Amores callados

Hay algo que las personas nunca olvidaremos: nuestro primer amor, si a eso se le suma que fue un amor platónico, su huella es imborrable. 

Hace pocos días recordaba ese primer sentimiento hacia un amigo que tenía una finca cercana en Medellín y que, para visitarme, llegaba a caballo. El sonido de los cascos sobre el pavimento se empezaba a escuchar desde lejos y mi corazón saltaba al mismo ritmo. 

La visita duraba pocos minutos y, aunque él era muy amable, nunca se dio cuenta de lo que yo sentía por él ni... “Cuántas volteretas vanas hice, para llamar su atención sólo por decirle ´hola´ y oírle decir ´adiós´”. Como dice una vieja balada.

Por aquella misma época, una compañera del colegio también tenía un amor secreto, pero, en su caso, se trataba del hermano de su mejor amiga. Estuvo cerca de él durante años y conocía todo acerca de él, lo que le gustaba, cuando estaba feliz o cuando estaba triste, pero él siempre la ignoró.

Cuando experimentamos los amores callados, soñamos que, si fuéramos correspondidas, le diríamos cuánto vale para nosotras, le daríamos toda nuestra atención y buscaríamos agradarle. Aunque todo entra en el terreno de la especulación, pues vaya uno a saber…

Pienso que, de alguna manera, los amores callados se parecen al amor de Dios por nosotras. Imagino que tantas veces Su corazón salta de emoción cuando Lo buscamos, entre un “hola y un adiós” sin darnos cuenta de que Él “nos anhela celosamente” (Santiago 4:5) y está esperando a que dispongamos nuestro corazón para despertar nuestro primer amor hacia Él. La versión en español de una canción muy bella resume lo que pienso que Dios podría decirnos:

“Me dices hola y apenas puedo hablar,

mi corazón está latiendo.

Todo está claro,

piensas que me conoces,

pero tú no me conoces”

Dios ha hecho todo para llamar nuestra atención, nos ha dado cuanto tenemos a nuestro alrededor, adornado de amaneceres, atardeceres y hasta estrellas fugaces que pocas veces, alcanzamos a ver. Nos ha dado cada detalle porque siempre ha estado a nuestro lado, conoce lo que nos gusta, cuando estamos felices o cuando estamos tristes, pero casi siempre Lo ignoramos y no recibimos ese amor que nos llevaría a sentirnos valoradas y que puede enjugar nuestras lágrimas. Nos dejó, además, Su carta de amor escrita en Su Palabra, para que Lo conozcamos porque Él desea una relación más íntima con nosotras. 

Pensamos que éste o aquel amor podría llenar el vacío de nuestros corazones, tal vez un amigo, un familiar, un amor platónico, un hijo. Es más, tantas veces recibimos el amor de cada uno de ellos y aun así seguimos sintiendo que todavía nos falta algo, que tenemos un vacío.

Porque nuestro corazón es como un rompecabezas al que sólo le falta una pieza para estar completo, y ese espacio tiene la forma del amor perfecto de Dios y cuando Lo invitemos a que venga y ocupe “su lugar”, cuando nos lleguen esos otros amores que tanto anhelamos, no tendrán, en vano, la difícil tarea de llenar el vacío de nuestro corazón, porque ya Dios nos completa. Así que nuestra felicidad no dependerá de otra persona. Ellos nos complementan, son la añadidura y, ya que el amor de Dios nos inunda, tendremos más amor para dar.

Hay una canción cristiana muy linda que dice: “Yo quiero enamorarme más de ti…”  Cuando amamos a Dios, Le decimos cuánto vale para nosotras, Le damos toda nuestra atención y buscamos agradarle. Su respuesta ya la dejó escrita en Jeremías 31:3  “Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia.” 

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Sobre el autor

Marcela Sosa

Marcela Sosa

Marcela Sosa, es una mujer apasionada por Cristo.  Al beber “agua viva”, quiere contar a las personas, que encuentra en su camino, las maravillas de Dios. Tiene tres hijos y cuatro nietos. Graduada en Comunicación Social-Periodismo de la “Universidad de Antioquia” en Colombia su país natal. Es Bloguera, contadora de cuentos y tomadora de café.  elblogdemarcelasosa.blogspot.com

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