¿Cómo aconsejar cuando no me siento capacitada?

Dejé fluir las lágrimas mientras escuché su historia de soledad, rechazo, abuso físico y sexual, abuso de autoridad en la iglesia, adicción, pérdida de trabajo, y abandono del esposo. ¿Qué puedo decirle a esta mujer que le ayudará a volver a construir las piezas de su vida? ¿Qué esperanza puedo darle? He sufrido pocas de las cosas que ella ha experimentado, y en un grado mucho menor. No puedo «compadecerme» de la manera que ella probablemente necesita. ¿Realmente debo estar aquí escuchándola? ¿No habrá alguien más indicada? No estoy preparada para esto. 

Si eres esposa de un líder en la iglesia, o maestra de niños, jóvenes o mujeres, probablemente te ha tocado ser la que necesita consejos. Hay muchísima necesidad representada en las vidas de cada persona sobre la faz de la tierra. El enemigo nunca descansa de obrar, y la destrucción del pecado es evidente. ¿Qué puede hacer uno para ayudar a las personas en medio de sus dificultades y luchas, cuando uno siente que no tiene la preparación adecuada?

¿Qué significa y qué no significa ser «capacitada»?

Creo que nos conviene comenzar por definir términos. Me he dado cuenta de que utilizamos palabras comunes que, al ahondar un poco más, reconocemos que no todas tenemos la misma idea sobre su significado. 

Por ejemplo, yo puedo sentirme «capacitada» porque rápidamente se me ocurre una respuesta que suena bien al momento de enterarme de la situación. Otra puede sentirse capacitada porque ha vivido la misma experiencia. Posiblemente alguien más tiene confianza y se siente capacitada para cierta situación porque tomó una clase o leyó un libro sobre el tema. O simplemente ser la «esposa de pastor» puede crear la suposición de que alguien es capacitada. 

Pero en la economía de Dios, ninguna de estas cosas necesariamente garantiza una preparación y capacitación adecuada. Dios dice, «no te apoyes en tu propia prudencia», y «no seas sabio en tu propia opinión» (Prov. 3:5 & 7). Aunque pueden tener aspectos rescatables, las filosofías y corrientes de este mundo en cuanto a la psicología y sus maneras de resolver problemas no necesariamente nos preparan para aconsejar bíblicamente (Col. 2:8; Rom. 12:2). Incluso, aunque la experiencia personal sí es una capacitación en parte (2 Corintios 1:4), si estudiamos de cerca los pasajes que hablan de esto, entendemos que la consolación y sabiduría de la cual hablan no fluye directamente de nosotras mismas. Y está claro que solamente porque mi esposo sea pastor no significa que estoy automáticamente capacitada para aconsejar. 

Si investigamos a fondo lo que Dios considera una verdadera capacitación en su obra y en su reino, nos sorprenderemos a primera vista. Aquí una lista parcial:

  • Experimentar aflicción y consolación del Espíritu para ser canal de consolación (2 Cor. 1:6; 2 Tim. 3:12).
  • No es suficiente la apariencia de piedad porque podría estar engañando a las personas (2 Tim. 3:5-7).
  • Persistir diligentemente en ser instruida, amonestada, y corregida por la Palabra de Dios en mi vida personal para poder compartir acertadamente la verdad (2 Tim. 3:14-17).
  • No temer la muerte, sino vivir para la eternidad para estar firme y constante en la obra del Señor sin temer que sea en vano (1 Cor. 15:51-58). 
  • Vivir en el temor de Jehová. Esto implica humildad para reconocer que mis ideas y opiniones no son las mejores, y confianza y obediencia absoluta a Dios, cueste lo que cueste (Proverbios 3:1-8). 
  • Estar dispuesta a ser aconsejada (Prov. 13:10). 

Estar «capacitada» para aconsejar realmente no tiene mucho que ver con nosotras mismas. Tiene todo que ver con la obra del Espíritu Santo en nosotras. «Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas» (Juan 14:26). Si somos las receptoras de la consejería constante y perfecta de nuestro Salvador por medio de su Espíritu, podemos convertirnos en canales para ayudar a otros, no porque seamos capaces en nosotras mismas, sino porque Él es capaz y ha escogido usar a sus hijas como instrumentos en Su mano. Mientras más tengo oportunidad de aconsejar a otras hermanas, menos capacitada me siento y más veo la obra de Dios en las vidas de las personas utilizando muchos medios diferentes para gloria Suya.

¿Qué significa y qué no significa «aconsejar»? 

Otro término que es muy importante aclarar es esta palabra «aconsejar». La consejería es un tema popular hoy en día en el cristianismo en ciertas partes del mundo, y hay mucho que se podría decir sobre el tema. Pero, no escribo como experta en asuntos actuales, ni en consejería cristiana. Te escribo simplemente como una creyente, esposa de pastor, maestra, mamá, y hermana en Cristo con la que espero te puedas identificar. No tengo ninguna capacitación formal en la consejería bíblica ni profesional. No tengo licencia ni título ni respaldo oficial por parte de alguna asociación de consejeros. ¿Podré practicar la consejería? ¿Será atrevido e irresponsable de mi parte aceptar aconsejar a alguien cuando me viene a pedir ayuda, o cuando algún líder me pide intervenir en una situación? 

