4 maneras de discipular a nuestros hijos en la oración

Desde corta edad, los niños imitan a las personas a su alrededor. Sostienen teléfonos imaginarios en sus orejas, manteniendo conversaciones de una sola vía. Se disfrazan y toman temperaturas a sus muñecos de peluche, pretenden apagar fuegos o cocinar alimentos. A veces imitan el tono de voz de los padres, señalan con los dedos y corrigen la mascota de la familia.

Esta tendencia a imitar a otros también abarca el área espiritual. Los hijos aprenden de nosotras cómo orar, cuando nos ven y escuchan orando. Unen sus manos como lo hacemos nosotras. Dicen “Amén” al final de las oraciones junto con nosotras. Aprenden a pedir rápidamente ayuda a Dios, para sanidad y provisión. Debido a que los hijos aprenden cuando nos observan, podemos usar el tiempo de oración para discipular a nuestros hijos en la fe. En la medida en que oramos por los alimentos, las rodillas raspadas y asuntos de disciplina, podemos ser intencionales en las palabras que usamos para enseñarles más a nuestros hijos acerca de Dios, quién es Él, y lo que ha hecho por ellos en Cristo. Nuestras oraciones pueden ser lecciones teológicas que alcancen el corazón de nuestros pequeños cuando las escuchen, entrenándoles así en el evangelio de la gracia.

4 maneras en que nuestras oraciones pueden discipular a nuestros hijos

1. En teología

Cuando alabamos y adoramos a Dios por quién Él es, nuestros hijos aprenden sobre Su carácter. Si enumeramos Sus atributos en oración, ellos aprenden que Él puede hacerlo todo, lo sabe todo y está en control de todo. Aprenden que Él es misericordioso, amoroso, lleno de gracia, perdonador, santo, justo y recto.

Con frecuencia el salmista enumeraba los atributos de Dios mientras oraba: “Pues tú, Señor, eres bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmo 86:5). En la medida en que nuestros hijos escuchen más sobre estos atributos y características de Dios, más se arraigarán estas verdades en sus corazones.

2. En arrepentimiento

Orar por perdón es un aspecto importante de la oración. Como nos dice 1ª Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”.

Cuando oramos en voz alta con nuestros hijos incluyendo arrepentimiento en esas oraciones, ellos aprenden sobre nuestra necesidad de perdón y que solo Dios puede proveerlo. También aprenden que en última instancia nuestro pecado es contra Dios, no solo contra los demás: Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas (Sal. 51:4).

Podemos orar a través del evangelio, dando gracias en voz alta por lo que Cristo ha hecho por nosotras con Su vida perfecta, Su muerte sacrificial y Su resurrección triunfante para pagar por nuestros pecados.

3. En propósito

Nuestros hijos aprenden acerca del propósito de la oración al escuchar las nuestras. Si nuestras oraciones solamente se tratan de pedirle a Dios que nos conceda cosas materiales, ellos pensarán que ese es el propósito de la oración. Si solo oramos cuando enfrentamos circunstancias difíciles, creerán que la oración es para situaciones de emergencia. Pero cuando oramos en todas las circunstancias, varias veces al día, alabando a Dios, dándole gracias, arrepintiéndonos delante de Él, y presentándole nuestras necesidades y las de otros, nuestros hijos aprenden sobre las múltiples facetas de la oración.

Cuando oramos a Dios, expresando nuestras preocupaciones y necesidades en voz alta, ellos aprenden que Dios es el Único en quien buscamos ayuda: “Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor.” (Sal. 34:15).

Cuando oramos tanto en tiempos de alegría como de tristeza, ellos aprenden que podemos venir a Dios sin importar cómo nos sintamos y que Él siempre escucha. Cuando oramos por nuestras autoridades, iglesia, misioneros, familia y vecinos, ellos aprenden que la oración no es solo para nuestro bien sino también el de los demás.

4. En confianza

Juan Calvino escribió que la oración no es para el beneficio de Dios, sino el nuestro. Nos ayuda a crecer en confianza y dependencia de nuestro Hacedor y Salvador. En la medida en que somos testigos de la manera en que Dios responde a nuestras oraciones, nuestra fe se fortalece y eso nos motiva a orar más.

Cuando oramos con nuestros hijos, también debemos expresar gratitud por las maneras en que ha respondido nuestras oraciones. Necesitamos regocijarnos con nuestros hijos cuando un familiar ha recibido salvación de Dios, o cuando Dios ha sanado a alguien enfermo, o ha provisto para una necesidad por la cual orábamos. Ha habido momentos en que he orado con mis hijos camino a algún lugar donde ellos tenían temor de ir. Dios respondió nuestras oraciones y nos regocijamos más tarde en lo que Dios había hecho.  A menudo me refiero a esos momentos y les recuerdo que debemos orar por aquellas circunstancias que nos dan temor -ya sea una visita al doctor, un evento deportivo, un examen en la escuela. La práctica de la oración desarrolla en nosotros una confianza mayor en nuestro Padre Bueno.

La oración es un maravilloso privilegio, un regalo y un medio de gracia. No solo para nosotras, sino también para nuestros hijos. Cuando oremos con nuestros hijos, que nuestras oraciones los instruyan y disciplinen a conocer más de Dios, Quién es Él, y lo que ha hecho.

Como mujeres de Dios, tenemos el gran privilegio de discipular la próxima generación -incluyendo nuestros hijos. La próxima conferencia Revive '17, ¡está diseñada para ayudarnos a hacer justo eso! Únete a nosotras en septiembre para que escuches mensajes sobre cómo vivir el Evangelio dondequiera que Dios te coloque. Entra a  Revive17.com para aprender más sobre esta conferencia.

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Sobre el autor

Christina Fox

Christina Fox

Christina recibió su título de licenciatura del Covenant College y de maestría en consejería, de la Universidad Atlantic de Palm Beach.  Escribe para varios ministerios y publicaciones incluyendo Desiring God y Gospel Coalition.  Es la editora de un blog de un ministerio de mujeres de PCA y es autora de Un corazón hecho libre: un viaje de esperanza a través de los Salmos de Lamento. (Disponible solo en inglés). Christina sirve en la Junta Directa de Covenant College y dirige el equipo del ministerio de mujeres de su iglesia. Prefiere el café negro y de una cafetera francesa, disfruta las antigüedades, escalar, viajar y leer. Vive con su esposo desde hace 20 años, en la soleada Florida con sus dos hijos

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