21 de junio de 2026

Lee la Biblia, Día 172

Nuestra lectura de hoy comienza con un clamor para que Dios ejerza venganza «por la gloria de Tu nombre». Con cuánta facilidad olvidamos que Dios es glorificado tanto en Su justa ira como en Su abundante misericordia.

Leer

Salmos 79-85

Reflexión

«¿Hasta cuándo, Señor?» es la oración del salmista (Salmos 79:5; 80:4; 82:2). ¿Qué oraciones de «¿Hasta cuándo?» has hecho en los últimos meses? Considera si están centradas en tu propia comodidad o en la gloria de Dios.

Devocional

Los Salmos 79 al 83 y 85 son de Asaf. Este fue un levita director del coro en tiempos de David. También era «vidente», es decir, «profeta». Se le atribuyen 12 salmos.

En el Salmo 79, que es profético, vemos su lamentación sobre la destrucción futura de Jerusalén y el posterior cautiverio de Israel. Nosotras, conociendo la Palabra profética más segura, debemos, por amor a la gloria de Su Nombre, hablarle a nuestra generación de Su alabanza y el juicio venidero.

En el Salmo 80, suplica al Pastor de Israel por la restauración del pueblo. Tres veces, en los versículos 3, 7 y 9, apela al Dios de los Ejércitos para que «resplandezca Su Rostro sobre ellos» y les diera salvación, es decir, tener Su favor. Oró la bendición sacerdotal de Números 6:22-26. ¿Oramos de esta forma?

Pasamos al Salmo 81, donde Asaf destaca nuevamente la desobediencia de Israel y la bondad de Dios. El «Yo Soy» les amonesta e invita a que lo oigan. Oírle es vida y saciedad al alma. No oír lleva a la dureza del corazón y al enredo de las propias artimañas.

En el Salmo 82 llama a Dios el «Altísimo y Juez Supremo de todos aquellos que gobiernan», los cuales debían defender, rescatar, librar y hacer justicia. No gobernamos a nadie, pero estamos rodeadas de mucha necesidad. ¿Mostramos la compasión de Dios a otros?

El Salmo 83 es imprecatorio, es decir, el salmista ora por la destrucción de Sus enemigos. Todos serán juzgados y reconocerán que «solo Él se llama Señor». ¿Proclamas esta verdad?

El Salmo 84 es una declaración de los hijos de Coré de la bienaventuranza de aquellos que aman la Casa del Señor. Tres veces usan la palabra «bienaventurados» para referirse a los que moran en Su casa, los hijos que encuentran en Dios su poder y le confían. ¿Te consideras bienaventurada?

En el Salmo 85 vemos otro ruego por misericordia y otra llamada a oír la voz de Dios, porque solo ella nos da la verdadera paz, y nos guarda de insensatez y locura. ¿Oyes atentamente lo que Dios nos enseña? 

Resume con tus palabras el mensaje de estos capítulos. 

«Dios nos bendecirá y nos hará una bendición». 

(50 promesas para vivir, p. 10) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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