Imagina este escenario:
Te encuentras como moderadora de un grupo de lectura de mujeres en tu iglesia. Ya se han reunido un par de sesiones antes, cada 15 días, y juntas están leyendo un libro de Nancy DeMoss Wolgemuth. El grupo se conforma en su mayoría de mamás con niños desde el preescolar hasta secundaria. Están en el capítulo 2 y las hermanas no se ven muy motivadas a participar cuando las invitas a responder la pregunta: «¿Qué fue lo que más te impactó del capítulo?», una pregunta básica y sumamente sencilla de responder, si es que ellas completaron la lectura de esa semana.
Entonces, comienzas a preguntarte: ¿será que tomaron tiempo para leer el capítulo? ¿Realmente quieren estar aquí? ¿Quizá tienen temor a participar? O también te preguntas: ¿Será que yo no soy buena moderadora? ¿Quizá no estoy siendo clara? ¿Quizá no les caigo bien?
He estado de ambos lados, me ha tocado ser moderadora y también he sido la mamá que participa del grupo de lectura. Y poniéndome del lado de mamá, siendo yo misma mamá de una niña de 4 años, un varoncito de 2 y otra niña que está por nacer, debo decirte que hay una realidad muy particular por parte de las mamás, especialmente de niños pequeños. Muchas veces nos encontramos:
- Cansadas físicamente.
- Cansadas mentalmente por todas las microcosas que estamos anotando en la lista mental de tareas que no debemos olvidar hacer.
- Preocupadas por la actitud de uno de nuestros pequeños.
- Pensando en la comida del día siguiente.
Las cosas que pueden estar pasando en la mente de cada integrante del grupo son innumerables, pero algo es claro: tú estás como moderadora de este grupo, el Señor te ha puesto ahí y debes hacer lo mejor que puedas para que este tiempo sea de bendición para ellas.
¿Cómo entonces puedes exhortar la participación de las mamás en el grupo?
Quiero compartir contigo algunas ideas prácticas que me han ayudado cuando he sido moderadora. Pero, antes de eso, quiero recordarte una verdad clave que será bueno que compartas en la primera reunión de tu grupo de lectura y que, de hecho, puedes recordarles a las hermanas cada vez que sea necesario.
La mejor exhortación es recordarles (o hacerles saber si es que no lo sabían) que cada vez que se reúnen no se trata de venir y mostrar su mejor versión, haciendo los mejores comentarios o diciendo que «todo está bien». Antes bien, buscamos ser edificadas las unas con las otras, apoyarnos, escucharnos y amarnos unas a otras. Como dice la Biblia: «El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro» (Prov. 27:17).
La comunidad de la iglesia local es un entorno seguro, un lugar apropiado para compartir lo que pensamos sin temor a ser criticadas, pues aun si estuviéramos equivocadas, podemos animarnos en nuestros errores las unas a las otras en amor y verdad.
Efesios 4:25 dice: «Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros». Y Efesios 5:19 dice: «Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor».
Somos llamadas por la Palabra de Dios a dejar a un lado las apariencias, a ser transparentes y a hablarnos verdad las unas a las otras. El grupo pequeño o grupo de lectura y la vida del cuerpo como iglesia local no son dos cosas aisladas. Las mujeres en tu grupo, como miembros del cuerpo de la misma iglesia local, deben practicar el hablarse verdad. Recuérdales que esto es algo a lo que la Palabra nos llama y que será de santificación para nuestras almas.
Como facilitadora, debes recordar que el grupo frente al cual estás no es «tu grupo pequeño», o un grupo aislado de las reuniones de los domingos; más bien es un espacio adicional en el que compartes la verdad a las hermanas que te rodean dentro del mismo cuerpo.
Ahora te comparto algunas otras cosas prácticas…
Ve tú primero delante del Señor
Cuando se trata de servir a otras mujeres, nosotras pasamos a ser un instrumento en las manos de Dios. Esto nos pone en una posición de necesidad, ya que nosotras, por nosotras mismas, no tenemos la capacidad de transformar la vida de nadie, ni siquiera la nuestra. Necesitamos ser renovadas por la Palabra de Dios, experimentar al Señor a través de Su Palabra, para darlo a conocer a Él a otras mujeres.
Es necesario venir constantemente con un corazón humilde delante del Señor, en reconocimiento de cuánto lo necesitamos. Toma momentos intencionales para presentarte delante del Señor mientras te preparas para servir a las mujeres que estarán contigo. Y recuerda: no se trata de ti. Así que las preguntas que te mencioné arriba tendrán claridad a medida que tu corazón esté en el lugar correcto delante de Dios y dispuesto a amar a tus hermanas.
Sé intencional con ellas fuera del grupo
Hacer esto puede requerir esfuerzo de tu parte, pero créeme, hace mucha diferencia. Los grupos de lectura o de comunidad no siempre se componen de mujeres que conocemos y esto también puede hacer que otras hermanas sean reservadas al momento de compartir. Por ello es bueno que seas intencional en conocerlas fuera del grupo y en hacerlas sentir bienvenidas.
También, en tu intencionalidad, puedes aprovechar para preguntarle cómo se siente dentro del grupo. Pídele a Dios discernimiento para acercarte y preguntar, porque muchas veces las mamás están acostumbradas a guardarse lo que sienten o bien a desahogarse en contarlo porque sus emociones están a flor de piel.
Crea un chat del grupo
Si es posible tener un chat con todas las integrantes del grupo, entonces es una buena oportunidad que debes aprovechar. Puedes usar el grupo para recordarles las reuniones, compartir frases que han llamado tu atención del capítulo que estarán por discutir (invitarlas a hacer lo mismo también es buena idea), animarlas a completar su lectura, mantener la conexión e interacción fuera de las reuniones.
El punto es mantener cercanía con ellas cuando no están juntas. He podido notar los beneficios de tener un grupo como este porque puedes enviarles un mensaje para animarlas a completar su lectura un día antes de la reunión, lo que influye mucho en su participación el día que se vean. Y al mismo tiempo, preguntar si desean oración sobre alguna situación y dar seguimiento a ello, ya sea individual o luego cuando estén juntas el día de reunión.
Apunta siempre a Cristo
Es muy bueno que puedas preparar el espacio de reunión, uno en el cual ellas se sientan relajadas, calmadas, recibidas, apreciadas y amadas, pero sobre todas las cosas, lo más importante es darles a Cristo y animarlas a que Él es su mayor tesoro. Recuérdales que pueden descansar en Él, que nada de lo que acontece en su entorno es casualidad, cada circunstancia ha sido planeada por el Señor, y Él está en control de todas las cosas.
Querida hermana, siempre que necesites dirección mientras estás dirigiendo un grupo de mujeres, recuerda que puedes acudir a tu pastor para pedir apoyo, o puedes buscar también a alguna otra hermana con más experiencia para pedir consejos prácticos, pero sobre todo, tienes el mejor recurso, que es el Gran Pastor de las ovejas, Jesús. Corre a Él en dependencia cuantas veces sea necesario para presentarle a Él a aquellas mujeres por quienes Él dio Su vida.
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