The First Songs of Christmas, p. 31) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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