Escritora invitada: María Meneses
Cuando amas a tus hermanas, una de las situaciones más dolorosas es cuando deciden que ya no desean escuchar o ser discipuladas porque no quisieron atender el consejo de la Palabra. Hay disposición de tu parte, amor genuino, paciencia… pero del otro lado parece haber resistencia, indiferencia y rechazo. Y en medio de ese escenario, una pregunta comienza a surgir en el corazón: ¿hasta cuándo debo seguir aconsejando?
No es una pregunta sencilla, porque cuando amamos a alguien, deseamos ver cambio, restauración y crecimiento, y queremos que la verdad haga efecto, que la persona reaccione y responda a la verdad de Dios. Sin embargo, no siempre ocurre así.
Es importante recordar que la consejería y el discipulado no buscan resultados visibles inmediatos; nuestra labor es ser fieles al llamado de acompañar con la verdad de Dios. Pero también es necesario discernir cuándo continuar, cómo continuar y qué actitud debe gobernar nuestro corazón cuando la hermana elude las reuniones con nosotras y parece ausente del proceso. ¿Qué podemos hacer?
Orar
La Biblia nos llama a orar unos por otros, y en esta situación no hay diferencia. Pablo dijo: «Con toda oración y súplica, oren en todo tiempo en el Espíritu, y así, velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos» (Ef. 6:18). Oramos para pedir al Señor que nos dé sabiduría, y buscamos consejo con nuestros pastores para saber si continuar o no en este proceso.
Aconseja con paciencia y amor
Es importante tomar en cuenta que, mientras tomamos decisiones, no seamos prontas en asumir o tomarlo personal. La Escritura nos llama a exhortarnos unos a otros con fidelidad (Heb. 3:13). Lo que significa ejercer paciencia. No todas responden al mismo ritmo. Algunas personas necesitan tiempo para meditar y para reconocer lo que está ocurriendo en su corazón. En ese sentido, no debemos apresurarnos a concluir que alguien no quiere escuchar, cuando en realidad está en ese proceso.
Por eso, el primer paso no es retirarse, sino permanecer con amor, seguir hablando la verdad con gracia y confiar en que Dios puede usar incluso conversaciones que parecen no dar fruto inmediato.
Cuando el corazón se resiste a la verdad
Sin embargo, la Biblia también es clara en que el corazón humano puede resistirse a Dios. No toda falta de respuesta es simplemente espera; en algunos casos, hay endurecimiento. Jesús mismo enfrentó esto cuando enseñó con claridad, con autoridad y con compasión, y aun así muchos no quisieron escuchar. No era por falta de claridad en el mensaje, sino resistencia en el corazón (Jn. 6:60, 66; 8:43).
Esto puede manifestarse de diferentes maneras:
- Justificaciones constantes
- Minimización del pecado
- Culpar a otros continuamente
- Escuchar, pero no aplicar
- Evadir conversaciones profundas
Aquí es donde el consejero necesita discernimiento. No para juzgar, sino para reconocer que el problema no es la falta de consejo, sino la disposición del corazón de nuestra hermana.
El peligro de querer cambiar a la persona
Un peligro a evitar es caer en la trampa de querer hacer más, decir más, insistir más, como si el cambio dependiera de nosotras. Pero la realidad bíblica es que solo Dios transforma el corazón de cada persona por medio del Espíritu Santo. Como dijo Pablo, mientras algunos en Corintio debatían a qué maestro le pertenecían: «Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento» (1 Cor. 3:6).
Este versículo nos recuerda que nuestra responsabilidad no es producir cambio, sino ser fieles en sembrar la verdad. Cuando olvidamos esto, la consejería y el discipulado se vuelven una carga pesada, porque empezamos a medirnos por resultados que no nos corresponden. Si no estamos apercibidas de esto, prontamente puede crecer amargura, enojo o impaciencia en nuestro corazón.
Entonces, ¿hasta cuándo seguir aconsejando?
Aquí hay algunos consejos:
- Mientras haya apertura, aunque sea pequeña
Si la persona sigue regresando, sigue escuchando, aunque sea con dificultad, hay espacio para seguir caminando. Aun una pequeña disposición puede ser evidencia de que Dios está obrando por medio del proceso que están llevando.
- Cuando el consejo es rechazado de manera persistente
Hay momentos en los que la persona no solo no responde, sino que rechaza continuamente la verdad. En esos casos, la Biblia nos llama a no insistir de manera necia. Esto no significa abandonar, sino reconocer que insistir de la misma manera ya no es sabio.
- Cuando es necesario cambiar la forma, no el amor
A veces no se trata de dejar de amar o de preocuparse, sino de cambiar el tipo de acompañamiento. Tal vez menos palabras y más oración. Tal vez menos enfoque en lo mismo, y más escuchar toda su historia.
Cuida tu corazón
Aconsejar a alguien que no escucha puede desgastarte y desanimarte. Por eso, es necesario cuidar tu propio corazón. ¿Cómo?
- Evita la frustración
- No lo tomes como algo personal
- No te endurezcas
- No dejes de amar
- No dejes de orar
Jesús no dejó de amar a quienes le rechazaron, tampoco dejó que su rechazo alterara Su fidelidad. Necesitas recordar constantemente que tu identidad no está en la respuesta de otros, sino en tu relación con Cristo.
Descansar en la soberanía de Dios
Finalmente, hay un lugar de descanso que todas necesitamos aprender: confiar en que Dios está obrando, tanto en lo que podemos ver como en lo que no podemos ver. Allí está nuestro descanso, en Su soberanía. A veces sembramos en lágrimas. A veces hablamos y no hay respuesta inmediata, pero la Palabra de Dios nunca vuelve vacía (Is. 55:11).
Necesitamos soltar el control, recordar que las hermanas no nos pertenecen, dejar de cargar lo que no nos corresponde y seguir caminando con perseverancia, obediencia y gozo.
Cuando alguien no quiere escuchar, dependamos más profundamente de Dios para apuntar a nuestras hermanas a Cristo. Habrá momentos para hablar, momentos para guardar silencio, momentos para insistir y momentos para soltar y esperar. Y en todo, necesitamos sabiduría del Espíritu Santo para discernir cómo acompañar mejor a nuestras hermanas.
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