Si hay algo que las facilitadoras o encargadas de grupos pequeños enfrentan en el ministerio de mujeres de la iglesia local, es conocer y entender las suposiciones preconcebidas acerca de la dinámica del grupo. Es decir, conocer en qué etapa de vida están tus hermanas, conocer sus contextos… básicamente, conocerlas. Esto te ayudará a servirlas mejor y servirse efectivamente las unas a las otras.
Puntos a tomar en cuenta
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Reconoce si tu grupo no tiene la costumbre de realizar tareas. Si es así, necesitas ser muy intencional en incluir medios de gracia que ayuden y motiven a las hermanas a realizarlas. Si lo que deseas es que ellas recuerden lo que han aprendido para conectar cada lección, entonces toma unos minutos para repasar lo que vieron en la lección pasada. Este tipo de grupo no siempre responde a las preguntas, así que puedes empezar tú con las respuestas o bien, contando una anécdota que viviste en la semana que te recordó lo que están aprendiendo.
- Reconoce si tu grupo se enfoca más en las expectativas de cómo será la dinámica y los costos. Apúntalas a lo que es importante. Sin embargo, si en tu grupo se espera que las hermanas colaboren con impresiones, comida, quizá alguna tarjeta de oración, etc., debes hacerlo saber con anticipación. Y si quizá no se ofrecen, honestamente pregunta qué está pasando o cómo se sienten.
- Reconoce si las hermanas en tu grupo tienen una inclinación alta a enfocarse en actividades sociales. Si es así, pregúntate: ¿es lo que Dios nos está llamando a hacer? Conversa con tu pastor o pastores para el consejo sobre cómo manejarlo.
- Reconoce y conoce tu grupo. Dios te enviará diferentes hermanas con situaciones difíciles, o con necesidades especiales, pero también con dones y talentos para servirse mutuamente y servir a la iglesia local. Al conocer a tu grupo, podrás orar mejor y amarlas al hablarles la verdad, apuntarlas a Cristo de manera que sus vidas sean transformadas a Su imagen. Recuerda lo que dice la Palabra: «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones» (Col. 3:16).
Evalúa a tu grupo consistentemente para determinar si están conectando entre ustedes
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Observa cómo interactúan, cuánto participan, llegan o faltan, si toman notas, preguntan o incluso traen más material para edificarse según el tema que están leyendo en la Palabra.
- Toma en cuenta si el lugar de reunión es cómodo o crea distracción. O aspectos tales como la temperatura del salón, la ubicación o la dinámica del grupo. Todo puede ayudar o no ayudar para lograr el fin de todo grupo pequeño: conocer más a Dios, apoyarse para ser más como Cristo y servir a la iglesia local.
- Toma tiempo antes y después de las reuniones de grupo, y también en otros entornos sociales o actividades de la iglesia, para hablar con tus hermanas de manera individual y así ayudarles a que se sientan parte del grupo. Trata de repetir esa interacción con cada hermana y anima a otras a hacer lo mismo. Mientras más conozcas a una hermana en diferentes entornos, mejor será tu capacidad para llegar a ellas, conocerlas y aconsejarlas. También puedes ver más allá de sus apariencias externas hacia sus problemas reales del corazón.
- Considera las relaciones interpersonales de las hermanas. Algunas pueden ser de ayuda y otras pueden dificultar la interacción entre grupos. ¿Cómo es la koinonía de tu grupo? ¿Es todo acerca de ti o de la Palabra? ¿Has hecho saber con antelación cómo será el grupo o lo cambias constantemente sin previo aviso? ¿Se ha alejado tu grupo de la meta de conocer a Dios en la Palabra y se ha convertido en un grupo de apoyo moral nada más?
Entiende la forma en que las diferentes personalidades pueden reflejarse en tu grupo. Puedes tener en el grupo a una mujer con alguna de estas características.
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Callada: Si una persona no es apartada y callada, plantéale preguntas directas. Refiérete a ella por su nombre y, de ser posible, ayúdala a responder con ejemplos conocidos para cerrar tu pregunta con su respuesta. Formúlale preguntas abiertas en lugar de interrogantes sí/no. Si ella es poco expresiva, trata de extraer su respuesta después de clase. Acércate.
- El alma de la fiesta: Ten cuidado. Es fácil favorecer a personas carismáticas porque se expresan fácilmente. Se les hace fácil tomar mucho tiempo en responder y llevar al grupo por su camino. Con amor, puedes interrumpirla y decir: «Gracias por ese comentario» o «¿Alguna otra persona tiene algo que compartir al respecto?» o «Gracias por tu buen punto de vista, ahora veamos qué dicen las demás, y puedes mencionar de una vez el nombre de alguna hermana que sabes que puede responder». Debes formularle preguntas cerradas, sí/no, en lugar de preguntas abiertas.
- Intelectuales: El desafío ante este tipo de mujeres dentro del grupo es llevarlas a ser compasivas y participar con el material presentado. Puedes formularle preguntas prácticas de seguimiento, y si necesitas una respuesta bien enfocada y correcta, pídele que responda. Ellas pueden ser de mucha ayuda, solo recuérdales que no todo se trata de conocimiento.
- Emocionales: El desafío es ayudarle a pensar y a comprometerse con la enseñanza. Formúlale preguntas para ayudarle a pensar: «¿Por qué esto era importante?» o «¿Qué estaba sucediendo en esta situación?» Si quieres que la clase se conecte emocionalmente con la lección, pídeles que te den ilustraciones de lo expuesto.
- Las que opinan constantemente: Estas mujeres tienen una opinión en cada caso. Esto puede molestar a las otras hermanas. Afírmale sus puntos correctos y continúa con: «En qué otras formas podemos nosotras…». Evita dejarla ser la autoridad final en expresarse, porque de ser así, los demás no querrán participar. Recuerda a tu grupo que la autoridad es la Palabra y que ese es un grupo que le pertenece a la iglesia local que está liderada por sus pastores.
- La que siempre tiene quejas o problemas imposibles: Las mujeres que tienen este perfil llaman la atención hacia ellas mismas. Necesitan la afirmación de quien esté dirigiendo el grupo. Pero es importante no dejarse dominar por su comportamiento. Trata de moverte rápido y decir: «Vamos a orar sobre esto ahora» o «Necesitaremos darle seguimiento después de la reunión, gracias por compartirlo». Recuerda hablar la verdad en amor; quizá necesite un discipulado uno a uno para ayudarla a ver lo que está pasando en su corazón.
- La que no es enseñable: Sé paciente y continúa tratando de construir una buena relación. Trata de entender el porqué de su manera de actuar: ¿Le disgusta aprender? ¿Está bajo una situación de ansiedad? ¿El tema está muy relacionado con su pasado? ¿Asiste solo por razones sociales? ¿No está de acuerdo con nada? ¿Ella no quiere cambiar? ¿Ella cree que lo sabe todo ya? Quizá está luchando con envidia o comparación. Acércate a ella o pídele a otra hermana que observas que es cercana a ella y a quien puedes confiarle que le ayude a ver la razón de su actuar.
- La enseñable: Tratar con este tipo de personas es un deleite para una maestra o alguien que se encarga de un grupo porque está frente a alguien con anhelos de aprender. Evita colocarla como ejemplo o de solo reunirte con ella. Sin embargo, puedes pedirle que ella contagie a otras con su sed de aprender más del Señor.
Al final, conocer nuestro grupo, tanto si eres encargada del grupo o participante, es un acto de humildad e intencionalidad para amar y servir mejor a tus hermanas. Todas estamos en el camino de la santificación, así que todas nos necesitamos unas a otras: «El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro» (Prov. 27:17).
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