Cuando se trata del ministerio de mujeres, creo que una de nuestras mayores preocupaciones es que las hermanas en nuestra iglesia local aprendan a caminar con el Señor, siendo obedientes a Su Palabra. Indiscutiblemente, sabemos que la forma en la que ellas enfrenten sus circunstancias y cómo es su conducta en el día a día es un reflejo de esa obediencia y de lo que hay en su corazón.
De ese corazón se desprende:
- su comunión con Dios
- su amor y sujeción a su esposo
- su amor e instrucción a sus hijos
- su servicio en la iglesia local
- su amor por el prójimo
También será evidente cómo reaccionan:
- ante la prueba de la enfermedad
- en medio de crisis con su esposo y sus hijos
- cuando hay conflictos con hermanos en la fe
- tan pronto las finanzas comienzan a desbalancearse
Ahora, la pregunta es: ¿cómo podemos animar a nuestras hermanas a obedecer la Palabra de Dios si uno de los mayores obstáculos que tenemos es que luchamos por leer la Palabra y meditar en ella?
Me he dado cuenta, mi hermana, de que muchas veces nuestro enfoque no ha sido el correcto. Digo esto porque podemos cometer el error de querer ver un cambio en la conducta de nuestras hermanas, sin animarlas a amar a la Palabra encarnada que ha dicho de Sí mismo en Juan 14:6 y 15: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí… Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos».
Así es, el amor a nuestro Salvador es el parteaguas para vivir rectamente, no alejarnos de la Verdad y tener una vida plena y abundante en Él. Y aquí es donde comienza el reto: nosotras tenemos la responsabilidad y el privilegio de enseñar y modelar el amor por Cristo, teniendo la certeza de que cuando le amamos, nuestros afectos serán dirigidos a conocerlo cada día más y, por consiguiente, desear obedecerlo en todos los aspectos de nuestras vidas.
Uno de los pasajes en la Biblia que nos habla tanto de esto es el Salmo 119, que es tan hermoso y nos da tantas razones por las cuales su autor se gozaba y anhelaba estar en la Palabra. Creo que uno de los versículos que resumen el sentir del salmista es el versículo 97: «¡Cuánto amo Tu ley! Todo el día es ella mi meditación». Él amaba tanto lo que conocía de Dios mismo, que Su Palabra no podía alejarse de su pensamiento constante. Yo me imagino que pensaba en Dios todo el tiempo, así como Dios había mandado al pueblo en Deuteronomio 6 que debían instruir a sus hijos: al sentarse en su casa, al andar por el camino, al acostarse, al levantarse.
¿Y qué es lo que hacemos nosotras normalmente?
- Al levantarnos, tomar el celular para apagar la alarma y entonces revisar los mensajes que tenemos pendientes.
- Al estar en casa, asegurarnos de que no se nos escape ningún quehacer pendiente.
- Al andar por el camino, tratar de resolver sin pausa todas las cosas que se van presentando.
- Al acostarnos, deleitar nuestro cansancio con algunos videos que podamos ver en el celular.
¿Y dónde quedó la meditación en la Palabra de Dios?
Quiero compartir contigo algunos consejos de cómo enseñar y modelar el amor a la Palabra de Dios a tus hermanas en tu iglesia local.
1. En cada oportunidad que tienes de reunirte con las mujeres de tu iglesia para compartir la Palabra:
- Recuérdales quién es Cristo, lo que hizo al salvar a los perdidos y lo que sigue haciendo día con día para sostenerlos e interceder por ellos ante el Padre celestial.
- Recuérdales el propósito de una hija de Dios: conocer a su Creador, deleitarse en Él, glorificarlo y darlo a conocer. Entonces, ellas podrán meditar en lo que deben ser, antes de lo que deben hacer en medio de sus múltiples ocupaciones.
2. Invítalas a hacer un reto de lectura. Si hay algo que nos anima mucho a permanecer en la Palabra, es saber que lo estamos haciendo al mismo tiempo que alguien más, con quien podemos compartir lo que el Señor nos está enseñando. (Al final te dejaré un enlace para que conozcas los diferentes retos que tenemos en Aviva Nuestros Corazones). Si te es posible, reúnete con ellas por lo menos una vez cada dos o tres meses para hablar exclusivamente de lo que están aprendiendo de Dios en Su Palabra.
3. Dales algunos consejos de cómo pueden pasar tiempo diariamente meditando en la Palabra de Dios.
- En la etapa de maternidad con niños pequeños: leer porciones cortas de la Escritura, escuchar la audiobiblia, etc.
- En la etapa de llevar a los niños a la escuela o esperarlos mientras toman alguna clase: leer otra porción de la Escritura, memorizar o escribir alguna meditación de lo que ha leído en el día.
4. Incentiva (sin que parezca examen) a que entre hermanas continuamente se estén preguntando y comentando qué es lo que están aprendiendo de Dios de maneras breves. Tal vez por mensaje de texto o cuando se saludan en los pasillos en la iglesia. Eso les ayudará mucho a tener muy frescas en su mente sus meditaciones.
5. Comienza por ti. Si hay algo que puede ser de mucho ánimo e impacto a las mujeres que pertenecen a la familia en la fe, es que puedan ver en ti un amor genuino por Dios y Su Palabra. Que cada vez que te pidan un consejo, pueda venir de la Palabra del Señor y no meramente de tus experiencias personales. Que cada vez que te compartan alguna tristeza, más allá de las muchas palabras que les puedas decir, puedas darles aliento a través de algún versículo que estés meditando o que hayas memorizado.
¿Hay algo más que el Señor te esté guiando a hacer? ¡Nos gustaría saberlo! Déjanos un comentario.
Recursos recomendados:
- Canónico
- Cronológico
- Nuevo Testamento & Salmos
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