El Diccionario RAE en línea define «aconsejar» así: 1) Decir a alguien que algo es bueno o beneficioso para él; 2) Dar a alguien un consejo u opinión sobre lo que tiene que hacer; 3) Hacer que alguien vea o comprenda que otra cosa es necesaria. Si leemos estas definiciones con la Biblia en mente, podemos concluir que al aconsejar a alguien bíblicamente, estaríamos haciendo todo esto usando los parámetros que la Biblia presenta. 

¿La Biblia habla de la consejería? ¡Sí! ¿Tienes idea de quién habla cuando lo hace? ¡Dios mismo es nuestro consejero! Te comparto una pequeña muestra: 

  • Me has guiado según tu consejo (Salmo 73:24).
  • Bendeciré a Jehová que me aconseja (Salmo 16:7).
  • Se llamará su nombre… Consejero (Isaías 9:6). 
  • Grande en consejo y magnífico en hechos (Jeremías 32:19).
  • Conmigo está el consejo y el buen juicio (Proverbios 8:14). 

Siendo Dios nuestro gran Consejero, la Biblia también presenta el consejo como algo interpersonal: 

  • El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo del amigo, al hombre. (Prov. 27:9)
  • Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; más en la multitud de consejeros se afirman. (Prov. 15:22)
  • El camino del necio es derecho en su opinión; Más el que obedece al consejo es sabio. (Prov. 12:15)
  • En Daniel 4:27, Daniel aconseja al rey.
  • El autor de Hebreos manda que nos exhortemos unos a otros para evitar el engaño del pecado (Heb. 3:13).
  • Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. (Heb. 10:24 NTV)
  • Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo (Efesios 4:15 NBLA).

Estos pasajes y muchos más me convencen de esto: El plan perfecto de Dios para su iglesia es que los creyentes reciban el consejo de Dios por medio de su Palabra y el Espíritu Santo, y que se hablen esa misma verdad entre ellos para su crecimiento. 

No puedo y no necesito tener todas las respuestas. No puedo y no necesito transformar a alguien por mis propias fuerzas ni mi propia sabiduría. No soy quien hará que alguien abandone un pecado, acepte el perdón de Dios, perdone a quien le haya herido, restaure una relación rota, comience a asistir a la iglesia, deje una adicción, o comprenda el amor de Dios por ella. Esa no es la obra que me corresponde a mí. Me toca apuntar a otros a Cristo, decir la verdad en amor, reconocer que la obra no es mía, hacer todo lo posible por prepararme como un vaso útil, y pasar mucho tiempo en oración pidiendo la obra del Único que puede transformar vidas. 

  • ¿Debo aconsejar cuando se me presenta la oportunidad de hacerlo? ¡Sí! Dios me ha llamado a caminar con mis hermanas en Cristo hacia la santificación.
  • ¿Qué hacer con mis sentimientos de incapacidad? Llevarlos a Cristo y permitir que produzcan humildad, dependencia y absoluta confianza en el poder del Espíritu Santo para la transformación. 

Te pregunto al igual que me tengo preguntar frecuentemente a mi misma: 

  • ¿Te dejas aconsejar? ¿Permites que otros hablen a tu vida y recibes esa palabra con humildad?
  • ¿Participas activamente en las vidas de las mujeres a tu alrededor, sirviéndoles de manera práctica? Esto te abrirá puertas para hablar la verdad a sus vidas. 
  • ¿Perseveras en el estudio personal de la Palabra, buscando crecer en tu conocimiento de la condición humana y la obra Divina? Esto te capacita para aconsejar. 
  • ¿Estás dispuesta a aceptar que «aconsejar» no es «arreglar»? ¿Esperas que te hagan caso, y si no lo hacen, dejas de aconsejar? Una gran parte de aconsejar es dejar a las personas en manos de Dios. 

¡Ánimo, mi hermana! Somos instrumentos privilegiados y observadoras indignas de la multiforme gracia de Dios. 

Recursos adicionales recomendados para la capacitación:

  • Mujer de la Palabra | Jen Wilkin (LifeWay) | Te ayudará a desarrollar un hábito de estudio bíblico atento y fructífero.
  • Instrumentos en manos del Redentor | Paul Tripp (Editorial Faro de Gracia) | Te servirá para adquirir una perspectiva muy amplia de cómo Dios usa un siervo en la vida de otro.
  • La Disciplina de la Gracia, Pecados Respetables | Jerry Bridges | Será útil para comprender cómo Dios obra por gracia y cómo se manifiesta el pecado de maneras sutiles.
  • Ídolos del corazón | Elyse Fitzpatrick (Poiema Publicaciones) | Te ayudará a comprender cómo funciona nuestros
  • Para casos específicos: Mini libros sobres temas importantes de consejería (Editorial Bautista Independiente) https://www.ebi-bmm.org/products/show/id:174396/

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Sobre el autor

Susi Bixby

Susi Bixby

Tiene 21 años de casada con Mateo, y ama a sus tres regalos de Dios: Aaron, Ana y David.

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