7 maneras de ministrar a mujeres vulnerables

Las palabras pueden ser tan simples, pero al mismo tiempo tan profundas. Pueden traernos vida, pero también puede congelarnos, atascarnos o incapacitarnos para funcionar (Proverbios 16:24). Aunque nuestras palabras siempre tienen un impacto sobre los demás, para quienes están en una condición vulnerable, pueden ser aún más poderosas.

Por esa razón cuando interactuamos con mujeres en situaciones de vulnerabilidad, es vital que hablemos y escuchemos con gracia. Escuchar las historias de dolor de otra persona puede hacernos sentir incómodas, lo que a su vez nos lleva a alejarnos de ellas. Eso es entendible. Pero ser invitada al espacio de una mujer para escuchar su historia es un honor y un privilegio que no puede ser tomado a la ligera (Ro. 12:9-10).

Hay dos grupos específicos de mujeres que a menudo están vulnerables, aisladas y se sienten malentendidas son aquellas que han experimentado abuso, ya sea físico o sexual. Las mujeres que han sido abusadas, en el pasado o en el presente, tienen la inclinación a luchar con la vergüenza y el menosprecio, lo que ocasiona que sientan condenación con más facilidad (Ro. 8:1).

Aunque muchas deseamos mostrar compasión hacia estas mujeres, nuestras palabras no siempre fluyen bien. Es normal que cuando enfrentamos las atrocidades del abuso cara a cara nos sintamos sacudidas sin saber qué hacer. Podríamos comenzar a buscar en nuestra mente qué será lo más apropiado que pueda decir -o peor aún- de manera inadvertida podríamos decir «lo incorrecto». Quiero animarte con algunos pasos prácticos que puedes tomar:

Cómo ministrar a la mujer vulnerable

1. Simplemente puedes estar presente.

Naturalmente queremos encontrar las palabras o acciones «correctas» pero a veces tales palabras no existen. Puedes disponerte simplemente a estar presente dejándoles que compartan su historia (Gálatas 6:2). Ten en cuenta que es posible que seas la primera persona con quien la comparten. La manera en cómo reacciones determina si se retrotraerán o continuarán examinando las aguas de estar dispuestas a confiar en otros nuevamente. Un consejo que te ayudará a escuchar historias difíciles es reconocer cuánto más difícil fue vivirla que escucharla. Ajustar nuestro paradigma, nos permite mostrar un nivel de compasión y entendimiento más profundo (Juan 15:12).

2. No huyas, ni literal ni mentalmente.

Puede resultar fácil permanecer allí físicamente mientras que tu mente está en otro lado. Es crucial que estés presente por completo. Cuando escuches, trata de oír su historia en verdad desde su punto de vista sin dejar que tus ideas preconcebidas se interpongan. Por ejemplo, a muchas mujeres que han sufrido abuso de sus esposos o novios se les dice que simplemente debieron haber abandonado la relación. Pero raramente la historia es tan sencilla. Escucha la historia completa, muestra compasión y pídele al Espíritu Santo que te dé claridad (Ro. 5:5).

3. No condenes.

Muchas veces las víctimas de abuso son acusadas de permitir o pedir de alguna manera el abuso. Nunca des la impresión de que, directa o indirectamente, el abuso se debió a su culpa. Muchas de las víctimas ya luchan con preguntas como «¿por qué permití esto?» «¿por qué no lo detuve?». Estas preguntas pueden perseguir a una sobreviviente de abuso por días, semanas o aún años, después del abuso. Es vital escuchar sus historias con compasión (Ro. 8:33-34).

4. No minimices.

El abuso no es otra cosa que abuso. Siempre es incorrecto. El abuso siempre trae dolor. Muchas veces un sobreviviente de abuso lucha con entender si fue real, o se pregunta si lo están viendo como algo más grande lo que realmente es. Cuando alguien ajeno a la situación escucha su historia y minimiza la experiencia, eso les confirma que su abuso no es válido. Recuerda que quizás solo estás escuchando una porción de su experiencia. Es probable que estén reteniendo la mayor parte de la historia.

5. Reconoce su dolor (Gálatas 6:2).

Es posible que no puedas entender, pero puedes reconocer su dolor. Pregúntales cómo se están sintiendo ahora. Muchas veces las mujeres que han experimentado abuso luchan con depresión y a veces con estrés postraumático. Para las mujeres que luchan con las ramificaciones del abuso, algunos días pueden parecer insoportables y otros, resultan un poco más fácil. Las emociones que vienen del abuso pueden variar de persona a persona, así como de día a día.

6. Ora con y por ellas (Ef. 3:14-21).

Pregúntales sobre áreas específicas donde quieren que las cubran en oración. Ora inmediatamente con ellas. Pídele a Dios que las sane, dirija y les dé sabiduría mientras Él transforma sus cenizas en belleza (Is. 61:3). Si están casadas, ora por su esposo. Las ramificaciones del abuso pueden dificultar las relaciones, muchas veces el esposo no sabe qué hacer. Ora por sus amistades que luchan con lograr una conexión íntima con ella. Si lucha con la depresión, ansiedad o estrés postraumático, ora por ellas mientras transitan a través de esas situaciones.

7. Oriéntales sobre cómo buscar ayuda.

Toda persona que se recupera del abuso requerirá diferentes niveles de cuidado. No asumas que una sola forma se ajusta a todas las necesidades. Puede requerir tiempo encontrar un sistema de soporte adecuado. Anímalas a buscar consejería de alguien entrenado en áreas de abuso. Mantén en mente que no todos los programas son iguales. Solo porque alguien tenga un título de pastor, consejero, mentor, coach o líder de ministerio, no significa que estén capacitados para manejar cada escenario. Anímalas a hacer su parte buscando alguien centrado en Cristo, que sea bueno, bíblico y enfocado en renovar la esperanza que esté entrenado en áreas de crisis, traumas o abuso.

Caminar con las mujeres que luchan con las consecuencias del abuso no es tarea fácil, pero como parte de la iglesia, estamos llamadas a ministrar a las personas heridas. La iglesia debería ser conocida como un lugar de consuelo. Después de todo, somos las manos y pies de Cristo (1ª Co. 12). Dales espacio para que compartan, y no les requieras decir más o menos de lo que desean decir.

Para la mayoría de las mujeres, compartir nuestras historias requiere cierto nivel de confianza, pero para quienes han experimentado abuso, es un paso gigante de valentía. Sé un lugar seguro donde su valentía pueda ser probada.

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Sobre el autor

Ann Madison

Ann Madison

Ann Madison es la Directora Ejecutiva y fundadora de Peace Restored, un ministerio para mujeres que luchan con experiencias difíciles de la vida que puede incluir abuso físico o sexual. Ella ha recibido amplio entrenamiento e intervención de crisis, traumas, coaching y consejería cristiana. A través del ministerio Peace Restored, Ann ofrece múltiples clases mensuales y estudios bíblicos en adición a cuidado individualizado uno-a-uno tanto de manera personal como en formato virtual.

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