13 de julio de 2026

Lee la Biblia, Día 194

En este capítulo final, Salomón reflexiona sobre la brevedad de la vida y nos exhorta a recordar a nuestro Creador mientras somos jóvenes. Nos recuerda que debemos vivir con reverencia y obediencia a Dios, pues este es el propósito y el significado duradero de nuestras vidas.

Leer

Eclesiastés 9-12

Reflexión

¿Cómo influye en tus prioridades y decisiones el tener presente lo pasajero de la vida?

Devocional

El creador y soberano Dios decretó que la paga del pecado es la muerte. Justos e injustos han de pasar por ella. Esta es la «gran niveladora» de la humanidad. Llega a todos sin importar la edad, estatus, riquezas, prestigio o logros alcanzados. Sin embargo, hay esperanza que solo encontramos en lo que Cristo prometió: «El que cree en Mí, aunque muera, vivirá» (Jn. 11:25). 

¿Cómo impacta en tu vida esta promesa?

Mientras la muerte llega, hay cosas por hacer «debajo del sol». Entre ellas: gozar la vida que nos ha sido dada en todos los aspectos. Trabajar con empeño y excelencia. Guardarnos de locuras. Seguir cultivando la sabiduría, recordando que no es garantía de éxito, ni goza del aprecio de muchos. Evitar toda negligencia y necedad. Tener en cuenta que el prosperar no viene de Dios. Y, si eres una joven, goza de la juventud, pero recuerda que esto también es vanidad, por eso: «Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud».

Vive tu juventud «haciendo memoria» del Creador, antes de que llegue la vejez, la cual Salomón describe, de manera poética, cómo vendrá a todos. 

Podrías preguntarte… Si todo lo visto en este libro es vanidad, ¿vale la pena vivir?

El Predicador, luego de todas sus observaciones, nos enseña que sí vale la pena vivir, pero solo cuando es a la manera de Dios.

Vivir conforme a Dios incluye reconocer que la sabiduría humana es fútil. Por eso, es mejor escuchar a los sabios que enseñan palabras verdaderas. Temer a Dios y guardar Sus mandamientos. Y lo último, a recordar que todos daremos cuentas al Creador.

 Sabemos que quedamos muy cortas ante tales cosas, pero si hemos creído que Cristo es: 

  • Sabiduría de Dios.
  • Maestro y predicador, perfectos.
  • La verdad y la vida.
  • Quien guardó a cabalidad todos los mandamientos a favor nuestro, de forma tal que ahora nuestro deleite es obedecerlos…

…entonces no tendremos temor de dar cuentas de nuestros malos actos a Dios, confiando en Su perdón, todo gracias a la cruz. ¡En ella Cristo canceló todos nuestros pecados!

¿Cómo estos pasajes anticipan la necesidad de la obra de Cristo de su vida, muerte, resurrección e intercesión hoy?

«Dios está presente contigo en tu dolor y a Él se complace en rescatar a Sus queridos hijos del pecado y de la vergüenza». 

(Rahab: Siguiendo el hilo de la redención, p. 25) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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