Los salmos de hoy comienzan con la protección de Dios y terminan en alabanza, recordándonos que nuestro Protector no permitirá que nuestro pie resbale; razón suficiente para una alabanza de todo corazón.
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Reflexión
El Salmo 98:8 dice: «Batan palmas los ríos; a una canten jubilosos los montes». Tómate un momento para mirar por tu ventana. ¿De qué manera la creación está alabando a Dios donde tú estás?
Devocional
En un mundo tan inseguro, saber que el Altísimo es nuestro abrigo, el Omnipotente nuestra sombra y Dios nuestro refugio, debería conducirnos del temor a una confianza serena. Nada llegará a nuestras vidas sin Su consentimiento, y cuando la adversidad llegue, nada podrá dañar u obstaculizar aquello que Él nos ha dado saciarnos; Salmos 91:16 dice: «Lo saciaré de larga vida y le haré ver Mi salvación» (Sal. 91:16).
Cuando tenemos en mente que quien está a nuestro lado es bondadoso y fiel, y además reina y está vestido de majestad, llevaremos un estilo de vida de alabanza continua. No importa nuestra edad, estado o situación; Él nos hará florecer, nos vigorizará y fructificará, pues nos ha plantado firmemente en Su casa, y procuraremos esa santidad que conviene a la misma (Sal. 92-93).
Además de inseguro, el mundo está atestado de injusticias. Pareciera que éste prevalece, y esto nos entristece. A veces, nuestros pies «resbalan», pero ese Dios de justicia es quien nos sostiene misericordiosamente, trayendo al alma inquieta Su deleitosa consolación. ¡Algún día se hará justicia y veremos cómo la misma maldad de los malos los matará! (Sal. 94).
El Salmo 95 nos advierte de la incredulidad. Por muy malas que se vean las cosas, de nuevo vemos la grandeza de Dios como Señor, Hacedor y Rey. Nuestra confianza se fortalecerá cuando dejemos de ver cuán grandes son los problemas, y reconozcamos que, por mucho, el Pastor que con ternura nos pastorea es mayor. ¡Estamos en Sus manos y esto debe enternecer nuestros corazones!
Los Salmos 96, 97 y 98 invitan por igual a adorar, a cantar y atribuirle la gloria debida al nombre del único que es soberano. En este mundo caído, reconociendo todo lo expuesto, deberíamos vivir con regocijo. ¿Vives a la altura de tan maravillosa realidad?
¿Qué áreas en tu corazón necesitas rendir al Señor? ¿Alguna acción a tomar?
«El desasosiego está profundamente arraigado en los seres humanos. La gente de la generación del Éxodo, por elegir un ejemplo, se fatigaron durante los cuarenta años de vagar por el desierto, siempre deseando descansar, pero negándose a pagar el precio. No creían en las promesas de Dios».
(Nacido como niño, sin embargo Rey, p. 51) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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¿En qué versículo, verdad o promesa meditarás y guardarás en tu corazón hoy?