7 de agosto de 2026

Lee la Biblia, Día 219

Nunca olvides que el orgullo humano será despojado. Sin embargo, aun en medio del juicio, Dios recuerda la misericordia.

Leer

Jeremías 13-15

Reflexión

Muchas cosas pueden alejarnos de la intimidad con Dios. Las distracciones pueden llevarnos a perder la cercanía con Él para la cual fuimos creadas. ¿Qué barreras, si las hay, están presentes hoy en tu vida?

Devocional

De nuevo vemos a Jeremías lamentándose por el pueblo, sufriendo al ver la apostasía y la disciplina inminente.

Como Su profeta, Dios le da a Jeremías instrucciones para ilustrar al pueblo lo que ocurriría con ellos. Jeremías era fiel en seguir las instrucciones, aun sin entender el propósito. Con el cinturón de lino, por ejemplo, Dios le dice que comprarlo y ponérselo, pero no mojarlo. Luego le dice que se vaya al Éufrates y lo esconda en una peña. Supongo que Jeremías no tenía idea de lo que Dios estaba haciendo, pero él obedecía fielmente. Jeremías era un profeta fiel del Señor.

  • Dios da imperativos claros en Su Palabra. ¿Eres fiel en obedecerlos aunque no los entiendas o no los encuentres razonables en tu circunstancia en particular?

Las acusaciones de Dios continuaban: el pueblo había sido terco, no prestaban atención a Dios, eran altaneros, idólatras. El pueblo solo prestaba oídos a profetas engañosos que hablaban sin haber sido enviados por Dios. Lejos de arrepentirse, el pueblo retrocedía cada vez más y más.

Al igual que Abraham, Moisés y Samuel en el pasado, Jeremías se lamentaba continuamente por la condición del pueblo. Jeremías no se regocijaba del castigo de Dios que vendría. Al igual que Jesús cuando lloró por la condición de Jerusalén en Lucas 19:41–44, Jeremías era un hombre quebrantado que tenía compasión por el pueblo.

  • ¿Qué haces cuando ves el pecado a tu alrededor? ¿Juzgas con orgullo y auto-justicia o intercedes con compasión por ellos?

Dios prohíbe a Jeremías interceder: «No ruegues por el bienestar de este pueblo». El Señor no quiere sacrificios ni ayunos. Sus actividades religiosas no los salvarían; sus corazones estaban lejos de Dios. Era urgente que se arrepintieran o la disciplina sería inevitable. Ellos sufrirían las consecuencias de su desobediencia, y eso se vería reflejado en sequías, hambrunas, espada, muertes, infertilidad, viudez, destierro, cautiverio, etc.

Mientras el pueblo había olvidado a Dios, Jeremías relata cuán deleitosa era la Palabra del Señor para él. Jeremías encontraba ánimo en ella; sentía gozo y deleite en su corazón al recibir la Palabra de Dios.

  • ¿Qué tan deleitosa es la Palabra de Dios para ti? ¿Tienes hambre de ella? ¿La amas? ¿La obedeces?

Jeremías había sido obediente a Dios, y su obediencia hizo que él fuera rechazado por su propio pueblo. Como humano, al fin, él resiente haber nacido para ser instrumento de discordia y contienda, (¡¿quién quiere tener ese trabajo?!). Se lamentaba de ver al pueblo sufrir las consecuencias de su desvío, y también de las consecuencias negativas en sus propias relaciones al cumplir el llamado del Señor. Pero Dios promete vindicarlo. Jeremías aceptó su encomienda, alentado por la Palabra de Dios, y a pesar del desaliento, continuó siendo su fiel vocero.

Dios es nuestro dueño y Él determina cuales son Sus propósitos para nuestra vida. Él tiene cuidado de Sus siervos.

«¿Por qué hacemos de la santidad una obligación austera o una carga que hay que soportar, cuando la realidad es que ser santo es ser limpio, ser libre del peso y la carga del pecado? ¿Por qué nos aferraríamos al pecado más de lo que un leproso se negaría a desprenderse de sus llagas supurantes, teniendo la oportunidad de ser limpiado de su lepra? Buscar la santidad es avanzar hacia el gozo». 

(Santidad, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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