Los capítulos de hoy presentan un contraste vívido entre el sabio y el necio. Observa el énfasis en el poder de las palabras: nuestra manera de hablar puede traer ánimo y entendimiento, o puede causar discordia y destrucción. ¿Tus palabras traen vida a quienes te rodean?
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Reflexión
¿Puedes recordar momentos en los que tus palabras trajeron daño, confusión o división? Considera cómo podrías responder con sabiduría la próxima vez que surja una situación similar.
Devocional
Hoy continuamos con una larga lista de proverbios, pero quiero hablar de dos versículos en especifico que se encuentran en el capítulo 14:
«El sabio teme y se aparta del mal, pero el necio es arrogante y descuidado». –Proverbios 14:16
¡Cuánta sabiduría necesitamos para temer a Dios y apartarnos del mal! Ahora bien, ¿cómo conocemos cuál es el mal? Únicamente al leer la Palabra, meditar en ella y llevarla a la práctica, aun cuando pecamos. Así que, cuando tenemos de frente una tentación, necesitamos saber que es prudente alejarse o caeremos en sus garras.
La Palabra nos ayuda a discernir la tentación, y el Espíritu de Dios en nosotros nos ayuda a que podamos apartarnos antes de caer en ella. Es por eso que cuando Jesús nos enseña a orar, nos dice que debemos pedirle al Padre que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal.
El segundo versículo es:
«La mujer sabia edifica su casa, pero la necia la derriba con sus manos». –Proverbios 14:1
Hasta hoy, hemos visto en el libro de Proverbios la necesidad de aprender a amar la sabiduría, de conocer la Palabra, conocer a Dios y Sus consejos que reflejan Su amor, misericordia, paciencia, gracia, justicia, rectitud y todas las bondades que encontramos cuando la atesoramos en nuestro corazón. Cuando la Palabra se arraiga en nuestro corazón, entonces comprendemos este versículo para ser mujeres sabias que sepan edificar su casa para la gloria de Dios.
A medida que seguimos a nuestro Señor e imitamos Su carácter por el poder del Espíritu Santo, el Señor también va formando nuestro carácter. Una mujer sabia tiene su confianza en Dios únicamente; una mujer sabia vive sabiendo que Dios la sostendrá en cualquiera que sea su circunstancia. El conocimiento de las Escrituras fortalece su fe y le permite hablar con sabiduría y adiestra sus manos para hacer el bien.
El mundo desprecia la sabiduría y nos dice que nuestra libertad está en hacer nuestra propia voluntad, pero nada hay más lejos de la realidad. Necesitamos retomar el rumbo que perdimos cuando creímos que podíamos vivir separadas de Dios, necesitamos volver a la Palabra, necesitamos deshacernos de las cadenas que por años han atado nuestra conciencia y necesitamos rendirnos delante de Dios, porque es delante del trono de Su gracia donde está nuestra verdadera fortaleza. Necesitamos regresar a la fuente de la sabiduría, y para esto necesitamos ser valientes, regresar a la senda que perdimos, al camino del cual nos desviamos para recuperar nuestros hogares, nuestras familias, para dar refugio a nuestros hijos, para extender las manos a aquellos que necesitan nuestros brazos. Necesitamos doblar nuestras rodillas para volver a ganar las pequeñas batallas de cada día, necesitamos ser mujeres sabias que edifican su casa, y dejar de ser mujeres necias que las derriban con sus manos.
¿Qué versículo ha impactado tu corazón y te llama a ser transformada en el poder del Espíritu Santo?
«Las victorias espirituales se ganan cuando hablamos la verdad. En la vida real, parece ser que las personas que engañan son las que ganan. Pero Proverbios nos dice que, a la larga, los efectos de las palabras de verdad serán duraderos, pero aquellas que engañan no durarán».
(El poder de las palabras, p. 22) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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¿En qué versículo, verdad o promesa meditarás y guardarás en tu corazón hoy?