Hoy comenzamos el libro de Esdras. En los capítulos 1–4, vemos cómo el Señor movió el corazón del rey Ciro para permitir que los judíos exiliados regresaran a Jerusalén, restauraran el templo y recuperaran los utensilios sagrados. El pueblo respondió con alegría y obediencia, pero pronto enfrentaron oposición de los pueblos vecinos, y la obra se detuvo.
Leer
Reflexión
El pasaje de hoy nos da una poderosa imagen de que el corazón del rey está en la mano del Señor (Prov. 21:1).
¿Por qué es consolador saber que incluso los corazones de los gobernantes están en las manos de Dios?
Devocional
El libro de Esdras comienza exactamente igual como termina el libro de 2 de Crónicas, ¿lo notaste? Nuestro Dios nos está dejando muy claro que Él va a llevar a cabo Su obra y hará que toda Su Palabra se cumpla. «Para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías…» (2 Cro. 36:21).
La Palabra de Dios es eterna
Veamos las siguientes citas:
«Porque en verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla». –Mateo 5:18
«Porque Yo, el Señor, hablaré, y toda palabra que diga se cumplirá». –Ezequiel 12:25
¡Cuánta paz y consuelo debe darnos que el cielo y la tierra pasarán, pero Su Palabra no pasará!
Debemos estar atentas a esa Palabra como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro. Aunque esta época es oscura y los días son difíciles e inciertos, tenemos esa Palabra segura en la que podemos confiar porque todas las promesas del Señor se cumplirán. Por esa razón debemos leerla, meditarla, conocerla , para ser mujeres que adoramos y servimos al Dios de la Biblia.
Dios siempre está trabajando, llevando a cabo Su obra
Habían pasado los 70 años profetizados de exilio para el pueblo judío, y ahora era el tiempo de regresar.
Años antes, el rey Salomón, hijo de David, recibió la orden de edificar casa al Señor en Jerusalén. Pero ahora, «el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia». Porque «Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; él lo dirige donde le place» (Prov. 21:1). Ahora un rey pagano iba a edificar casa al Señor, Dios de Israel. «Y todos aquellos cuyo espíritu Dios había movido a subir para edificar la casa del Señor que está en Jerusalén».
No solo el corazón del rey está en las manos del Señor, sino el mío, el tuyo y el de los miembros de nuestras familias.
Confiemos que Dios está llevando a cabo Su obra en cada uno y usa personas comunes y corrientes como nosotras. Como hizo el pueblo de Israel, así debemos trabajar y servir a Dios, poniendo nuestros dones en operación y ofrendando voluntariamente para la obra de Dios según Él lo ponga en nuestros corazones.
Es un gran privilegio que el Señor nos use para llevar a cabo Sus propósitos y planes. Él es quien pone el querer como el hacer por Su buena voluntad y hace Su voluntad en el ejército del cielo y en los habitantes de la tierra, y no hay quien le resista. Rindamos nuestras vidas a Su servicio y que Él haga con nosotras como disponga. Somos instrumentos en Sus manos.
Dios se deleita en la unidad de Su pueblo
Me llama la atención que en esta porción, en varias ocasiones se repite que toda la congregación estaba unida como un solo hombre. Esto implica tener un mismo propósito, una misma mente y un mismo corazón.
Satanás sabe que una casa dividida contra sí misma no prospera ni prevalece. La desunión es obra de él.
Debemos andar de una manera digna del evangelio y preservar la unidad como dice el apóstol Pablo:
«…si hay alguna comunión del Espíritu …hagan completo mi gozo, dedicados a un mismo propósito. No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás». –Filipenses 2:3-4
Siempre habrá oposición
Por último, no olvidemos que la obra de Dios y la unidad entre los creyentes no se llevan a cabo sin oposición. Necesitamos sabiduría y discernimiento para no dejarnos engañar o confundir por los mensajes y los mensajeros del enemigo de Dios y de nuestras almas.
Cuando los enemigos del pueblo vieron que venían a trabajar para reconstruir el templo les ofrecieron ayuda y parecía muy oportuna:, dijeron: «Vamos a edificar con ustedes, porque, como ustedes, buscamos a su Dios, y le hemos estado ofreciendo sacrificios desde los días de Esar Hadón, rey de Asiria, que nos trajo aquí».
La respuesta del pueblo evidenciaba sus convicciones. Claro que podían usar esa ayuda en el trabajo físico, pero ellos rehusaron porque estaban enfocados en agradar a Dios, obedeciendo y haciendo Su voluntad.
Les dijeron: «No tienen nada en común con nosotros para que juntos edifiquemos una casa a nuestro Dios, sino que nosotros unidos la edificaremos al Señor, Dios de Israel, como nos ordenó el rey Ciro, rey de Persia».
La versión RV60 dice: «no nos conviene». Todo me es lícito, dice Pablo, pero no todo conviene. Dios nos dé discernimiento para probar los espíritus, si son de Dios, y no nos dejemos intimidar ante amenazas o estrategias humanas. Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Es necesario agradar a Dios antes que a los hombres. No seamos pragmáticas, tomando decisiones por los resultados visibles. Sabemos que nuestro Dios es poderoso y soberano. Él es quien nos dice que no temamos, Él está con nosotras todos los días hasta el fin del mundo. Aunque a veces parece que el mal triunfa y que la obra de Dios no avanza, recuerda que hay un tiempo determinado para todo, no nos demos por vencidas, sigamos al Señor con fidelidad, porque Su Palabra y Su voluntad se cumplirán.
¿Qué promesas o mandamientos se han quebrantado o se han cumplido en Cristo?
¿Identificas alguna área de tu vida que necesitas rendir al Señor? Escríbela.
«Cuando eres “encarcelada” en circunstancias fuera de tu control –incluso si es tu culpa– no estás sola. Puede que te sientas atrapada, sin salida, pero tu Padre celestial está allí. El Señor observa lo que te está sucediendo y vigila cómo te está yendo. A su tiempo, Dios derrotará los objetivos de tu enemigo y completará Sus propósitos en tu vida».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en Ester: Confiando en el plan de Dios, página 36) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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