6 de agosto de 2026

Lee la Biblia, Día 218

La lectura de hoy nos impulsa a orar: «No hay nadie como Tú, oh Señor: grande eres Tú, oh Señor. Grande eres Tú, y grande es Tu nombre en poderío».

Leer

Jeremías 10-12

Reflexión

A diferencia de los ídolos sin vida de las naciones, Jesús realmente se hizo carne para habitar entre nosotros. Toma un momento hoy para agradecerle por esta gracia asombrosa.

Devocional

Jeremías sigue obedeciendo el llamado de Dios de profetizar contra el pueblo de Judá y exhortarlos a escuchar la voz de Dios, de lo contrario, habría consecuencias y sus dioses no podrían salvarlos.

  • Habían roto el pacto que Dios hizo con ellos. Se habían negado a escucharlo y se habían dispuesto a rendir cultos a otros dioses.
  • Habían adoptado las costumbres de otras naciones e intentaban conocer el futuro en las estrellas (astrología).
  • Los pastores se habían desviado y no buscaban al Señor. No había un liderazgo espiritual piadoso que cuidara el rebaño con fidelidad.
  • El pueblo asistía al templo sin arrepentirse de las inmoralidades que cometían, como si con ello pudieran esconder su culpa o evitar el castigo.
  • Rendían cultos a artefactos (ídolos) hechos por manos de hombres. Esto solo hablaba de su estupidez y necedad; de su falta de conocimiento. ¡Estos artefactos de madera eran hechos por ellos mismos; eran un fraude, inútiles, ridículos y no tenían ningún poder! 

Dios le recuerda a Su pueblo a través de Jeremías que solo Él es Dios, pues Él creó todas las cosas, los cielos y las estrellas que ellos adoraban: la tierra, la lluvia, relámpagos y el viento. Dios también creó el hombre que fabricaba los ídolos. ¿Cómo podía un objeto de madera hecho por ellos mismos salvarlos y protegerlos? ¡Estos dioses ofrecían salud, riquezas, fertilidad, pero eran dioses de su propia fabricación, por tanto, no podían ser más poderosos que los artesanos que los fabrican!

  • ¿Qué objetos denominados como «sagrados» de la iglesia católica romana te vienen a la mente cuando piensas en estos ídolos de madera?
  • Lee y medita en el Salmo 115.
  • Ahora, piensa en tu propia vida. Al igual que este pueblo podemos ser tentadas a confiar en dioses que no pueden salvarnos. ¿Dónde has puesto tu confianza? ¿Acaso tienes algún «dios» aparte del Dios Creador todopoderoso? ¿Una carrera? ¿Un esposo? ¿Hijos? ¿Dinero? ¿Reservas económicas? ¿Autoridad? ¿Poder? ¿Influencia? ¿Control? ¿Reconocimiento? Así como se adoran objetos, se adoran personas físicas, todos hemos pecado contra Dios.
  • Pide a Dios que ilumine tu mente y tu corazón y te muestre si hay algún ídolo que debas eliminar de tu vida, y arrepiéntete de tu pecado frente al Dios que perdona.

«Hijos, aléjense de los ídolos». –1 Juan 5:21

Complot contra Jeremías

Jeremías se había convertido en un enemigo para el pueblo y querían matarlo para que callara. No querían aceptar al vocero, al profeta de Dios. Pero en lugar de luchar contra sus enemigos, él expuso su queja a Dios.

Tal y como Asaf, el salmista, y como muchas de nosotras en algún momento, Jeremías quería entender por qué los malos prosperan. Parecía que les iba bien, aun estando lejos de Dios en sus corazones.

Habremos alcanzado la madurez cuando entendemos que seguir a Cristo no implica una vida próspera o libre de problemas. Implica una vida consagrada a Él, confiada en Sus promesas, y no en Sus explicaciones. 

Dios lo alienta a perseverar en la dificultad, y le recuerda que la oposición vendrá. Él no debía poner su confianza en hombres, ni siquiera en los miembros de su propia familia, sino en Dios. Él pronunciaría juicio sobre sus enemigos y no quedaría ni uno, pero Jeremías sería librado, y al final, Dios restauraría a Judá.

Tanto Jeremías como Jesús fueron «llevados como ovejas al matadero». Pero ambos encomendaron sus vidas a Dios y no se resistieron a Su plan con ellos.

«Idolatría significa confiar en cualquier otra cosa que no sea el Dios que nos creó». 

(Habacuc: del temor a la fe 6/6/2015) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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