La selección de salmos de hoy abarca desde la alabanza y la acción de gracias hasta la dificultad y la angustia, igual que nuestra vida diaria. A lo largo de todo ello, los salmistas mantienen sus ojos fijos en la fidelidad del Señor. ¿Harás tú lo mismo hoy?
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Reflexión
El Salmo 142 concluye así: «Saca mi alma de la prisión, para que yo dé gracias a Tu nombre; los justos me rodearán, porque Tú me colmarás de bienes». Cuando le pides al Señor que te libre de una prueba, ¿es tu motivación glorificarlo? Haz tuya hoy la oración de David: «Sácame de ______ para que yo dé gracias a Tu nombre».
Devocional
En unos pocos versos encontramos tantas razones para alabar a Dios que podríamos pasar el día entero haciéndolo. Él hace lo que le place, y saber que Él es bueno debería llenarnos de gozo, pues lo que hace siempre es bueno.
Alabamos a Dios porque Él es bueno, benigno, grande y elige a Israel como Su pueblo. Alabamos a Dios por Su poder sobre la naturaleza al hacer subir las nubes, enviar lluvia y vientos, y por los grandes milagros realizados. Su nombre permanece para siempre y Él juzgará a Su pueblo con compasión.
Como seres humanos, necesitamos adorar a algo o alguien, pero los ídolos, hechos por el hombre, son inútiles: tienen boca pero no hablan, ojos pero no ven, oídos pero no oyen. Aquellos que los adoran se hacen semejantes a ellos.
La pregunta es clara: ¿A quién adoras? Si no es a Dios, entonces estás adorando ídolos. El salmista nos da el mejor consejo: ¡Bendecid al Señor!
Salmo 136
En este salmo se repite 26 veces la frase: «¡Porque para siempre es Su misericordia!». En la tradición judía, se le conoce como el «gran Hallel» por su enfoque en la bondad de Dios hacia Su pueblo, motivándolos a alabarlo por Su misericordia y amor firme.
El salmista resalta la naturaleza de Dios al mostrar cómo, desde el principio, Él ha sido misericordioso con Su pueblo, y nos da la seguridad de que continuará siéndolo hasta el final. Nos recuerda que cada cosa por la que podemos dar gracias es un reflejo de Su misericordia.
Damos gracias:
- Al Dios de los dioses.
- Al Señor de los señores.
- Al único Señor que hace grandes maravillas.
- Al que hizo los cielos.
- Al que hizo la tierra.
- Al que hizo el sol, la luna y las estrellas.
«¡Porque para siempre es Su misericordia!».
Al leer este salmo, nos damos cuenta de que la lista de motivos para alabar a Dios es extensa.
El salmista nos recuerda varios hechos históricos, y esto nos muestra que desde siempre el Señor ha tenido misericordia de Su pueblo.
La misericordia de Dios:
- Nos muestra que Él es bueno.
- Nos recuerda que Él es el creador.
- Nos salva y libra de la muerte eterna.
- Nos lleva a la tierra prometida.
- Nos provee, nos dirige y nos rescata.
Puedes continuar tu propia lista, recordando siempre que todo es por Su misericordia, que es para siempre.
Salmo 137
Los salmos generalmente expresan alabanza, fe, esperanza y confianza, pero este no es el caso de este salmo. Este salmo pronuncia una maldición, reflejando un período de angustia y soledad en la historia del pueblo de Dios. Aunque su nombre nos evoca desesperación, tiene un propósito en medio de la adversidad.
«Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión» (v. 1). Allí, los israelitas eran perseguidos y sufrían, lejos de la tierra prometida, debido a su pecado contra Dios. El pecado los llevó a una situación desolada, lejos de la presencia de Dios y de su propósito original, donde no había lugar para el canto, solo para el lamento.
Esta imagen nos invita a reflexionar: ¿dónde perdimos nuestra alegría y nuestro propósito? Aunque el cristiano debe cantar en tierras extrañas, nunca debe perder la causa de su canción. A pesar de los momentos difíciles, en la gracia de Dios, podemos cantar con esperanza, porque sabemos que nuestro verdadero reino está con Él. ¿Has buscado refugio en Su gracia?
Salmo 138
El salmista comienza: «Con todo mi corazón te daré gracias», mostrando que está tan lleno de la Palabra de Dios.
David ha hablado con Dios durante tanto tiempo que no necesita mencionarlo, simplemente le habla. En esto, él nos enseña a postrarnos hacia el lugar donde debe recaer nuestra adoración. Hoy, ese lugar es Jesús, y nuestra adoración debe apuntar a Él, no a nosotros mismos. Te reto a que reflexiones sobre las canciones que cantas: ¿apuntan a Cristo o a ti? La adoración debe enfocarse en Jesús, quien es el único digno de gloria y alabanza. Al adorarle, siendo conscientes de quién es Él, seremos transformados. Adoremos mirando hacia el templo, hacia Jesús.
Salmo 139
¡Nadie nos conoce tan perfectamente como Dios! Él nos creó, sabe todo sobre nosotros, está en todas partes y conoce nuestros pensamientos, deseos y acciones. No podemos escapar de Su presencia, ni siquiera en la muerte. Nos observa, nos cubre con Su mano y nos sostiene, aun conociendo nuestras imperfecciones. Esto debe llenarnos de gozo, sabiendo que tenemos un Dios que nunca nos abandona. Debe despertar en nosotras un profundo deseo de amarle y rendirle nuestra vida, confiando en que en Su presencia encontramos la seguridad más grande.
Salmo 140
¿A quién clamas cuando te sientes en peligro?
David busca refugio en Dios, sabiendo que solo Él puede protegerlo. En momentos de angustia, cuando el mal nos oprime y el enemigo intenta destruirnos, debemos clamar a Dios, nuestro Creador. Aunque sus enemigos esperaban que tropezara, David confió en que Dios lo salvaría. En tiempos de dificultad, debemos clamar con fe y esperanza, alabando a Dios aun en medio del temor, confiando en que Él nunca nos abandonará.
Salmos 141
David, angustiado, ora a Dios pidiendo que se apresure a responder y le ponga guarda a su boca, para que no salga nada de ella que no sea agradable a Dios.
En momentos de angustia, lo primero que suele salir de nuestra boca, no es alabanza. El salmista nos enseña a guardar nuestros labios, algo que solo Dios puede hacer. En medio de la prueba, debemos clamar a Él para que guarde nuestro corazón y nos ayude a adorar, así podremos ver Su obra en nuestras circunstancias más difíciles.
Salmos 142
Teniendo en cuenta lo que hemos leído en los salmos anteriores, te invito a que hagas tu propia oración con este salmo, puesto que los salmos nos ayudan a enfocar nuestras oraciones en Dios, mira en la dirección correcta, mira a Jesús, quién murió por nosotros para que pudiéramos entrar con confianza delante del Padre. No tengas temor, porque hoy, Su misericordia es nueva y solo Él puede darte vida eterna.
¿Con cuál salmo te identificas y por qué?
«El salmista le pide a Dios que ponga un centinela en su propia boca, sabiendo que el mayor peligro estaba no en lo que otros podían hacerle a él, sino en lo que él podía decir en contra de los demás».
(El poder de las palabras, p. 32) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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