Amando el más importante de tus ministerios

¡Cómo me gustaría trabajar en el ministerio a tiempo completo porque esto de estar en la casa criando a los hijos es tan difícil!

Apenas dije estas palabras, el Espíritu Santo trajo convicción a mi corazón respecto a la actitud de donde habían brotado.  Había tenido un día extremadamente difícil con mis hijos en casa. El resultado de varias semanas de ocupaciones y compromisos en el ministerio se estaba haciendo evidente, y francamente mis hijos no habían sido el objeto de toda mi atención.

Ellos habían pasado algunos días con los abuelos mientras mi esposo y yo ministrábamos en un retiro de matrimonios a 1,000 millas de distancia. Apenas habíamos regresado a casa y ya yo estaba inmersa preparando una enseñanza para el arranque de un nuevo ministerio de damas, sin mencionar mi esfuerzo porque no se nos pasara ningún detalle para esa tarde. Andaba distraída y mis hijos estaban aprovechándolo al máximo.  Cuando esos eventos habían quedado atrás, me sentía lista para integrarme de lleno con el ritmo de las cosas en casa. Pero las cosas no estaban marchando tan bien.

Diferenciando los ambientes del ministerio

La diferencia entre el ambiente del retiro de matrimonios, del ministerio de damas y de mi hogar, el día cuando finalmente puse toda mi atención en mi familia, no pudo haber sido más impactante.  Servir junto a mi esposo durante el fin de semana había sido maravilloso. Las personas nos trataron con tanta gracia durante las sesiones. Nos retroalimentaron positivamente y nos apoyaron. Estaban emocionados de poder escucharnos.

Ya en casa, la primera noche de nuestro nuevo ministerio de mujeres la asistencia excedió mis expectativas, ellas estaban ansiosas por llegar y escuchar la Palabra; además me llenaron de comentarios amables sobre el mensaje que les había compartido.  Pero al día siguiente en casa no recibí ningún aliento.

Mis pequeños no me decían cuán excelente trabajo había realizado enseñándoles su lección de Matemáticas.  No estaban entusiasmados con la agenda de la escuela ni las tareas. Y después de tantos días bajo las reglas y normas de los abuelos, no estaban en lo más mínimo motivados en retomar las reglas y normas de mami y papi. Fue un día difícil en todos los aspectos; mientras fluían libremente las peleas, malos comportamientos y lágrimas, de pronto mi corazón se derramó con un inesperado llanto de exasperación.

Inmediatamente, el Señor fue misericordioso conmigo. Mostrándome mi pecado en el acto: el regocijarme demasiado en la alabanza de los demás y estar descontenta con la hermosa etapa de vida que Él me había concedido. Además, me dejó ver que ciertamente estoy haciendo ministerio todo el tiempo.

¿El mismo gozo?

Enseñar en retiros los fines de semana no es lo más común para mí.  La mayoría de los días el título de mi ministerio es mami y esposa.  Generosamente Dios me está abriendo algunas puertas para el ministerio fuera de casa, pero mi familia es el receptor principal de mi ministerio. Y definitivamente ese día no estaba sirviendo a mi familia con el mismo gozo que lo hice con las mujeres en el retiro de matrimonios y en mi iglesia.

No todas somos amas de casa ni educamos a nuestros hijos en el hogar, pero todas tenemos en nuestra vida personas a quienes hemos sido llamadas a servir fuera del “ámbito oficial” de un ministerio. Las personas con quienes vivimos definitivamente encajan en esa descripción, y aún quienes viven solas, tienen familiares, amigos cercanos y compañeros de trabajo con quienes interactúan todos los días. Estas son las personas con quienes bajamos la guardia. Con ellos no estamos en el escenario. No siempre les ponemos nuestra mejor cara e inclusive, algunas veces olvidamos mostrarles el amor que les tenemos.  Sin embargo, ellos son el primer círculo de nuestro ministerio.

Poniendo las prioridades en el orden correcto

Una cosa que el Señor me ha estado mostrando es que todo el ministerio fuera de casa no tiene significado si no me concentro de igual manera en el ministerio dentro de mi casa. Si mi esposo e hijos no son tratados al menos con el mismo cuidado, amor y respeto con que trato a las mujeres en diferentes eventos, entonces mis prioridades están fuera de lugar.

En el ministerio a la familia no existen muchas gratificaciones inmediatas. Con frecuencia tus hijos no van a agradecerte tu labor de árbitro en sus peleas o por hacerles comer zanahorias.  Tus compañeros de trabajo no siempre te darán palabras de ánimo por tu conducta amable o por esforzarte al máximo para hacer bien tu trabajo. Puede ser que tu familia extendida no note los pequeños sacrificios que haces para amarlos correctamente.  Sin embargo, es crucial que siempre tengas presente que, aunque seas o no llamada a un ministerio público, definitivamente sí hemos sido llamadas a ministrar con gracia en las relaciones que Dios ya nos ha dado.

Una y otra vez en las Escrituras somos llamados a amarnos unos a otros. Una hermosa descripción de cómo debe lucir el amor se encuentra en 1ª Corintios 13:4-7:

El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Viviendo 1ª Corintios 13 todos los días

Si estamos en posiciones de liderazgo en un ministerio, muy probablemente conozcamos estos versículos; espero que estemos amando a las mujeres en nuestro ministerio con ese tipo de amor.  Sin embargo, con frecuencia es mucho más fácil mostrar este tipo de amor a las mujeres que vemos tal vez una vez a la semana o al mes; o solamente a través de un ministerio como autora o en conferencias. Es mucho más difícil amar de esta manera en las relaciones que Dios ha puesto en nuestra vida diaria.

De manera que piensa en cómo interactúas con las mujeres en tu ministerio y cómo lo haces con los de tu hogar o con tus relaciones más cercanas.

  • ¿Eres tan paciente y bondadosa en tu hogar como lo eres en el estudio bíblico semanal?
  • ¿Eres amable y respetuosa con las mujeres de la iglesia, pero con tu familia y amigos cercanos insistes en que las cosas se hagan a tu manera?
  • ¿Cuándo alguna de las mujeres peca contra ti lo sufres con paciencia, pero te vuelves irritable y resientes el tener que servir a tu esposo e hijos?
  • ¿Soportas la crítica, el juicio injusto y los malos entendidos entre las mujeres que leen lo que escribes o escuchan tus enseñanzas, pero no puedes tolerar los defectos de tus compañeros de trabajo?

Ese día tan difícil con mis hijos me sirvió como un llamado de atención; he estado más consciente del peligro de desatender el servicio a mi familia para ir a servir a otros.  Las oportunidades de servir públicamente –sean pequeñas o grandes- vienen y van, pero las personas que Dios nos ha dado en nuestro hogar y en el diario vivir son puestas allí para servirles y amarles a diario de manera desinteresada y sacrificial.

Quiera el Señor examinar nuestro corazón, asegurándonos de amar bien en nuestro círculo más íntimo de ministerio.

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Sobre el autor

Mónica Hall

Mónica Hall

Mónica es esposa de pastor y educa a sus seis hijos en casa. De pequeña, confió en Cristo como su Salvador y cada día aprende más de Su amor y bondad. Sirve en su iglesia dando clases a los pequeños y en estudios bíblicos de damas; tiene un deseo ferviente de ver que las mujeres experimenten la gracia de Cristo y descubran la vida abundante que Él da. Ella ha sido profundamente bendecida por Revive Our Hearts y ama llevar a otras mujeres el mensaje de feminidad bíblica y avivamiento.

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