Cuando una hermana se está alejando: cómo acercarte con gracia y verdad

Puede que te haya pasado también a ti, pero quizás en tu iglesia tienes una relación cercana con una hermana, y empiezas a notar que no se comporta como antes; quizás está distraída siempre, o ya no comparte como lo hacía contigo y sale corriendo el minuto en que el servicio termina. Algo está pasando con tu hermana.

Amada, esto no te ha pasado solo a ti y probablemente también te has visto tú como esa hermana. La iglesia es un cuerpo, una familia unida por Cristo mismo, que nos hizo hermanos por Su sangre y nos introdujo a Su familia por pura gracia.

Quiero invitarte a reflexionar acerca de tus relaciones con tus hermanas y cómo animarlas cuando están desanimadas o atravesando situaciones difíciles. Yo he estado en ambos lados de la historia. Por eso, este artículo nace de esa convicción: que no estamos llamadas a caminar solas, y que la Palabra de Dios no es solo para leerla en silencio, sino para compartirla y ponerla en práctica. Es hermoso cómo Dios nos llama a sobrellevar las unas las cargas de las otras para cumplir así la ley de Cristo (Gal. 6:2). Y en ello mostramos Su carácter y amor por los Suyos.

Quizás te sientas incapaz o incómoda al acercarte, o piensas que no tienes palabras que puedan ayudar. Así que lo primero que necesitamos hacer es orar para hablarle de las promesas de Dios. ¿Sabes? Animar con la Palabra no requiere un púlpito ni ser una gran teóloga; solo se necesita un corazón dispuesto a llevar la esperanza que Dios nos ha dado y ha revelado en Su Palabra.

Un mensaje de texto con un versículo, una llamada oportuna, una oración inesperada, una visita sencilla… todo eso es ministerio. Quien lo recibe es animada, sabiendo que Dios extiende sus brazos a través de su hermana. Le deja saber que no está sola en su caminar, que cuando ella no puede cantar alabanzas en su corazón agobiado, hay una hermana que le recuerda y canta para ella verdades llenas de consuelo.

No temas acercarte; considera si fueras tú la que estuviera en su lugar, cuánto necesitarías ánimo, guía, esperanza y aun corrección en amor y gracia. 

Me encanta que Jesús sea lleno de gracia y verdad. Siempre he meditado en que no es casualidad que se encuentre escrito en este orden. La gracia y la verdad deben llenar nuestros corazones, y de esa plenitud que Cristo nos da, debemos dar a otras. Recordando lo que Juan 1:16-17 nos dice: «Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo».

¿Lo ves? Su gracia salvadora y luego Su verdad transformadora. Nosotras ministramos el amor de Dios a nuestras hermanas porque tenemos todo para hacerlo: Su Espíritu y Su Palabra. En Cristo está la gracia y la verdad que necesitamos. No tienes que esperar ver a tu hermana en necesidad; siempre ora por ellas para que Dios te use al darte ojos espirituales para ver y al usarte para animarlas.

Nunca subestimes el poder de una palabra guiada por Su Espíritu. Tal vez no veas el fruto inmediato, pero cada palabra bíblica sembrada en fe dará su fruto en el tiempo de Dios. Su Palabra no regresa vacía, Dios lo ha prometido (Is. 55:11). Y cuando una hermana se fortalece en el poder de la Palabra, toda la iglesia se fortalece con ella. Somos recipientes que, luego de ser animadas, haremos lo mismo con otras hermanas, porque nuestro Padre nos ha hecho como Él, seres relacionales.

Por eso recuérdale la verdad de quién es ella en Cristo, porque el enemigo tratará de definirla por sus errores, sus circunstancias o sus fracasos. Pero en Él nosotras somos:

  • Amadas (Jer. 31:3)
  • Escogidas (1 Pd. 2:9)
  • Fortalecidas por Dios (Fil. 4:13)
  • Más que vencedoras (Ro. 8:37)

Cuando recordamos juntas nuestra identidad en Cristo, el desánimo pierde fuerza, y la fe es renovada por la esperanza que Jesús ha puesto en nosotras.

Dios nos enseña por Su Palabra que, como mujeres, tenemos la oportunidad de escoger entre juzgar y hablar lo que no edifica, o ser mujeres que traigamos esperanza y fe en el Dios que nos ha dado vida eterna y que nos ha prometido estar con nosotras en todo momento. El Dios que nos lleva grabadas en la palma de Su mano y no nos dejará ni nos desamparará.

Te invito a que hoy oremos juntas para tener ojos sensibles para la necesidad de nuestras hermanas. Recuerdo un libro llamado: «En cada banca se sienta un corazón roto», y cuánta verdad hay en esa frase. Describe la realidad de nuestras iglesias, que son un hospital del alma; todos llegamos heridos y rotos por el pecado. Lo hermoso es que Dios nos salva, sana y usa como medios para mostrar Su amor a otras en la congregación. 

Amada hermana, mi deseo es que Él cumpla ese propósito en nosotras al animarnos las unas a las otras en todo tiempo.

Gracia y paz del Señor.

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Sobre el autor

Elba Ordeix de Reyes

Esposa de Roby y madre de tres hijos adultos: Gabriel, Anna Gabriela y Andrés. Abuela de Noël, Lucas, Olivia, Vera y Julia Ann.

Anhela vivir una vida Coram Deo o en Su presencia cada día. Tiene pasión porque las … leer más …


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