Llena tu corazón de un nuevo asombro esta Semana Santa

Al crecer en los años 60, para mí y mis hermanas mayores, la Semana Santa se trataba de la emoción de salir a comprar un vestido nuevo, un sombrero, guantes blancos y zapatos blancos brillantes para ir a la iglesia en la mañana de Pascua. Por alguna razón desconocida, nuestros dulces de Pascua estaban escondidos en los sombreros de fieltro (en lugar de canastas) de nuestro papá por toda la casa. Gritábamos de alegría cuando encontrábamos el tesoro.

Pero esos no son los únicos dulces recuerdos de mi infancia en los tiempos de Pascua. Yo era la hija de un pastor, y la Pascua para nuestra familia estaba principalmente centrada en el gozo y la maravilla de aquella tumba vacía y todo lo que nuestro Señor Jesús compró para nosotros a través de Su muerte y resurrección. Siempre fue la época favorita del año para mi madre, y a menudo durante la semana de Pascua se sentaba en el piano y llenaba nuestra casa con hermosos himnos antiguos como «Cristo el Señor ha resucitado hoy». Mi recuerdo favorito del domingo de Pascua es cuando, con solo seis años, decidí seguir a Jesús como mi Salvador mientras mamá me guiaba en oración.

Décadas después, como líder del ministerio de mujeres en mi iglesia, comencé a perder de vista la preparación de mi corazón para el tiempo de Pascua en medio de una temporada de mucho movimiento en el ministerio. El personal se enfocó en preparar el servicio de adoración y la iglesia para la llegada de 10,000 personas (muchos visitantes por primera vez) y darles la bienvenida y servirles durante el servicio de adoración.

Nuestro pastor se sintió cargado por nosotros, su equipo de trabajo, y estaré siempre agradecida de que hace un tiempo nos animó a que una semana antes de la Pascua hiciéramos una pausa de todas las distracciones del ministerio. Nos retó a priorizar el tiempo que debemos pasar en la Palabra de Dios durante esa semana. Él nos entregó un plan de lectura bíblico de 7 días para ayudarnos a caminar con Jesús durante Su última semana de vida, antes de Su muerte atroz y resurrección triunfante.

Durante ese tiempo de refugiarme profundamente en Su Palabra, sentía como si estuviera sentada a la mesa con Jesús y otros, mientras María de Betania ungía Sus pies en adoración. Luego estaba cantando «¡Hosanna!» con la multitud, mientras Jesús entraba en Jerusalén montado en un asno. Lo vi limpiar el templo con justa ira, y luego miré a Jesús y a Sus discípulos participando de la última cena.

Cuando leí la conmovedora oración de nuestro Salvador a Su Padre en el huerto de Getsemaní mientras Sus discípulos dormían en su guardia, no podía olvidar esa escena.

Esto fue lo que escribí en mi diario aquel día ...

Mientras dormían

Parecía una simple pregunta hacia los más cercanos a Él … «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo» (Mateo 26:38 NVI). 

Manténganse despiertos ... conmigo.

Imagínate pedirle esto mismo a tus seres más cercanos, ¡y que se queden dormidos!

Mientras dormían, Jesús se sintió abrumado por el dolor hasta el punto de la muerte.

Mientras dormían, Jesús estaba solo, con el rostro pegado al suelo mientras clamaba a Su Padre.

Mientras dormían, Su angustia y dolor eran tan profundos que Su sudor era como gotas de sangre que caían al suelo.

Mientras dormían, se acercó a ellos tres veces, esperando encontrarlos vigilando con Él.

Mientras dormían, «… se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo» (Lucas 22:43 NVI). 

¿Fue enviado el ángel porque los más cercanos a Él estaban durmiendo durante su guardia?

Imagínate si, en vez de encontrarlos durmiendo, los hubiera encontrado con el rostro al suelo, clamando a Su Padre Dios… por Él.

Imagínate si, en lugar de dormir, se hubieran quedado cerca de Él, limpiando la sangre de Su frente escuchándolo orar: «…Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (Mateo 26:39 NVI).

Imagínate si hubieran orado por Él como el grupo de hermanos que Él necesitaba esa noche.

En lugar de eso, la tercera vez que Jesús regresó a ellos, les dijo: «… ¿Siguen durmiendo y descansando? Miren, se acerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!» (Mateo 26:45-46 NVI).

Y mientras hablaba … Judas llegó con una multitud y un beso.

Maestra, haz guardia esta Pascua

Aunque critiqué el hecho de que los discípulos se durmieron durante su guardia, en el fondo lo sabía, yo también me habría quedado dormida esa noche durante la misma guardia.

Queridas maestras, comprometámonos a vigilar estos días previos a la Pascua. Vigilemos nuestros propios corazones mientras nos vemos atrapadas en la temporada de muchas ocupaciones del ministerio y de reuniones familiares. Velemos caminando con Jesús a través de la Palabra. Meditemos en las historias de Su última semana antes de que muriera y resucitara por nosotras. (Aviva Nuestros Corazones ofrece una Guía de preparación para la Pascua de 7 días para meditar en el juicio de Jesús, Sus últimas siete palabras en la cruz y Su resurrección).

Vigilemos juntas en oración por las muchas almas que pasarán por las puertas de nuestras iglesias el fin de semana de Pascua. Pidámosle al Señor que nos dé Sus ojos y Su Corazón para ellos.

Sigamos velando, aún después del domingo de Pascua, obedeciendo la Gran Comisión de nuestro Salvador que nos fue dada antes de ascender al cielo y sentarse a la diestra del trono de Dios en triunfo.

¡Oh, qué privilegio es servir a nuestro Rey de reyes resucitado hasta que Él regrese! 

¡Que esta Pascua esté llena de nuevo asombro y admiración mientras le servimos y adoramos juntas!

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Sobre el autor

Judy Dunagan

Judy Dunagan

Judy Dunagan sirvió como líder de ministerio de mujeres por veinte años antes de unirse a Moody Publishers en el año 2014 como editora de adquisiciones, supervisando la línea de libros para mujeres y recursos de discipulado. Una mujer que busca conocer a Dios y Su Palabra, le apasiona discipular a las mujeres y hacer que la Palabra de Dios se haga vida cada día. Judy y su esposo, Rick, aman sus años del nido vacío en las montañas de Colorado. 

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